Hay una parte oscura en mi, una parte de mi monstruo, de mi niño, dedicada tan sólo a la observación del género femenino. Las gráciles figuras qué forman las damas no son fáciles de ignorar. Con sus delicados movimientos y sus dulces palabras, con toda la sutileza de su ser, con la máscara que les caracteriza y les crea, son capaces de tomar el control del más grande de los hombres. Estamos subyugados a una fuerza mayor de la biología.
Día tras día observo, incluso en silencio. Escucho, intento desenmarañar el telar de sentimientos que hay tras sus actitudes. Trato de ver que es lo que las hace tan especiales, la razón de la fuerza que me impulsa a entregarme.
Es extraño, y más para mi persona, como un sentimiento superior nos hace desear cosas que debemos repudiar. Se hace tangible, y os doy toda la razón, de que pasamos a pensar con el miembro. Tampoco actuéis como si no deseaseis vernos en dicha tesitura. Hay que matizar, por otro lado, que sentimos cuando nuestro órgano reproductor toma el control. Deberíais saber que en ningún otro momento vamos a ser tan sentimentales ni tan receptivos como entonces. Nunca somos tan mujeres como cuando nos excitamos.
Es una tiranía de la qué no puedo escapar. Sigo viendo, continuamente, realidades femeninas que me alteran, me enervan y me hacen perder el control. La escasez de racionalidad, la sobreabundancia y la toma de control de los sentimientos que las embargan, el amor irracional frente a posturas, si cabe, más irracionales todavía... Características de lo más comunes entre las mujeres y qué, sin ellas, nada tendría el mismo jugo.
Es difícil, y extraño... Sigo sorprendiéndome de cuanto espero de una mujer; de cuanto deseo a la mujer que me haga sentir todo eso que espero de la vida. Y me sorprendo, de nuevo, cuanto puedo llegar a querer, a idealizar, a sobrevalorar, a dejarme encandilar por la belleza, en todos sus sentidos, de una mujer; de las mujeres en general.
Día tras día observo, desde lejos. Es curioso como actúa la gente cuando no sabe que la miran; eso lo sabemos todos. Es muy interesante cuando una chica se ensimisma en su persona. Sus cabellos, que descansan sobre sus hombros, acompañan el movimiento de su cabeza, que busca una idea que ha perdido, o que todavía no ha encontrado, y sus ojos buscan en el mapa que crea con su mirada... La mujer es bella; pero una mujer pensando es maravillosa, es algo que me embarga, que me toma y me lleva.
Soy bastante enamoradizo, todo hay que decirlo. Creo que ya lo comenté alguna vez. Es un tema recurrente en mi persona. Sin embargo, no puedo evitar esperar mucho de mis compañeros de cualquier tipo. Quiero encontrar una mujer que pueda llenar el espacio vacío que hay en mi persona debido a las expectativas que uno tiene en esta vida.
Pese a mi continua necesidad de toma de control, necesito alguien a quien entregarme, alguien que me lleve a mi. Soy capaz de tomar las riendas de muchas cosas, pero quizás no de mi monstruo. Necesito esa mujer rubia, morena o castaña que me haga sufrir, que me obligue a amarla por encima de cualquier pero.
Quizás esté volviendo a una filosofía más sencilla, más llana y simple. Pero, ¿qué diablos quieres que haga cuando te veo tan bonita, tan lista e inteligente, tan potente y solemne, que no deseo otra cosa que fundirme contigo? Y cuando el sentimiento es general, mi corazón se retuerce.
sábado, 25 de febrero de 2012
domingo, 19 de febrero de 2012
Las ideas, las personas y el amor
Soy humano y lo sé. Igual que todos; único como todos. No hay más secreto en el individualismo que en el suicidio. Y claro está que no es lo mismo, pero de todos modos radica en él la esencia de la evasión. Si nos olvidamos de los demás o los subyugamos a nosotros, ya tenemos todas las respuestas. Por lo menos las más importantes.
El problema es qué, como siempre, cuando algo se vuelve fácil atrae consigo al aburrimiento. El otro, nuestros compañeros, nuestros amigos, nuestra pareja... En todos ellos reside la dificultad de lo inesperado, de lo incontrolable.
Es lo peor de nuestras vidas, la sensación de que las cosas escapan a nuestro control, de que todo gira, y continua girando, sin tener en cuenta nuestros deseos o peticiones: un sistema lleno de vida que te ignora o te cuida, que es independiente a ti y que subsiste sin tu ayuda. Algo externo a ti que te puede superar, que te puede completar. "El infierno son los demás".
Por esa misma razón, tras haber hecho apología de la dificultad y el sufrimiento tantas veces, me veo ante la tesitura del amor hacia los demás, de la verdadera relación con el otro. Se me hace importante exprimir esta idea, pues no hay postura que tanto tenga que ver con nosotros cómo la relación que decidamos tomar con los demás. La lucha, el fragor de la batalla, la adrenalina del momento, son sensaciones de lo más apasionantes, pero quizás tan sólo sean sentimientos prematuros.
No estamos solos, sería una falacia demostrable el afirmarlo. El solipsismo no es una postura y debemos aceptar la importancia del otro. Sin embargo nosotros decidimos nuestro grado de implicación. ¿Qué es más importante, ser único o aprovechar el potencial de los demás? A más te diferencies del resto, menos compartirás con los demás, y por ende, más distante se estará. En dicha situación, ¿cómo puedes esperar conseguir nada del resto?
Es difícil, eso es lo único que está claro.
De pequeño fui muy enamoradizo, y aquello vuelve ahora mostrándoseme de una manera inhóspita e inesperada. Al igual que conocía a cualquier chica y un sentimiento de calor y ternura me envolvía, ahora cuando conozco a cualquier persona siempre espero de ella que sea un compañero ideal. Es evidente que nadie lo va a ser; imaginaros pues las posteriores decepciones.
La idealización es un cáncer para las relaciones sociales. No puedes idealizar a las personas, pues tan sólo obtendrás imágenes deformadas, no ajustables a lo cierto. No puedes idealizar ideas, valga la redundancia, puesto que esperarás cosas que no se pueden obtener. Hemos de ser jodídamente realistas, o la realidad vendrá en estampida a recordarnos donde vivimos.
Esto, como todo, es una declaración de intenciones. Os he visto. En vuestras casas, en el parque, en el colegio, en la universidad, en el bar, en mi casa, en mi vida... No importa cuantas veces os vea por que siempre llego a la misma conclusión: sois algo externo a mi, algo que no puedo cambiar. Puesto que ya no puedo seguir esperando anteponerme, elevarme por encima de los demás, creo que lo más óptimo será miraros a los ojos, sonreír, y ver de verdad que podéis ofrecerme a cambio de lo mejor de mi.
El problema es qué, como siempre, cuando algo se vuelve fácil atrae consigo al aburrimiento. El otro, nuestros compañeros, nuestros amigos, nuestra pareja... En todos ellos reside la dificultad de lo inesperado, de lo incontrolable.
Es lo peor de nuestras vidas, la sensación de que las cosas escapan a nuestro control, de que todo gira, y continua girando, sin tener en cuenta nuestros deseos o peticiones: un sistema lleno de vida que te ignora o te cuida, que es independiente a ti y que subsiste sin tu ayuda. Algo externo a ti que te puede superar, que te puede completar. "El infierno son los demás".
Por esa misma razón, tras haber hecho apología de la dificultad y el sufrimiento tantas veces, me veo ante la tesitura del amor hacia los demás, de la verdadera relación con el otro. Se me hace importante exprimir esta idea, pues no hay postura que tanto tenga que ver con nosotros cómo la relación que decidamos tomar con los demás. La lucha, el fragor de la batalla, la adrenalina del momento, son sensaciones de lo más apasionantes, pero quizás tan sólo sean sentimientos prematuros.
No estamos solos, sería una falacia demostrable el afirmarlo. El solipsismo no es una postura y debemos aceptar la importancia del otro. Sin embargo nosotros decidimos nuestro grado de implicación. ¿Qué es más importante, ser único o aprovechar el potencial de los demás? A más te diferencies del resto, menos compartirás con los demás, y por ende, más distante se estará. En dicha situación, ¿cómo puedes esperar conseguir nada del resto?
Es difícil, eso es lo único que está claro.
De pequeño fui muy enamoradizo, y aquello vuelve ahora mostrándoseme de una manera inhóspita e inesperada. Al igual que conocía a cualquier chica y un sentimiento de calor y ternura me envolvía, ahora cuando conozco a cualquier persona siempre espero de ella que sea un compañero ideal. Es evidente que nadie lo va a ser; imaginaros pues las posteriores decepciones.
La idealización es un cáncer para las relaciones sociales. No puedes idealizar a las personas, pues tan sólo obtendrás imágenes deformadas, no ajustables a lo cierto. No puedes idealizar ideas, valga la redundancia, puesto que esperarás cosas que no se pueden obtener. Hemos de ser jodídamente realistas, o la realidad vendrá en estampida a recordarnos donde vivimos.
Esto, como todo, es una declaración de intenciones. Os he visto. En vuestras casas, en el parque, en el colegio, en la universidad, en el bar, en mi casa, en mi vida... No importa cuantas veces os vea por que siempre llego a la misma conclusión: sois algo externo a mi, algo que no puedo cambiar. Puesto que ya no puedo seguir esperando anteponerme, elevarme por encima de los demás, creo que lo más óptimo será miraros a los ojos, sonreír, y ver de verdad que podéis ofrecerme a cambio de lo mejor de mi.
lunes, 13 de febrero de 2012
Soledad
La gente suele preguntarme si no tengo miedo de quedarme solo. Yo me río, y siempre digo después que me considero lo bastante hábil como para saber mantener unas constantes, y no perder el contacto humano con los demás. Esto es cierto, y he podido comprobarlo a lo largo de mi vida. Puede significar muchas cosas, pero no es una mentira.
Sin embargo la explicación no es completa remitiéndose tan sólo a mi capacidad. Hay un importante hecho, quizás omitido demasiadas veces, indispensable para entender el por qué de mi comportamiento. Incluso para mi.
Yo ya me siento solo. Siempre me he sentido solo, o por lo menos especialmente solo.
La gente acepta a los demás sin oponerles a un juicio justo y severo. Renuncian a ver lo negativo del otro, y termina queriéndose aquello que supone más fácil para uno. No sé si es que los demás han tenido mucha suerte al encontrar pronto a sus compañeros ideales; o es que no les importa no conectar realmente con sus congéneres; quizás les de igual no poder mostrarse tal y como son, o no les parezca importante desagradar a aquellos a los que han decidido querer. Porque no es la eterna cuestión de ser como uno quiere ser o como los demás quieren que sea. No, dios mio, no intentéis colgarme el san benito de sociópata. Se trata de realmente querer a alguien, querer compartir la vida con su persona, pero darte cuenta de qué universo, tangible y experimentable, os separa.
¿Como no voy a sentirme solo si no puedo sentir una verdadera conexión con el otro?
Puede que tú y yo hayamos vivido cosas maravillosas, y para mi también habrá sido así. Yo he disfrutado de las personas todo lo que he podido, y siempre he intentado hacer felices a mis allegados. Incluso serás consciente de lo especialmente cándido que puedo llegar a ser. Pero por otro lado, ¿realmente piensas que alguna vez te has preocupado de mi verdadera persona? ¿O es que darte cuenta de la máscara tan sólo sirve para hablar con alguien que se oculta? El trabajo en las sombras está muy mal pagado, y el querer a la personas en silencio, en vez de a gritos, muy mal visto.
No soy un monstruo, ni soy tan diferente al resto. Seguimos enmarcados en el cuadro de la biología y no se puede escapar a los instintos ni a las necesidades de relación con el prójimo. Yo he querido y me he entregado, y sin embargo todavía no he obtenido la mirada de complicidad, de entendimiento mutuo, que tanto he buscado. Y sí, se que tú y yo habremos experimentado esa sensación en algún momento, pero nunca fui el eje de tu pensamiento. Siempre hubo alguien más importante. Llamadme egoísta, pero si veo que la gente tiene "mejores amigos", es normal que yo también desee uno.
Y lo que os sorprendería es cuan duro y desgarrador es el momento en el qué te das cuenta de que las personas queridas por tus seres amados son tan distintas de ti... Cuando observas lo lejos que queda una verdadera relación de comprensión... Cuando tu corazón aumenta su velocidad por el deseo de conexión, y sientes ese sudor frio en las sienes... Cuando tan sólo quieres gritar, besar y abrazar... Entonces... ¿Entonces qué?
0wn3d, también tengo sentimientos.
Sin embargo la explicación no es completa remitiéndose tan sólo a mi capacidad. Hay un importante hecho, quizás omitido demasiadas veces, indispensable para entender el por qué de mi comportamiento. Incluso para mi.
Yo ya me siento solo. Siempre me he sentido solo, o por lo menos especialmente solo.
La gente acepta a los demás sin oponerles a un juicio justo y severo. Renuncian a ver lo negativo del otro, y termina queriéndose aquello que supone más fácil para uno. No sé si es que los demás han tenido mucha suerte al encontrar pronto a sus compañeros ideales; o es que no les importa no conectar realmente con sus congéneres; quizás les de igual no poder mostrarse tal y como son, o no les parezca importante desagradar a aquellos a los que han decidido querer. Porque no es la eterna cuestión de ser como uno quiere ser o como los demás quieren que sea. No, dios mio, no intentéis colgarme el san benito de sociópata. Se trata de realmente querer a alguien, querer compartir la vida con su persona, pero darte cuenta de qué universo, tangible y experimentable, os separa.
¿Como no voy a sentirme solo si no puedo sentir una verdadera conexión con el otro?
Puede que tú y yo hayamos vivido cosas maravillosas, y para mi también habrá sido así. Yo he disfrutado de las personas todo lo que he podido, y siempre he intentado hacer felices a mis allegados. Incluso serás consciente de lo especialmente cándido que puedo llegar a ser. Pero por otro lado, ¿realmente piensas que alguna vez te has preocupado de mi verdadera persona? ¿O es que darte cuenta de la máscara tan sólo sirve para hablar con alguien que se oculta? El trabajo en las sombras está muy mal pagado, y el querer a la personas en silencio, en vez de a gritos, muy mal visto.
No soy un monstruo, ni soy tan diferente al resto. Seguimos enmarcados en el cuadro de la biología y no se puede escapar a los instintos ni a las necesidades de relación con el prójimo. Yo he querido y me he entregado, y sin embargo todavía no he obtenido la mirada de complicidad, de entendimiento mutuo, que tanto he buscado. Y sí, se que tú y yo habremos experimentado esa sensación en algún momento, pero nunca fui el eje de tu pensamiento. Siempre hubo alguien más importante. Llamadme egoísta, pero si veo que la gente tiene "mejores amigos", es normal que yo también desee uno.
Y lo que os sorprendería es cuan duro y desgarrador es el momento en el qué te das cuenta de que las personas queridas por tus seres amados son tan distintas de ti... Cuando observas lo lejos que queda una verdadera relación de comprensión... Cuando tu corazón aumenta su velocidad por el deseo de conexión, y sientes ese sudor frio en las sienes... Cuando tan sólo quieres gritar, besar y abrazar... Entonces... ¿Entonces qué?
0wn3d, también tengo sentimientos.
viernes, 2 de diciembre de 2011
La semilla
Recuerdo la primera disertación fuerte que hice sobre la realidad. La primera duda que embargó todo mi ser a una tierna edad. Tendría unos diez años.
Estaba con mi padre en la parte trasera de nuestro chalé, en el pequeño jardín con pinos, el paellero y el estanque, mientras recogíamos unas ramas o algo así. Recuerdo que pregunté algo sobre la realidad, muy inocente yo, y de como nuestro cerebro la procesa. Aunque hasta este punto el recuerdo es algo borroso, tras la respuesta de mi padre recuerdo las palabras que cruzaban por mi mente, las sensaciones que de pronto sentí al ser despojado de una credulidad que ahora no puedo entender.
Mi padre me dijo que, pese a todo, la realidad no tiene por que ser cierta. No tenemos ningún mecanismo último para demostrar que lo que ocurre ahí fuera realmente está ocurriendo. Tendemos a decir que cuando un gran número de observadores concuerdan en que algo ha ocurrido, aceptamos que sea así. Pero sin embargo nuestro cerebro puede estar engañándonos continuamente. También en esos momentos en los que otros individuos afirman nuestra realidad.
No me lo pude creer. Por más que le daba vueltas a dicha observación, no encontraba ningún fallo: podía ser. Entonces me puse nervioso, el pulso se me aceleró y comencé a moverme rápido, alrededor de mi padre, preguntándole que como algo tan despiadado parecía tan verosímil: debía haber alguna forma de desmentir semejante locura. Mi padre, con tranquilidad (pues realmente esta idea está más que masticada por una persona que se ha parado a pensar un poco sobre la existencia), me respondía que no por eso podíamos abandonar la creencia en la realidad, pues siempre es lo más real que tenemos, pero que aun así, el problema de la existencia tan sólo individual era algo tangible, puesto que no podemos oír como piensan los demás, que es la sensación más relacionada a estar existiendo que conocemos.
De pronto imaginé miles de situaciones en las que tan sólo una era la persona que la estaba existiendo. Yo vivía mi existencia con otras personas, pero estas no estaban existiendo realmente conmigo, si no que podían ser fruto de mi mente. Quizás existían, de acuerdo, pero no tenían por que estar existiendo en el mismo lugar o momento que yo. Recuerdo que tras esto siempre me imaginaba, a modo de relato, que cuando nos íbamos a dormir nos descompensábamos de una forma existencial respecto a la gente, pues cuando te duermes, inmediatamente te despiertas al día siguiente: la gente que se había quedado despierta mientras tú dormías... ¿Ya había llegado al momento en el que tú estabas?
Son ideas muy prematuras, no hace falta que lo juréis. Aun así me imagino que pueden resultar interesantes a aquellas personas que no hayan tenido la suerte de tener una influencia intelectual-filosófica cerca desde siempre. Yo he tenido la suerte de tener unos padres que, cada uno en su campo, me enseñaron a disertar sobre las cosas, a pensar y a ser crítico con todo; primero con uno mismo. Me enseñaron a ser humano y máquina; frío y cándido; razón y pasión; dignidad y locura.
Hoy es el cumpleaños de mi padre y quería felicitarle a mi manera. Puede sonar pedante, soberbio, meloso, infantil o inconexo. No me importa, es mi manera, y sé que se entenderá.
Quería felicitarle, realmente, no por cumplir años, la cual cosa no tiene mucho mérito a nivel estadístico. No, se merece que le feliciten por algo más que por sucumbir cada vez más a la entropía: quería felicitarle, personalmente, por el buen trabajo que ha hecho conmigo. No sé si seré lo que se imaginaba, ni si podré cumplir todas las expectativas que me exijo y se me presentan... No sé hasta que punto puedo ser un humano bien hecho. Pero lo que sí sé es como experimento mi vida, como la siento. Como día tras día me siento un poco más lleno, un poco más satisfecho. No tengo ni la más mínima idea de que clase de padre seré en el futuro, pero sin duda uno de la clase que tiene hijos felices, está muy bien.
Felicitarle por conocer a mamá, y por ende, felicitarla también a ella. He de reconocer, ante todo, que bien diferente hubiese sido mi educación, mi evolución frente a la vida sin el personaje que continuamente crea; sin la energía, voluntad, fiereza y pasión que le pone a cada acto, a cada momento de esta ridícula existencia. Sin todo ese ímpetu, sin toda esta fuerza, sin toda la visceralidad que ella me ha transmitido, seguramente no sería más que una persona lista.
Juntos habéis creado una persona de la que me siento orgullosa, una persona que me gusta ser. No se si será un buen regalo, pero para mi es el mejor que he recibido nunca.
Estaba con mi padre en la parte trasera de nuestro chalé, en el pequeño jardín con pinos, el paellero y el estanque, mientras recogíamos unas ramas o algo así. Recuerdo que pregunté algo sobre la realidad, muy inocente yo, y de como nuestro cerebro la procesa. Aunque hasta este punto el recuerdo es algo borroso, tras la respuesta de mi padre recuerdo las palabras que cruzaban por mi mente, las sensaciones que de pronto sentí al ser despojado de una credulidad que ahora no puedo entender.
Mi padre me dijo que, pese a todo, la realidad no tiene por que ser cierta. No tenemos ningún mecanismo último para demostrar que lo que ocurre ahí fuera realmente está ocurriendo. Tendemos a decir que cuando un gran número de observadores concuerdan en que algo ha ocurrido, aceptamos que sea así. Pero sin embargo nuestro cerebro puede estar engañándonos continuamente. También en esos momentos en los que otros individuos afirman nuestra realidad.
No me lo pude creer. Por más que le daba vueltas a dicha observación, no encontraba ningún fallo: podía ser. Entonces me puse nervioso, el pulso se me aceleró y comencé a moverme rápido, alrededor de mi padre, preguntándole que como algo tan despiadado parecía tan verosímil: debía haber alguna forma de desmentir semejante locura. Mi padre, con tranquilidad (pues realmente esta idea está más que masticada por una persona que se ha parado a pensar un poco sobre la existencia), me respondía que no por eso podíamos abandonar la creencia en la realidad, pues siempre es lo más real que tenemos, pero que aun así, el problema de la existencia tan sólo individual era algo tangible, puesto que no podemos oír como piensan los demás, que es la sensación más relacionada a estar existiendo que conocemos.
De pronto imaginé miles de situaciones en las que tan sólo una era la persona que la estaba existiendo. Yo vivía mi existencia con otras personas, pero estas no estaban existiendo realmente conmigo, si no que podían ser fruto de mi mente. Quizás existían, de acuerdo, pero no tenían por que estar existiendo en el mismo lugar o momento que yo. Recuerdo que tras esto siempre me imaginaba, a modo de relato, que cuando nos íbamos a dormir nos descompensábamos de una forma existencial respecto a la gente, pues cuando te duermes, inmediatamente te despiertas al día siguiente: la gente que se había quedado despierta mientras tú dormías... ¿Ya había llegado al momento en el que tú estabas?
Son ideas muy prematuras, no hace falta que lo juréis. Aun así me imagino que pueden resultar interesantes a aquellas personas que no hayan tenido la suerte de tener una influencia intelectual-filosófica cerca desde siempre. Yo he tenido la suerte de tener unos padres que, cada uno en su campo, me enseñaron a disertar sobre las cosas, a pensar y a ser crítico con todo; primero con uno mismo. Me enseñaron a ser humano y máquina; frío y cándido; razón y pasión; dignidad y locura.
Hoy es el cumpleaños de mi padre y quería felicitarle a mi manera. Puede sonar pedante, soberbio, meloso, infantil o inconexo. No me importa, es mi manera, y sé que se entenderá.
Quería felicitarle, realmente, no por cumplir años, la cual cosa no tiene mucho mérito a nivel estadístico. No, se merece que le feliciten por algo más que por sucumbir cada vez más a la entropía: quería felicitarle, personalmente, por el buen trabajo que ha hecho conmigo. No sé si seré lo que se imaginaba, ni si podré cumplir todas las expectativas que me exijo y se me presentan... No sé hasta que punto puedo ser un humano bien hecho. Pero lo que sí sé es como experimento mi vida, como la siento. Como día tras día me siento un poco más lleno, un poco más satisfecho. No tengo ni la más mínima idea de que clase de padre seré en el futuro, pero sin duda uno de la clase que tiene hijos felices, está muy bien.
Felicitarle por conocer a mamá, y por ende, felicitarla también a ella. He de reconocer, ante todo, que bien diferente hubiese sido mi educación, mi evolución frente a la vida sin el personaje que continuamente crea; sin la energía, voluntad, fiereza y pasión que le pone a cada acto, a cada momento de esta ridícula existencia. Sin todo ese ímpetu, sin toda esta fuerza, sin toda la visceralidad que ella me ha transmitido, seguramente no sería más que una persona lista.
Juntos habéis creado una persona de la que me siento orgullosa, una persona que me gusta ser. No se si será un buen regalo, pero para mi es el mejor que he recibido nunca.
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