Mostrando entradas con la etiqueta Subjetividad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Subjetividad. Mostrar todas las entradas

martes, 14 de octubre de 2014

Costumbrismo onírico

Milhály Vig - Valuska


          Al igual que los acordes de piano que ahora se escuchan, al igual que las notas suenan suave y mágicamente, los días se deslizan por la Historia. Y no hay nada de trágico en ello. Visto en perspectiva, todo es bonito. Algo así pasa con los sueños; con los buenos sueños, por lo menos.

          Hoy soñé con la Muerte, con la Muerte de seres cercanos y queridos. Lloré en mi cama, en mis sueños, y sentí el peso de la Realidad, más pesado que nunca. Pero también soñé con la Esperanza, con el Recuerdo, con la Emoción; y por supuesto, con el Amor: con el Amor trascendente mirando al horizonte por encima de los pinos en mi balcón. Con el Amor pidiéndome Paciencia, con la Paciencia otorgándome el Amor. Quise llegar a morir en mi sueño de tristeza, del mismo modo que después quise morirme de felicidad. La vida, me imagino, debe ser algo así, si se pudiese despertar de ella. En perspectiva debe dejarnos tan sólo ese sentimiendo de lo extraordinario, más allá del bien y del mal.

          No sé como se desarrollará todo, y ojalá que lo supiésemos. Pero tampoco anoche cuando me acosté pensaba que pudiese tener tales visiones oníricas, y tampoco mientras soñaba era consciente de que aquello me haría sentir como tal. Triste es refugiarse en los sueños, y años más duros me ha hecho pasar esa postura, pero se trata de algo distinto: no es querer sustituir la Vida por la onírica, ni considerar ésta peor que la otra; se tratá de entender la magnitud de la vida misma, que a veces olvidamos, a través del Sueño, que se nos muestra tan espectacular y mágico como, en el fondo, la Vida también es. Del mismo modo que no sabes qué soñarás esta noche, quizá mañana se resuelva todo.

          Y nunca hablé de grandes sueños, dónde se anda sobre la superficie del Sol o se conquistan grandes ciudades. No, y nunca los tuve. Los sueños de verdad son los que evocan a la realidad en su plano más simple, en el de las acciones cotidianas, en el costumbrismo más puro. Comprar el pan, llegar a clase, coger un tren: éstos son los que son capaces de hacernos entender la futilidad y la grandeza del día a día. Aunque continua, la existencia no tiene porque dejar de ser brusca y ésta puede hacernos tambalear. Aunque cotidianos, en nuestros días se esconden las mayores perlas, como en nuestros sueños.

miércoles, 18 de julio de 2012

Sensaciones del lenguaje

          En nuestro vano intento de comunicarnos utilizamos expresiones, un lenguaje concreto, buscando transmitir una determinada sensación, esa misma que a ti te sugiere tu pensamiento. Se tiene una idea antes de transmitirla, al menos preconcebida, y hemos de traducirla a nuestro idioma con estos medios. Pero la sensación que a nosotros nos transmiten las palabras está ligada a nuestra realidad subjetiva, más cuanto menos se ha leído y se desconozca la propia lengua. Así pues, hablamos más con nuestras experiencias personales y las ideas que éstas han dejado en nosotros que buscando un verdadero fin en la comunicación.

          Hemos de cuidar, entonces, este aspecto de la comunicación. El grado de entendimiento al que lleguemos con otra persona estará unido al entendimiento que tengamos de ella misma. Sólo preveiendo las sensaciones que emergerán del otro al escucharnos, en función de sus recuerdos, experiencias y construcciones mentales, se podrán diseñar las oraciones óptimas para alcanzar nuestro propósito.

          Es de importancia recalcar que no me refiero a la situación como modelizador del lenguaje, sino a la persona. Ésta es la que percibe el evento activo de la comunicación, y la que interpreta lo que hemos querido decir en relacion a lo que hemos dicho, pues claro está que nuestro lenguaje es primitivo y, en muchas ocasiones, poco útil. Bienvenida será la era en la que podamos transmitir nuestros pensamientos con total fidelidad.

          Ahondo en el concepto de "sensación" dado que éstas son las que nos ayudan a formar las diferentes ideas que tenemos sobre cosas. Un mismo hecho, una misma realidad, puede despertar en nosotros muy distintas sensaciones, y éstas posteriormente generarán nuestra percepción de las cosas. Añadamos a ésto que cada individuo tiene su sistema a la hora de recibir y clasificar la información, y es única creando sus propios pensamientos. Saber generar las sensaciones, y por qué no, emociones necesarias, ha de ayudarnos en la heroica labor de comunicarnos y, por ende, de entendernos.

miércoles, 11 de julio de 2012

Justicia

          No espero ningún tipo de equidad por parte de la naturaleza. Jamás esperaré despertarme y observar que el mundo está como debería de estar, pues ni si quiera creo en esa idea. No, ese mundo sería un desastre. ¿Dónde quedaríamos nosotros si el mundo no fuese un lugar injusto, despiadado y cruel? ¿Dónde queda nuestra fuerza de voluntad para cambiar aquello que deseamos para nosotros? Creyendo en una providencia divina o determinista nos abocamos a la aceptación total y completa de nuestra realidad, ¿y es ésto positivo?

          Un cierto grado de estoicismo, dada la imposibilidad de cambiar ciertas realidades de nuestra persona, y la indulgencia con aquello que no deseamos, siempre nos aportará un componente esencial para una vida plena, dado que no debemos descargar nuestras energías en una tarea imposible; ésto sería contraproducente e inútil, pues perderíamos nuestro potencial como personas en un pozo sin fondo.

          Igual de importante es la pólvora en nuestra personalidad. Hemos de saber observar lo inmundo de esta vida, con el único fin de poder dinamitarlo, de poder utilizar nuestra capacidad para eliminar aquello que, consideramos, si no existiese, nuestros congéneres tendrían más espacio para desarrollarse. Pues es incierta la idea de que el resto o el entorno no nos importan, o no influyen en nosotros ciertos tipos de comportamiento. Un sistema complejo se caracteriza por una gran influencia de unos elementos sobre otros, por una gran interrelación, de la cual, sin duda, hace gala nuestra sociedad.

          Nuestra vida ha de estar igual de dirigida a la creación que a la destrucción. Jamás hemos de considerar que no somos quienes para cambiar algo, que debemos dejar las cosas tal y como están. Si nuestra percepción de la vida nos dice que hemos de luchar contra algo, adelante. No debemos temer ni un juicio social, ni un castigo por parte de nadie. ¿Qué nos importa aquel que defiende aquello que nosotros odiamos? Nosotros elegimos a nuestros congéneres; nuestros congéneres nos eligen a nosotros.

          No todo el mundo es nuestro prójimo. No todo el mundo se preocupa por la realidad en el mismo grado y modo que lo haces tú. Ni si quiera a todo el mundo le preocupa la vida. Hemos de tener la confianza en nosotros mismos de, por lo menos, creer en lo que hacemos. Ser crítico es indispensable, pero ello no ha de conllevar una duda en nuestros propósitos o ideas. La crítica no ha de hacer sino más fuertes nuestras concepciones.

          Nada es justo o todo es justo. La relatividad de los conceptos anclados en el humanismo nos lleva  a un estadio de tal individualidad que el nihilismo se cierne sobre nosotros como una espesa y negra sombra. Sólo actuando con sinceridad y fuerza conforme a nuestra concepción del mundo podremos experimentar cual es el grado de verdad que tienen nuestras ideas. Pues si nos ocultamos, nos rechazamos a nosotros mismos, tratamos de pensar según lo impuesto, no estamos sino obstaculizando el verdadero progreso de justicia, eliminando la posibilidad de analizar diferentes posturas e ideas, en pro de alcanzar el verdadero sol.

jueves, 3 de mayo de 2012

Análisis y seguridad

          Cuando se trata de temas subjetivos y a la vez profundos, lo mejor es tratar de sistematizar nuestras conductas en pro de buscar respuestas. La seguridad, la confianza en uno mismo, se ve como algo intrínseco a algún tipo de personas, con unas determinadas características, y nunca como algo de lo que disfruten la mayoría de seres humanos. ¿Por qué?

          Nadie tiene unas certezas mayores en su vida, y mucho menos unas respuestas que le permitan descargar todo el peso de la responsabilidad en algo externo. Todos estamos condenados a desarrollarnos como personas sin saber como hacerlo, y sin tener más ayuda que nuestra familia. Así pues, es normal esa sensación de inquietud frente a la vida misma, que nos haga plantearnos la veracidad de nuestros veredictos, y de si valdrá la pena sacrificarnos, sentirnos negativamente, por conseguir algo más. Todos estos problemas y muchos más van atados a la firmeza que una persona pueda ostentar. La pregunta es, ¿qué puede haber en común entre este tipo de personas, capaces de gozar de una vida sobria? ¿Qué les permite defender sus posturas con esa seguridad más propia de una idea que de un ser vivo?

          Todos poseemos un cerebro, una herramienta pulida a través de la evolución animal, capaz de procesar información a unos niveles todavía no entendidos del todo. Lo que sí sabemos es la cantidad de procesos y realidades que es capaz de llevar a cabo esta maravillosa máquina de ingeniería al mismo tiempo. Dado que con ella podemos procesar la realidad, extraer conclusiones y aprender de ella, considero que aquí se halla el quid de la cuestión: en el análisis.

          La seguridad en uno mismo es algo intangible, es algo subjetivo, no es real. Tiene que ver con el sentimiento, con una emoción o instinto que nace de nosotros a la hora de relacionarnos con el otro. Evidentemente, quien se encuentre en una situación de desconocimiento, quien no tenga la capacidad de modelizar las conductas de los demás e intuir cómo podrían actuar(por lo menos reducir el número de posibles respuestas), quien no pueda gozar de todas esas capacidades de síntesis humana, es normal que se sienta perdido, amenazado por unos animales que presentan las mismas capacidades y voluntades que uno mismo: vemos un depredador, tan fuerte e ingenioso como nosotros, y no podemos predecir sus movimientos. Somos una presa fácil en ese instante.

          Sin embargo reside en nosotros la capacidad de desarrollarnos en congruencia a otros seres humanos, tratando siempre de entenderles, de conocer sus por qué, y sobre todo, de intentar ahondar en ellos, tratando siempre de llegar a lo más primordial e importante para una persona. Entonces, dejaremos de ver al resto como extraños. Esa sensación de miedo o inseguridad dejará de tener sentido, pues conocerás a tus congéneres, sus actitudes y reacciones, y no tendrás nada que temer, pues ya conocerás el terreno y a sus individuos.

          Nadie se siente seguro porque sí, todos tienen sus razones. Hay quien se cree mejor, hay quien piensa que no le pueden dañar, hay quien le da igual que le dañen... Pero al final todo reside en una concepción de la realidad, en una forma de procesarla, y jamás de algo innato o independiente de la persona: uno crea su propia seguridad, crea sus propios sistemas para poder vivir en paz.

          Hay que luchar contra todo aquello que nos cohibe, nunca me cansaré de decirlo. Cuanto más fuertes seamos, cuanto menos miedo tengamos, más podremos aportar a este mundo, a nuestra gente, y más podremos vivir a gusto con nosotros mismos; y lo que otras veces es mucho más difícil: con el resto. Mientras no podamos sentirnos liberados del mal que pueden causarnos otras personas, mientras no las entendamos y sepamos el porque tanto de lo bueno como de lo malo, no podremos sentirnos a gusto y tranquilos en las situaciones sociales. Y sin la sociabilidad, el individuo no es nada.

viernes, 27 de abril de 2012

Los otros

          Aquellas incongruencias propias de la ignorancia y los instintos, que pude llegar a controlar en el pasado, como el deseo ferviente de relación humana o la necesidad del cariño incondicional de otros, reaparecen en un estadio mucho más elevado de mi personalidad. Tras mi carrera y evolución personal, tras todo mi empeño en conocer más y en adquirir una autonomía individual, sigue doliéndome no gustarle a determinadas personas, no ser capaz de despertar en ellos un interés ulterior. Por mucha individualidad y capacidad para la soledad que haya desarrollado, ésto continúa devanándome los sesos.

          Tratando de darle una explicación al por qué del torrente de sentimientos negativos, que tanto puede chocar contra mi postura positivista, me encuentro frente a un Marzo que busca algo más en sus relaciones sociales, donde el placer y el interés puedan pasar a un segundo plano, y lo importante pasa a ser el sentimiento motor. Este nuevo yo, o quizá mi primer yo, necesita alguien con quien compartir toda su vida interior, tan rica y llena de matices, que tan diferentes considero del resto. Contemplo toda mi evolución como medio para poder aportar algo a los demás, para resultar un individuo digno en existencia, que sea capaz de enseñarle algo al otro. Quizá no quiera más que compartir todo aquello que he aprendido y tan feliz me hace.

          Así pues, salto a la siguiente incógnita, la cual se vuelve más incisiva y peligrosa. ¿Por qué, entonces, no se da esa situación de bienestar esperada? ¿Por qué, al parecer, tienes tan poco que aportar al resto? ¿O por qué al resto le importa tan poco lo que les puedas aportar? El problema pasa al plano de la culpabilidad, de buscar razones fuera del yo.

          No me importa todo el mundo, me parece algo redundante aclararlo. Me esfuerzo continuamente en discernir sobre quién puede valer la pena y quién no, pensar tras meticulosa observación qué cosas buenas podrán tener las personas, y cuál será el grado de relación a buscar con ellas. Necesito sentir que hay gente capacitada ahí fuera con la que puedo compartir ideas y sensaciones, con quien puedo compartir este absurdo recuadro de espacio-tiempo que sufrimos; con quien pueda reírme. Al final se convierte en la simple postura de querer dar al otro, e incluso se podría decir que guardo una postura muy cristiana últimamente, sólo que mucho más estricta a la hora de esclarecer quien es mi prójimo. Pero una vez encontrado a un semejante, encontrado ya el individuo con quien se querría disfrutar, ¿cómo se hace para transmitir ese flujo de ideas hacia la otra persona? ¿Cómo acercarte a una persona de una manera tan racional?

          La gente obra de sentimiento, y sólo después generan sus razones en pro de justificar sus actos. Las personas esperan relaciones humanas completamente basadas en el sentimiento. Y el sentimiento, pese a su gran poder, suele aparecer con el tiempo, con el rodaje y el lijado de las relaciones. Pero me remito a una idea mencionada ya anteriormente: ¿qué mérito tiene ser un esclavo de la simple situación? ¿Por qué tener que esperar a que el tiempo haga su sucio trabajo? ¿Por qué no elegir conscientemente que hacer con nuestra vida? Debería haber algo más allá de la simple casualidad en nuestra vida personal.

          No olvido que esto es un análisis subjetivo, y que jamás se puede llegar a entender del todo las acciones e intenciones del otro. Aun así, considero que la persona tiene mucho más poder sobre la vida y sobre sí misma del que concebimos, y que no es justo abandonarse a la vida cuando se tiene el poder de tomar el control sobre ella.

          Quiero a mucha gente, y cada vez más quiero a más gente. Los sentimientos se vuelven profundos en mi, y con la razón como directora, avanzo cada vez más en mis relaciones. La profundidad que busco en las personas es encontrada con más frecuencia, y la gente crece y pierde el miedo a hablar de determinados temas. Pese a ello, sigo observando mucho potencial desperdiciado, mucha gente con un poder inconmensurable que sigue privada de su autonomía por culpa de unos pocos desgraciados que les habrán obligado a convertirse en eso.

          Rebeláos, pero rebeláos contra vosotros mismos. No os quedéis en un simple "Soy así", pues no es más que una falacia, una redundancia sobre la personalidad. Esforzaros en ser mejores, en ser capaces de recibir y de dar más. No os quedéis donde os dijeron que estaba la meta, continuad hasta arrollar con todos los límites. Veo personas que ya son únicas y ni si quiera han empezado con su vida consciente. Veo personas que quizá tengan miedo a despertar todos sus monstruos interiores.

viernes, 30 de marzo de 2012

Mi dolor

          Me siento completamente desagarrado por todo aquello que me rodea. Cada vez me cuesta más sentirme a gusto en una situación normal y noto cómo necesito crear algo diferente e inesperado para estar conforme. Noto al monstruo golpeando en las paredes de mi interior, ansioso por salir y quitar de en medio a aquellos que tan nervioso le ponen. El monstruo sigue haciéndose más fuerte y yo no soy capaz de hacer nada para evitarlo, ya que en mi propio goce está la creación de este.

          Cada vez se me hace más difícil acercarme al otro. En distintas ocasiones me hallo frente al abismo que me separa de mis compañeros, y en ese momento soy consciente de que mar de situaciones nos separan: padres, colegio, amigos, parejas, familia, enfermedades, oportunidades... En un mundo donde la gente destaca por sus diferencias, ¿hay espacio para la conexión humana?

          Sufro constantemente la diferencia de base entre mis compañeros: ellos aprenden ahora lo que me enseñaron antaño; yo aprendo ahora cosas que para el resto parecen obvias. Me sorprendo a cada paso de mi superioridad y de mi ignorancia. Todo está demasiado lleno y a la vez demasiado vacío. Ya no es cuestión de elegir al yo o al resto, es cuestión de que el resto quizá no sepa ver lo positivo en ti. Qué importará la evolución si después son los demás quienes juzgan dicho progreso. ¿Habremos de evolucionar en función a nuestros semejantes? ¿Quienes son nuestros semejantes?

          El mar de dudas siempre fue una constante, pero éstas comienzan a tornarse puntiagudas y afiladas. El tiempo perdido, las capacidades ignoradas, vuelven de la nada para increparte el haber desperdiciado potencial en ti en vez de en agradar al resto. Y tú, ahí pasmado, te preguntas cómo diablos puedes pensar eso, cómo después de tanta seguridad tratas de echarlo todo por tierra. Todo tu individuo, toda tu evolución, echada a perder por los demás, por tu deseo y necesidad del resto.

          Es absurdo, lo sé, pero después de dieciocho años sigo sintiéndome igual que cuando era un niño. Ignorante, maleducado, insuficiente a los ojos de la gente capacitada. La inseguridad de mi juventud temprana vuelve con la potencia que la edad me ha dado. La dualidad entre plenitud y vacío me hace temblar frente a la incapacidad de encontrar respuestas.

          Así pues no puedo esperar más que seguir como hasta ahora, con más conocimientos, más inteligente, pero siempre en el mismo paradigma, siempre en el mismo punto. Quizá el determinismo sea la mejor de las posturas y nuestra evolución no sea más que una ilusión. Quizá sólo sea una cuestión de tiempo. Pero entonces, ¿qué mérito tiene?

martes, 13 de marzo de 2012

La necesidad

          La vida son necesidades insatisfechas. No hay nada más duro, pero tampoco nada más real. La belleza que procura el exterior nos hace anhelar realidades ajenas a nosotros; deseamos poseer todo aquello que no tenemos. Si se es inteligente, cuanto más difícil y extraño supone lo otro, más se retuerce y vira nuestro deseo. Apenas hay ningún control sobre las cosas que queremos. No sé si me explico: sólo se quiere lo que no se tiene. Conforme se tiene, se olvida; y cuanto más queda por conseguir, más amamos.

          Me dijo el camarada una vez: "Sólo podemos conocer lo que amamos". En un primer momento le discutí, y pensé que aquello nos dejaba en una postura demasiado desnuda y vulnerable. Tras la maduración de dicha idea, me doy cuenta de que no hay refutación posible: sólo entregándonos, sumergiendonos en lo que el sentimiento nos produce somos capaces de observar nuestro verdadero yo, y en particular, la esencia de lo amado.

          Para nada estoy hablando del amor entre un hombre y una mujer. Una postura que destile amor es aquella en la que nosotros nos entregamos a lo diferente en pro de satisfacer. No sorprende que en esta época donde el individuo se encuentra mutilado, las respuestas respecto al amor sean, cuanto menos, deformes. Nada hace crecer más a la persona que poder valorar y apreciar lo ajeno. Así pues, el amor es fundamento indispensable el paradigma del individualismo. No podemos esperar nada mejor de nosotros si no somos capaces de hacer nada mejor por los demás, que son el único árbitro objetivo de nuestra existencia. No hay nada malo en esforzarse para agradar a la gente que valoramos.

          Seguimos, en cambio, sin resolver nada, sin llegar a ninguna solución del problema, que no es otro que intentar vivir en paz con el resto. Porque ahí está el verdadero enigma, donde se presentan la ingente cantidad de respuestas posibles y válidas.

          Si el solipsismo fuese cierto y toda realidad fuese creada por nosotros mismos, no habría mayor dificultad: aceptaríamos nuestro individuo como medida de todas las cosas y punto. Esto supone ignorar demasiadas verdades empíricas y, por supuesto, menospreciar todo lo que nos rodea; en un momento esto pudo tener sentido, pero ahora ya no. Debemos buscar una respuesta que consiga satisfacer tanto nuestras necesidades como las del medio, que en nuestro caso son los demás. No podemos obviarnos a nosotros ni a los demás. No hay nada más importante que estas dos cosas; quizás no haya nada más. Así nace pues la importancia de una individualidad y una socibilidad sanas, sin prejuicios ni perjuicios, capaces de cambiar, de querer, de sentir. Solo andando con estas dos compañeras podremos crearnos fuertes, con vigor, capaces de superar la verdadera dificultad que supone querer; capaces también de entender el sentido que esto tiene frente a la misma soledad. Si olvidamos la importancia de alguna caeremos en una rápida y súbita decadencia.

          Cambiamos, olvidamos, destruimos y volvemos a crear; nuestra subjetividad cambia en cada instante. Por otro lado, la linealidad de nuestra vida, y en cierta medida de nuestro entorno, siguen como constantes en toda esta ecuación. Todos estos nuevos textos, estas diferentes posturas, pueden ser más brumosas, menos claras e incluso más infantiles. Sin embargo no puedo ignorar toda esta nueva información que continuamente recibo. Solo yo y tú tenemos la capacidad de conmovernos. La realidad sigue sorprendiéndome a cada momento y deberíamos preocuparnos en abrazar este sentimiento.

jueves, 8 de marzo de 2012

Subjetividad y engaño

          Últimamente pongo en duda todo lo que se refiere a mis capacidades, a mi potencial. Olvidé, empiezo a dudar, qué capacidades eran parte del personaje y cuáles son mías. No tengo una división muy clara de qué cosas soy capaz de hacer y cuáles son obra de mi imaginación. Pongo en duda la utilidad de todo lo aprendido hasta ahora, y me pregunto si estuve engañado, o simplemente descansando.

          Todo se desdibuja demasiado. La capacidades a obtener y desarrollar en nuestra persona en un momento determinado, ¿tendrán alguna utilidad en el yo futuro? ¿Hay algún conjunto de actitudes que han de mantenerse como constante? Cada vez me planteo más la importancia de lo acontecido hasta ahora, y me pregunto si no empezará ahora el ruedo.

          Es importante ser conscientes de nuestro tiempo, del tiempo que nos queda en determinadas situaciones. Ya no hablo simplemente de que tú mueras, sino de que un paradigma termine: un curso, una relación, una primavera... Todo termina y se lleva con ello algo único e irrepetible. Llego a tener verdadero miedo cuando pienso que una etapa se llevará consigo personas y situaciones preciadas, como ya pasó otras veces.

          El sentimiento de incapacidad también resulta increíble. La simple concepción de la realidad, en el sentido más subjetivo de la palabra, condiciona en cierta manera la realidad misma. ¿Se es más capaz cuando uno se cree capaz? ¿Considerar que no se tiene cierto poder disminuye tu capacidad para ejecutarlo? La subjetividad me trae de cabeza. Quizás el engaño forme parte esencial de nuestra enseñanza; quizás necesitemos de mentiras para poder evolucionar correctamente.

domingo, 4 de marzo de 2012

Fingir y sentir: nuestra generación

          Tengo un mar, un torrente, una cascada de sentimientos que nunca he sabido muy bien como expresar. He sido una persona llena de impulsos, emociones y pasiones que siempre se ha preguntado cuál es la forma óptima de ser. Cuáles han de ser nuestras decisiones, cuáles han de ser nuestras posturas... No sé a quién he de querer porque todo me parece relativo. Cuando decido a quién odiar, al final siempre termino sintiendo remordimiento. Todo se me hace demasiado sentido y difícil. ¿Se puede ser malo cuando uno quiere rendir cuentas?

          Todo esto no me importaría lo más mínimo si fuese una persona como otra más. Cuando se está diluido entre las acciones de cientos de personas, tus fallos, tu forma de ser no será juzgada con tu persona como principal imputado, sino que los fallos de tu voluntad serán repartidos entre toda la gente que actúe como tú. Sin embargo, todo lo que atañe a mis posturas, a mis deseos, a mi voluntad está intrínsecamente relacionado conmigo y mis influencias. No podré culpar a nadie más que a mi cuando las cosas vayan mal, en contra del resto de gente que busca continuamente en quién descargar sus males.

          Siempre he tenido la sensación de que debo demostrar algo. Tengo la necesidad de demostrar que todas mis posturas son compatibles con una vida digna y plena. Quiero ver como la vida sigue su camino y yo sigo con ella, quizás desde lejos, expectante y cínico, pero siempre vivo y con fuerzas. Sin duda alguna quiero que la gente me juzgue con el tiempo.

          Cuando quieres a las personas nunca se sabe como actuar. Quieres que tus posturas impresionen, te hagan interesante, con cierto morbo, incluso despiadado. Por otro lado tienes que parecer una persona bondadosa, dulce y amable. Es realmente difícil gustar a la gente hoy en día. Hay tantas ramificaciones de la personalidad, hay tantas formas distintas de enfrentarse a la realidad que, cuanto más se diferencie uno, el número de individuos con los cuales te puedas relacionar se reduce exponencialmente. Antaño no había posibilidad de gente que conociese tantas cosas diferentes, y por lo tanto, el denominador común era mucho más general.

          Muchos tomamos la resolución de fingir para tratar de vivir en paz. Es la forma más fácil de agradar al resto, de evolucionar, de ser todo lo que se quiere y quieren de ti. Con un poco de esfuerzo y táctica se puede conseguir casi cualquier cosa dentro de este campo. Pero de nuevo nos encontramos frente a la tesitura de una realidad controlada y fría, aburrida. ¿Hasta que punto a una persona tan llena de vida y sentimientos le puede llenar una realidad fingida? Sé que muchos de vosotros también sois así, no estoy hablando para nada sólo de mi.

          ¿Cómo hemos llegado al punto en el que fingir se vuelve la postura adecuada? ¿Hasta qué punto nos hemos convencido para mantener unas posturas y actitudes? Pienso continuamente en que siempre concebimos en una realidad juzgada por la gente del presente, y esto nos preocupa; craso error. Nuestros actos, nuestra realidad será juzgada por la gente de un futuro cercano, por gente que estudie nuestra época, no por nuestros padres. Es decir: nuestra vida será juzgada por gente más parecida a nosotros que a la que actualmente nos impone ciertos valores.

          Esta idea se me hace difícil de expresar: somos una generación. Nosotros creamos una realidad que después será estudiada de una manera abstracta, pero en cualquier caso, nueva. Los hippies de los '60, el punk de los '80, el estilo que empieza a destilar los '90... Todos implican realidades nuevas. Nosotros no vamos a ser, a ojos del futuro, ni hippies, ni punkis, ni rockeros... ¡Nosotros estamos creando las nuevas tribus sociales! No sé si se me entiende.

          Somos únicos e importantes, por lo menos para nosotros. Somos una generación que ha podido observar gracias a Internet recónditos de la realidad que habían sido ignorados por muchos de nuestros antepasados. Hemos vivido la sociabilidad de modo casi enfermizo en nuestras ciudades, y muchos hemos tenido la suerte de descubrir a nuestro individuo como algo increíble, potente, digno de admiración y culto. Hemos tenido la oportunidad de conocer gente completamente distinta e inesperada, al igual que gente con la que compartimos tanto que nos asusta.

          Es normal que hayamos sentido cierto miedo, cierta incomprensión hacia el medio. Se podría decir que estaba casi determinado el tomar la actitud de mentir a los demás para hacerles bien. Pero ya está bien. Hemos de crear algo único, irrepetible, algo digno de estudio y análisis. El histrionismo estará patente en ello, pero no puede ser el personaje principal. No debemos fingir para poder ser, o no habrá nada que estudiar en nosotros.

lunes, 13 de febrero de 2012

Soledad

          La gente suele preguntarme si no tengo miedo de quedarme solo. Yo me río, y siempre digo después que me considero lo bastante hábil como para saber mantener unas constantes, y no perder el contacto humano con los demás. Esto es cierto, y he podido comprobarlo a lo largo de mi vida. Puede significar muchas cosas, pero no es una mentira.

          Sin embargo la explicación no es completa remitiéndose tan sólo a mi capacidad. Hay un importante hecho, quizás omitido demasiadas veces, indispensable para entender el por qué de mi comportamiento. Incluso para mi.

          Yo ya me siento solo. Siempre me he sentido solo, o por lo menos especialmente solo.

          La gente acepta a los demás sin oponerles a un juicio justo y severo. Renuncian a ver lo negativo del otro, y termina queriéndose aquello que supone más fácil para uno. No sé si es que los demás han tenido mucha suerte al encontrar pronto a sus compañeros ideales; o es que no les importa no conectar realmente con sus congéneres; quizás les de igual no poder mostrarse tal y como son, o no les parezca importante desagradar a aquellos a los que han decidido querer. Porque no es la eterna cuestión de ser como uno quiere ser o como los demás quieren que sea. No, dios mio, no intentéis colgarme el san benito de sociópata. Se trata de realmente querer a alguien, querer compartir la vida con su persona, pero darte cuenta de qué universo, tangible y experimentable, os separa.

          ¿Como no voy a sentirme solo si no puedo sentir una verdadera conexión con el otro?

          Puede que tú y yo hayamos vivido cosas maravillosas, y para mi también habrá sido así. Yo he disfrutado de las personas todo lo que he podido, y siempre he intentado hacer felices a mis allegados. Incluso serás consciente de lo especialmente cándido que puedo llegar a ser. Pero por otro lado, ¿realmente piensas que alguna vez te has preocupado de mi verdadera persona? ¿O es que darte cuenta de la máscara tan sólo sirve para hablar con alguien que se oculta? El trabajo en las sombras está muy mal pagado, y el querer a la personas en silencio, en vez de a gritos, muy mal visto.

          No soy un monstruo, ni soy tan diferente al resto. Seguimos enmarcados en el cuadro de la biología y no se puede escapar a los instintos ni a las necesidades de relación con el prójimo. Yo he querido y me he entregado, y sin embargo todavía no he obtenido la mirada de complicidad, de entendimiento mutuo, que tanto he buscado. Y sí, se que tú y yo habremos experimentado esa sensación en algún momento, pero nunca fui el eje de tu pensamiento. Siempre hubo alguien más importante. Llamadme egoísta, pero si veo que la gente tiene "mejores amigos", es normal que yo también desee uno.

          Y lo que os sorprendería es cuan duro y desgarrador es el momento en el qué te das cuenta de que las personas queridas por tus seres amados son tan distintas de ti... Cuando observas lo lejos que queda una verdadera relación de comprensión... Cuando tu corazón aumenta su velocidad por el deseo de conexión, y sientes ese sudor frio en las sienes... Cuando tan sólo quieres gritar, besar y abrazar... Entonces... ¿Entonces qué?




0wn3d, también tengo sentimientos.

domingo, 6 de noviembre de 2011

El mundo cambiante

          Estoy dispuesto a sacrificar todo lo que tengo por lo que deseo. Nada permanece por siempre y todo es efímero. La realidad cambia y debemos adaptarnos al cambio. Hay que ser sagaces para desarrollarse en una realidad caótica. Pese a ello, la idea de meta o aspiración es constante durante toda nuestra existencia. Hemos de prosperar en nuestra vida para sentirnos realizados, satisfechos con ella. Cualquier sentido es cierto siempre que se lleve a cabo, siempre que se realice. Hemos de ser nosotros mismos para existir.

          Pero nuestros paradigmas cambian y nuestra realidad con ellos, al igual que nuestra persona. Evolucionamos, somos seres distintos cada mañana. Somos una prolongación de una existencia anterior, y por tanto, distinta. Nuestras aspiraciones continúan, pero siempre con un extra de experiencia, lo cual nos permite discernir entre lo realmente importante y lo que es innecesario: cuando deseamos algo suele ser tan sólo un aspecto de su conjunto. Por lo tanto, nuestras aspiraciones también evolucionan, y análogamente, nuestra forma de tratar el entorno.

          Las cosas tienen el valor que les den las personas, nada más. Hemos superado la supervivencia, la hemos eliminado como problema vigente. Toca generar todo un nuevo mundo de valores en relación a nosotros mismos. Un mundo cambiante, dinámico, donde todo se rige en función de nuestros deseos. Se genera un mundo diferente con cada nueva aspiración, mentalidad, cambio... Lo que resultaba importante en un momento pasa a ser banal en otro. No has cambiado una cosa por la otra: has destilado lo importante de una idea primigenia, prematura.

          Hemos de tratar a la realidad de una forma seductora, en la que las situaciones se entrelacen con nosotros como en un gran baile. Disfrutemos de ellas, pues tan solo tienen sentido en ese instante. Llegado el momento te darás cuenta de que todo aquello fue estúpido, o hubiese sido mucho más óptimo de otra manera: lo que nos permite pensar que valió la pena es haber evolucionado hasta poder darte cuenta de que era realmente importante y que no, el saber no quedarse con todo.

          Hay que ser críticos con la realidad, saber juzgarla a ella y sobre todo a nosotros mismos. Cuando nos quedamos en la comodidad de pertenecer a cierta clase, idea o estética, nos estamos reduciendo a una parcela muy pequeña de la realidad. Es evidente que siempre vamos a simpatizar con unas cosas más que con otras, y vamos a ser de una determinada manera, pero esto no nos debe hacer olvidar que debemos cambiar y continuar para conseguir ser nosotros mismos.

          Definirse es ponerse limites, generar constantes también. Hemos de aceptar el cambio como algo inexorable a la existencia. Cuanto más hayamos recorrido diferentes caminos, mas preparados estaremos para un camino posterior y desconocido.

martes, 1 de noviembre de 2011

La indiferencia de la indiferencia

          Me dispongo a criticar una postura muy concurrida entre la mayoría de individuos que forman nuestra sociedad, y con la que seguramente muchos de vosotros estaréis de acuerdo. Ante todo, me gustaría leer vuestros comentarios explicándome por qué la sustentáis. Esta idea no es otra que la defensa de la indiferencia como postura generadora del máximo daño, y creo que el método genealógico podrá ayudarnos a destripar de donde viene tal disparate.

          Desde mi punto de vista, muy débil ha de ser una persona para que su indiferencia sea igual o más de dañina que su ofensiva. Si esto fuese cierto, supondría un margen muy pequeño entre hacer algo y no hacerlo, y por nuestra experiencia sabemos que eso no es así. No conquistamos metas si no invertimos energía en ellas. Desde luego no esperamos que estas se resuelvan o consigan solas con la simple no-actuación.

          La gente alega que la indiferencia es lo contrario al amor, ya que en el odio siempre reside un sentimiento. Pero cuando estamos tratando de hacer ver a alguien su error, yo pienso que no estamos buscando lo inverso al amor, no estamos tratando de privar a nuestro enemigo de nuestra adorable persona, sino luchar contra él dado que sus actos nos han generado malestar, incomodidad. Si tan solo la eliminamos de nuestra realidad, dicha persona sólo continuará generando dichos sentimientos en la gente de su alrededor. Estaremos permitiendo que otros individuos sufran lo mismo que nosotros (cualquier incomodidad puede ser considerada como sufrimiento) y si no se le castiga, nunca mejorará.

          Podemos considerar que la indiferencia hacia un agresor tan solo significa la indiferencia hacia que otras personas sufran lo mismo. Esto no parece muy ético, y mucho menos "el peor castigo que se le puede otorgar".

          La gente tiende a particularizar este tipo de situaciones a las sentimentales, a las relaciones de pareja, donde la indiferencia del uno hacia el otro si que puede generar un dolor inmenso en la persona que se ha dejado de lado. De acuerdo, pero, ¿es esto realmente indiferencia? No.

          Cuando una persona afirma estar siendo indiferente, quiere decir que su postura más corrosiva, más cancerígena, va a ser la de tratar a la otra persona como si no existiese, ¡pero siempre de una manera consciente! Es decir, sabiendo en todo momento si se ha de hacer una cosa u otra, sabiendo cual es la postura correcta para generar más daño. Esto no es indiferencia, no por lo menos en el sentido de ignorar a la otra persona. Lo que ocurre es que la gente tiene un gran reparo en aceptar que le desean mal a otra persona, aunque esta se haya ganado con creces nuestro odio.

          Por lo tanto nos queda que es una cuestión de debilidad, ya sea porque no se puede tomar una postura ofensiva de verdad, y lo mejor que se puede hacer es desaparecer del paradigma; o porque no se es lo suficientemente firme y sincero con uno mismo como para aceptar que se le desea mal a alguien.

          Hemos de ser fuertes y consecuentes, tanto con nosotros mismo como con el resto. Nadie tiene por qué escapar a nuestro juicio si nosotros permitimos ser juzgados por todos.

          Seguramente la idea de indiferencia como máximo ataque debió ser creada por un agresor o por un pusilánime. El primero en aras de que nadie le castigase y esparcir sin restricciones su virus por la sociedad. El segundo en busca de la capacidad de vengarse sin tener que hacer nada. Me parece de risa, sinceramente, creer que alguien va a sufrir más por nuestra indiferencia que por nuestra acción. Es considerarse el núcleo existencial de los demás, y mientras no lo seamos (que seguramente no lo seamos), nuestra indiferencia le dará igual al resto del mundo. Hay suficientes personas ahí fuera.

          Con esto no quiero predicar el libre odio entre congéneres, ni la acción indiscriminada y cruel contra acciones que simplemente nos molesten, sino generar una conciencia de que nuestras actuaciones realmente tienen un peso, y que una acción siempre va a suponer más que una no-acción. Debemos tener en cuenta de que si creamos un mundo mejor a nuestro alrededor, nosotros seremos los que vivamos en ese mundo mejorado. No podemos quedarnos en la indiferencia como acción, pues no generará nada nuevo.

          Os invito a que reflexionéis, y a que penséis debido a qué se sostiene la idea de la indiferencia como supremo de nuestras posibles acciones reivindicativas. Me gustaría que pensaseis si mantenéis esa postura porque realmente pensáis que es así, porque os la han impuesto, o porque es lo que supone más fácil para no tener que hacer nada. La gente sigue aprovechándose de otra gente ahí fuera, y mientras consideremos que nuestra indiferencia es lo más grave que les podemos hacer, poco o nada cambiará.

lunes, 24 de octubre de 2011

Mi adolescencia alertargada

          Por diversas razones y situaciones, en parte elegidas, a lo largo de mi vida decidí ser más mayor de lo que realmente era. Nunca supuso un grave problema, pues pude relacionarme correctamente con gente mayor que yo y desarrollar interés por temas quizás distintos. Todo ello lo considero un regalo que mi persona pudo otorgarme. Jamás cambiaría algo así, pues me permitió conocer mundos distintos a los que no hubiese optado de otra forma.

          Pese a ello hay una insalvable consecuencia, dada por la diferenciación que generas con la gente de tu edad. Ocurre que te saltas "periodos" de tu vida, etapas que todo el mundo ha pasado y que, aunque quizás algo infantiles, parece que tienen su gracia. Nunca supone un gran problema, ya que has tomado las riendas de dicho destino, pero siempre es algo de lo que te percatas.

          Ahora bien, ¿se puede escapar al ciclo del aprendizaje? Me refiero, toda etapa en la vida tiene su sentido a la hora de formar a la persona. Unas más que otras, claro está, pero en todas subyacen unas ideas que nos permiten evolucionar como individuos. Por lo tanto, cualquier perdida de situaciones conlleva una decadencia de nuestras posibilidades. ¿Significa esto que una etapa perdida no es recuperable? Para nada.

          Podemos tomar las actitudes que deseemos frente a la vida, y no llevar el mismo "ciclo existencial" que el resto. Porque no dudo que dicho ciclo normal beneficie a muchas personas, pero no tiene por que ser el mejor para ti. Y además, esto tiene una enorme ventaja.

          El vivir una misma etapa que los demás pero en otro momento, te otorga una visión más objetiva de la misma. Eres capaz de desarrollarla en un mayor grado de conciencia, disfrutarla más y sacar más provecho de ella. El aprendizaje se adquiere mejor si se sigue un sistema, y en la vida no es diferente. Si tú eres consciente de por qué estás en una situación y no en otra, podrás moverte mejor en ella. En cambio si tan solo la vives porque la masa coincide en ese instante, siempre estarás más perdido.

          Mi experiencia personal reside en que mi adolescencia aletargada, la se cual mantuvo mucho tiempo al margen, aparece ahora con toda su exaltación del yo, el gregarismo, el hedonismo, la tontería, etcétera, y está siendo vivida de una manera mucho más consciente, racional y consecuente que de ningún otro modo. Mi conocimiento previo y la observación de gente que ha vivido esta misma situación me permite elegir hacia donde encaminarla, en qué invertir energía. Esto se extrapola a cualquier tipo de orden, donde vivas tu vida del modo que consigas más de cada situación, evitando siempre eliminar ninguna.

          Cada persona tiene su sistema, su forma de hacer las cosas y de evolucionar. No se puede coartar una mejor evolución por querer poner las cosas en un determinado orden. El único compromiso existente es el de ser mejor persona.

viernes, 7 de octubre de 2011

La esperanza como lastre

Continúa el transcurso de los días, y la sentencia se hace cada vez más patente: no hay ni prisa, no hay perdón. La expectación y las ansias de vivir se ocultan bajo un inquieto pecho que palpita al son de las metas que uno se plantea. Observo mis planes y sistemas, y sonrío agradecido por la suerte que tengo de poseerlos. Observo mis objetivos y anhelos, y no puedo evitar que una sonrisa macabra cubra mi rostro, un ritmo nervioso se introduzca en mi y me haga vibrar cual maniático. Y sonrío, porque nada me hace más feliz que exigirme.

Me alegra, me hace rebosar de felicidad, no necesitar ninguna esperanza, poder prescindir de ella. No tengo por qué esperar nada del momento inmediato. No tengo que preocuparme de conseguir lo que me propongo. No, por lo menos, si quiero hacer las cosas bien. Y esta vez no habrá fallos. No habrá lagunas. Como una perfecta sucesión de fichas de dominó, el plan se ejecutará y derribará el último elemento. Sólo entonces podrá haber sitio para la esperanza.

¿De donde viene la estúpida importancia de este lastre biológico? ¿Nadie se dió cuenta de que nos hace actuar por debajo de nuestras posibilidades? La esperanza nubla nuestra vista, nos introduce en una penumbra donde vemos una realidad mejorada, que nos gusta más. Pero no son más que ilusiones. La esperanza no es más que un sesgo cognitivo para evitar que el débil vea la problemática que se le viene encima. La esperanza nos hace sentarnos en el sofá, nos vuelve dóciles, decadentes. Y entiendo que sea una cuestión evolutiva, un mecanismo de supervivencia, pero esto no puede frenarnos a la hora de buscar métodos mejores.

Tan sólo liberados de todo pensamiento enaltecedor, sintiéndonos llenos tan sólo de lo que realmente somos, y no de lo que deberíamos ser, tendremos libertad para actuar con todo nuestro potencial. Si no te conoces a ti mismo, ¿cómo vas a cambiar nada?

Este vacío es vital para el desarrollo del sentimiento reproductor, del instinto creador; de nuestro genio. Si consideramos que desde el punto en el que estamos no podemos más que empeorar, la única salida que no sea pura descomposición será aquella que se preocupe de devorar todo lo que pueda para nutrir a su creador. La única salida digna será conseguir y construir todo aquello que uno se proponga, por el simple hecho de que has de subsanar todo el marchitamiento de la existencia con aquello que tú deseas.

Pero jamás podrás conseguirlo si no abandonas toda esperanza en ello. No tienes suficiente fuerza para saltar el precipicio si consideras que hay una alternativa mejor.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Hoy voy a ser

          Hoy voy a ser el Marzo animado, con energía, el imparable que sonríe con entusiasmo. Las fuertes palpitaciones de mi pecho y las ganas de saltar con el Punk-Rock están de acuerdo. Aunque normalmente no me guste el dinamismo físico, creo que hoy haré una excepción e interpretaré mi mejor papel. Tengo ganas y fuerza.

          Seguramente luzca una sonrisa agradable, pero llena de sarcasmo. Trataré de ser dulce pero con un regusto cruel; como las golosinas picantes de gelatina. Utilizaré movimientos lo más circulares posibles, para intentar no parecer tajante y agresivo. También moveré los hombros, ya que tengo que parecer incluso bondadoso. Sin embargo, no abandonaré una postura firme y segura.

          Estaré atento al máximo número de conversaciones posibles, para poder entrar en ellas cuando se me ocurra algo que pueda aportar. No lo haré como de costumbre, girándome brúscamente e introducirme como un invasor, si no más bien como un individuo relacionándose socialmente de una forma moral y equilibrada. No diré animaladas hasta pasadas las dos, y mostraré interés por cualquier punto de vista.

          Hoy voy a ser un chico bueno. Un chico muy perceptivo, empático.

          Por supuesto no nos podemos quedar en esto. Hemos de generar una distorsión en la percepción de la gente, que se pregunten sobre la naturaleza del acto. Esto implica, con todo lo anterior, tener que jugar en una delgada linea de equilibrio donde has de parecer despiadado, pero no serlo. Tienes que ser bueno y que lo acepten.

          Cuando algo empiece a salirse de su rumbo, generamos una distorsión y reducimos el nivel de fuerza; no podemos correr el riesgo de generar una mala imagen. No por lo menos antes de las dos.

          Recalco lo de sonreír, y mantener una mirada tranquila. Si los nervios se apoderan de ti puede ser la ruína. La ruina entendida como la situación en la que seguramente se encuentren el resto de individuos. No se trata de querer parecer normal, si no de autoafirmarse.

          No me preocupan para nada las situaciones, pues sé que la situación juega a favor de todos. No habrá gente tensa, sino todo lo contrario, lo cual le permite a uno expresarse con mayor claridad; no puede haber algo mejor para generar una buena impresión.

          Y con todo esto me imagino que llegaremos a las dos.

          Una vez ahí, nadie sabe.

lunes, 26 de septiembre de 2011

La descomposición de la existencia

          La verdad que se esconde tras los hechos cotidianos del día a día es la que de verdad asusta. Aun así a todos nos preocupa saber qué ocurre. Guardamos siempre cierta esperanza. Pero no hay mayor verdad que la siguiente: todo se descompone. Miles de nodos de la red existencial sucumben a su destino, o empiezan a funcionar cada vez peor. No hay mas futuro que un futuro peor. Estamos sujetos a la entropía como entes físicos que somos.

          Cualquier cosa está unida a su respectiva linea de tiempo, y esta tan solo avanza en una dirección. No es ningún hallazgo a nivel espistemológico, pero acojona. Nos deja en pañales.

          Parece difícil en tal paradigma guardar cualquier tipo de optimismo, esperar algo de una realidad que no hace más que empeorar. El ser humano, sin embargo, es irracional por naturaleza, y se aferra a la esperanza de que alguna fuerza superior los rescatará de tan súbita decadencia: una relación, una revolución, un cambio, unas elecciones, un Dios... Pero nunca en uno mismo.

          Así avanza su lenta pero continua agonía. Y es que no cabe mejor postura que el pesimismo (qué no abandono) en aras de evolucionar a nihilismo. La inmolación es la única fuerza que nos empuja en el mismo sentido que la existencia. Es la energía esencial que necesitamos para nuestra liberación y evolución personal.

          Una completa aceptación de la realidad a pesar de elaborar una constante crítica de la misma, crearía una generación de individuos capaces de discernir sobre ella. Pero nunca se podrá hablar de un sistema, de una forma de hacer las cosas, si se esta metido de pleno en ella.

          La gente se inmiscuye en supuestos, hipótesis, mentiras, falacias; recurre al insulto, a la retórica fácil, a la disyunción, al odio; y termina creando nada más que malas políticas, moralinas y estupideces. Y con este gazpacho tan español uno se enfrenta a la vida, considerando aun que la tiene bien fundamentada, "atada y bien atada"; que si no por unos, por otros, las cosas acabarán por funcionar bien.

          Todo con un único fin: sentirse lo mejor posible en una realidad que se deshace, donde se convive con otra gente que también desaparece. Es crearse su colchón metafísico donde caer cuando todo acabe. Es generar su propia y genial mentira. Su agonía es no poder ser como quisieran, no poder ostentar lo que desearían; es guardar unas formas en las que no creen por la simple comodidad de no crear unas nuevas. Dado que no saben enfrentarse a la verdad que se les ha planteado, no pueden crear un sistema óptimo con el que desarrollarse en ella.

          Pero no seremos nosotros los culpables de que todo se descomponga. Nunca lo aceptamos cuando la culpa es nuestra: todo lo ha generado el sistema, el anterior sistema, o el antisistema; el mal del otro no es mi mal, ya que no lo comparto. En caso de que no fuese así, mi mal estaría justificado. Hay víctimas y verdugos, y se es incapaz de establecer un término diferenciado objetivo que generase una partición de valores positivos y negativos, tal que sólo nos queda la guerra. Guerra por aquí, guerra por allá; por una razón, por otra; social, individual, personal, gregaria, espiritual, modular, de guerrillas... No nos queda más que la discordia entre hermanos.

          Ni si quiera debería mencionar que esto no es alegato a la violencia, pero me veo obligado a recordar que si no nos gustan las conclusiones, habrá que cambiar las premisas. Y nunca al contrario, señores ciudadanos.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Sobre la Interiorización

          Deberíamos aplicar nuestros conocimientos teóricos, adquiridos a lo largo de nuestro aprendizaje, para desarrollarnos en nuestro día a día. Ya no tan sólo por el capricho de tener acceso a un mayor número de realidades, sino por la intrínseca necesidad humana de sentir que no estamos desperdiciando nuestro tiempo.

          Necesidad "humana", al menos, en el sentido idílico en el que podemos utilizar la palabra.

          No podemos, y por lo tanto no debemos, limitarnos a un título académico, sea el que sea. Un conocimiento no tiene ninguna utilidad si no se sabe aplicar, si no se es capaz de entenderlo. Ya no necesitamos entes que conozcan muchos datos, ni si quiera muchas cosas, ya que el boom informativo de Internet, del cual no haré incapié por ahora, ha dejado a nuestra disposición una cantidad ingente de contenidos.

          Lo que se necesitan son Sistemas. Sistemas de pensamiento. Estructuras por donde tu mente divague hasta ser capaz de encontrar una solución, sin importar del índole qué sea.

          E ahí la importancia de la interiorización de nuestras ideas, de nuestros conocimientos, de nuestros patrones. Ya no por el simple hecho, pero ya no tan humilde, de que queramos ser buenos profesionales en nuestro campo, sino porque no puede haber mejor capacidad que la de poder vivir más nuestra vida.

          Y de nada más que eso versa la importancia de que sepamos qué estamos haciendo y por qué lo estamos haciendo. Cual es nuestra hipótesis, el por qué de ella y a donde queremos llegar. Porque sin un método, sin un Sistema, no podemos ser capaces de potenciarnos a nosotros mismos, y por ende, no podremos aprovechar, como deberíamos, nuestra vida.

          Poder tratar la existencia como un problema qué hay que resolver de forma óptima, pues no sirve tan sólo resolverlo, y aplicar en ello todo lo que sabemos, conocemos y hemos vivido, nos dá la increible capacidad de optar a más posibilidades, poder cursar diversos y diferentes caminos; en resumen, la capacidad de ser más nosotros.

sábado, 17 de septiembre de 2011

La libertad de [...]

          Me siento libre; soy libre. Como si estuviese muerto. Pero vivo. Sin ataduras, sin motivos, pero insaciable. A penas es concebible. Palpito de pensarlo, de sentirlo, de vivirlo. Mi corazón late rápido por el simple hecho de mi existencia. Palpita. Estoy vivo.

          Viajo por los sinsentidos de un mundo al que veo desde las alturas, como el águila, como un ave rapaz que sobrevuela las increíbles y majestuosas montañas; las personas, el ambiente, el entorno. Todo me apasiona. Las vistas son infinitas; y yo, me alzo sobre ellas.

          Quizás este atrapado en un vuelo interminable, indefinido. Condenado a vagar por la existencia. Pero sonrío. Soy soberano de mi vuelo. Dueño de mi viaje, de mi. Exhalo complacido, la sensación, casi orgásmica, mantiene el concierto de mi corazón. O tal vez sea el desconcierto: desequilibrado, azaroso, caprichoso. Todo es demasiado inmenso, demasiado grandioso. Al alcance de cualquiera, pero no destinado a todos ellos.
_______
Escrito automático.

La lucha de [...]

          Hay que buscar algo que nos merezca la pena. No podemos ir por ahí desperdiciando nuestro tiempo como si nunca se fuese a acabar. No podemos tirarnos a la basura.

          Te levantas y piensas en que cosas podrás hacer, e incluso te emocionas. Tus expectativas ni son mediocres ni son criticables. Tus anhelaciones son tus deseos y tus deseos son tu fin. Juegas, ríes, manejas, controlas, mejoras, evolucionas... Tu vida es tu satisfacción, tu regalo, no necesitas mas que el placer que te procura estar vivo. Te desarrollas, y dejas a tu mente vagar entre la existencia que le rodea. Todo esta en su lugar por que tú lo pones ahí y tú quieres que esté así. Todo esta perfecto; y si no, lo consigues.

          Pero cuando te acuestas, curiosamente, todo eso a desaparecido, y tan solo queda un amargo sabor de boca por ver como la vida pasa, y quizás todo sigue igual. Quizás no hayas conseguido tanto, ni seas tanto, que sí que seas tan mediocre y que sí valgas tan poco. Eres la mierda cantante y danzante del mundo. Y pierdes el control. Pero todo esto carece de importancia, por que mañana te volverás a despertar, y volverás a tener un inmenso día por delante en el que sí podrás cumplir tus sueños, vencer a tus enemigos, comer los mas preciados manjares y degustar los mejores licores. Serás capaz de exprimir la maldita esencia de la vida y bebértela de un trago, pues tú eres tu Dios y tu fortuna, tu destino y tu casualidad. Tú eres tú y eso es lo importante. Mi mundo es mio.

          Y así se alternan los ciclos de megalomanía y debilidad, en los que te crees el Dios que te mereces ser y en los que recuerdas las miserias de los demás, que no son mas que la tuya. Bipolaridad. Ciclotímia.

          Pero el problema reside en nuestra incapacidad de valorarnos a nosotros mismos. Es ilógico que te sientas mal por la noche, pues ya no hay nada que hacer ese día, lo único que debería preocuparte es estar preparado para el siguiente; pero no. Preferimos arrepentirnos de eso para así mañana poder despertar en la luz y así no tener que preocuparnos más que de soñar.

          Pues se acabó. La luz sera el sufrimiento y la oscuridad el regocijo. Lo mal hecho sera motivo de reflexión, de mejora, y lo terminado motivo de ira frente a lo que podría haber sido mejor.

          Cansáos, pues, de ser humanos, como yo, y aspiremos a algo más.