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jueves, 18 de septiembre de 2014

Metas ideales

          El espacio en su componente ideal, y con ésto me refiero a la generación del mismo desde el plano imaginario, tiene una componente completamente ideológica. La misma palabra 'meta' o 'destino' nos permite intuir como todo este plano de ambiciones se mueve en lo meramente espacial: uno desea principalmente llegar a tal cosa, mientras que cuándo se consiga suele relegarse a un segundo plano. Así, creamos espacios imaginarios y los convertimos en nuestros objetivos. Encontramos aquí un primer problema, quizá de vital importancia en lo referente a los deseos: lo espacial sí es algo tangible y real que no puede compararse con nuestra sustancia pensante, y así como jugábamos con el tiempo y nuestra experiencia, no se puede hacer del mismo modo con el espacio.

          Generamos ideas que buscan crear un espacio físico que emule nuestros mismos deseos. Necesitamos de esa base Real para poder considerar como ciertos nuestros anhelos. Uno se da cuenta rápido de cómo ésto causará, más pronto o más tarde, toda una serie de problemas inherentes al mismo planteamiento: no estás creando una idea abstracta dónde pueda caber todo un conjunto de situaciones que proporcionarán una felicidad, sino que al contrario, creas un sólo elemento excluyendo a todos los demás, creas una idea no-Abstracta. Estas ideas no-Abstractas deben ayudarnos a funcionar en la inmediatez del presente, no en la planificación del futuro, ya que este último es múltiple y desconocido, y necesitamos de ideas abiertas que engloben el máximo número de posibilidades, al contrario del presente que es fijo e inamovible, dónde necesitamos una idea clara que lidie con esa realidad inmediata.

          La rigidez de lo físico es incompatible con la naturaleza del deseo. Si bien esa idea, llamémosla espacial, es sólo una manera de entender el deseo en sí, es cuestión de tiempo que acabe convirtiéndose en el deseo mismo, eliminando así todo el entorno de situaciones que también suponían un deseo, reduciéndose así a un sólo punto, a una sóla situación. Vemos aquí como ha ocurrido algo bastante común en nuestra experiencia cotidiana: estoy hablando de la Idealización. Si bien todo empezó como la búsqueda de algo que nos hiciese felices, acabamos convirtiendo esa herramienta de la abstracción espacial en la felicidad misma. Olvidamos que utilizamos esa situación como simple ejemplo de otras muchas que pudiesen habernos hecho felices, y acabamos creyendo que tan sólo ésa será la que podrá realizarnos.

          Hay que evitar este reduccionismo en el mundo de los deseos. Tenemos que entender que nuestro rango para disfrutar de situaciones es mucho más amplio que aquel que hemos imaginado como las situaciones que podríamos disfrutar. Estas situaciones son sólo ejemplo de un espacio mucho más grande, una selección aleatoria, quizá más o menos representativa, pero jamás el conjunto completo. Entender de este modo las ideas que consideramos como ambiciones nos ayudará a entender que es lo común de todas ellas, y en definitiva, aceptar que son más las situaciones que nos aportarán en un futuro felicidad.

viernes, 22 de agosto de 2014

El no-Abstracto

          El mundo de las Ideas ha supuesto un eje central en el desarrollo de nuestra cultura occidental, y debemos ser conscientes del peso del mismo incluso en nuestra actual vida cotidiana. Todavía hoy arrastramos el dualismo cuerpo-mente: consideramos las personas tienen una esencia íntima, impermutable y constante en su existencia; si bien no la llamamos alma, pues vivimos en una sociedad progresista y laica, sabemos se trata del mismo concepto. La Teoría de las Ideas sigue vigente, y funcionando, hoy en día. Ahora bien, aunque aquí veamos como malinterpretada la consciencia, una intrusión de la filosofía especulativa en lo que debiese ser terreno de la filosofía de la ciencia, no debemos desechar por ello lo que ésta misma nos pueda facilitar.

          Ordenamos la realidad, y para ello necesitamos de Ideas, de conceptos; en definitiva, lo que nos permite ordenar es anteriormente haber abstraído, el Abstracto. Cualquier espacio en el cual el hombre se pueda mover, estará siempre plagado de dichas abstracciones. "Messi deja el fútbol porque se ha dado cuenta de que los goles son abstracciones". Comentarios absurdos a parte, cuanto uno más haya progresado en su educación académica, más consciente será de la importancia de dichas abstracciones. Ahora bien, ¿tienen un propósito dichas abstracciones en nuestro día a día? ¿Son tan sólo útiles para el conocimientos, o también tienen una razón práctica?

          Escojamos la realidad práctica por excelencia que todos tendremos que desarrollar en alguna ocasión dada nuestra situación como entes biológicos: la seducción. Con todo, necesitamos de Ideas, Abstracciones que nos permitan entender la situación dada, Ideas como Mujer, Hombre, Situación, Lugar, Relación, Contacto, Lenguaje, Conversación... Pero con todo, y los que vivamos con constancia en el mundo de las Ideas lo comprobaremos con más frecuencia de la deseada, no es suficiente. Las Ideas no son capaces de realizarse como tal en la Realidad, y aunque aquellas sean justamente una Abstracción de ésta, es esa misma cualidad globalizadora la que nos impide acceder por completo a la realidad de la práctica, ya que toda práctica será siempre un hecho puntual, cerrado y acotado en el tiempo y en el espacio, con sus determinadas condiciones de inicio y final. Así pues, lo que fue descubierto/creado para el conocimiento, puede llegar a chocar frontalmente con la Práctica, porque condiciona y limita nuestra capacidad de acción en el momento en sí, en la situación misma y no en la abstracción de situaciones.

          Necesitamos un no-Abstracto para lidiar con la Práctica, y es interesante porque se trata de una Idea, aunque lo que trate justamente es de eliminar esa abstracción que nos impide actuar con total libertad, y por ende, óptimamente. Postulo, volviendo a mi ejemplo inicial, que debemos eliminar de la seducción las Ideas mismas que la forman, pues debemos aceptar y manejar el momento tal y cómo se nos viene dado: esa chica, ese bar, esa noche y esas estrellas. Desde luego que seguimos jugando en el mundo de las Ideas, y la anterior enumeración son Ideas, pero no son ni la Chica, ni el Bar, ni la Noche y ni las Estrellas; pertenecen a un nuevo conjunto: el del no-Abstracto. No se trata, pues, de prescindir de las Ideas, sino al revés: debemos redefinirlas.

          Si fuésemos capaces de manejar el no-Abstracto, en su categoría de Idea, como manejamos lo Abstracto, habríamos conseguido la aplicación de esta teoría para el Conocimiento en el mundo de la Práctica, y estoy seguro de que es algo que necesitamos hoy en día más que nunca: ser capaces de generar Ideas en la inmediatez del Presente, y no venir de casa con las Ideas formadas. Necesitamos del no-Abstracto para poder relacionarnos en este Mundo actual, frenético, cambiante, con inmensa cantidad de estímulos e individuos. Debemos de liquidificar el mundo de las Ideas.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Problemas ajenos



          Suponiendo tener una vida emocional elevada, dónde percibimos nuestro entorno conscientemente y sentimos en él, parece fácil abrumarse dado el dolor y desamparo que existe a nuestro alrededor. Siendo feliz ésto no desaparece, dada que la realidad de otros puede seguir siendo miserable, gente de tu alrededor, incluso gente importante para ti. Lo que tú consigas no servirá para cambiar éso, y en muchas ocasiones toda la ayuda que puedas prestar no será suficiente. Hay que dar lo mejor de nosotros por nosotros y para el resto. Aun así, en muchas ocasiones, no será suficiente.

          Es difícil decidir qué hacer con este dolor, este desgarro. No nos podemos permitir tratar sólo con gente perjudicada, pues éso exprimiría nuestra energía. No puedes olvidarte de las personas que tienen una situación desfavorable. Tampoco puedes permitir caer tú en un pozo. Entonces, ¿qué?

          ¿Y cuál es la respuesta cuando experimentas que dicha concepción del sufrimiento humano no es compartida por todo el mundo? ¿Qué haces cuando hay individuos que no lucharían por mejorar su entorno, por conseguir ser todos más felices? ¿Cómo actuamos cuando vemos que hay personas a las que les da igual? No les importa la situación ajena, en muchas ocasiones no son conscientes ni de la propia misma.

          Esta ignorancia del medio y de la interacción con el mismo es lo que nos hace fallar. Todos desconocemos de cuanto rodea, no somos omniscientes ni mucho menos. Nuestra responsabilidad es tratar de despejar esta incógnita para tratar de resolver el mayor número de problemas posibles, y no para ignorarlos o perpetuarlos.

          Sólo construyendo un entorno mejor, dónde la gente trate de solucionar los problemas de todos y el medio esté lo más despejado de problemas y tormentos, sólo entonces conseguiremos ser libres para interactuar y pensar, dar y recibir.

          Mientras por cuestiones externas al individuo, o lo que siempre es peor, internas a él; mientras unos pocos decidan seguir en esta especie de ignorancia y desprecio hacia lo ajeno y sus problemas; mientras no pongamos todo nuestro empeño en hacer de este mundo y de nosotros algo mejor; mientras tanto, sólo unos pocos lo conseguirán, y sobre ellos estará la responsabilidad de liberar al resto, de convertirlos en hijos de Sion, de marcarles con el estigma de Caín. Sólo en conjunto se conseguirá la máxima elevación.

domingo, 2 de diciembre de 2012

El Fénix del tiempo


          En la vida se pierde: inocencia, juventud, fuerza... Nunca sabemos a partir de qué momento las cosas sólo irán a peor. Todavía soy joven, el mundo para mi es un diamante en bruto. Un día éso dejará de ser así. Llegará, y serán otros quienes tengan las oportunidades del mundo frente a ellos esperándoles, deseándoles.

          Subido en este tren pasan imágenes de compañeros, amistades, lecciones y relaciones. Siento quedan atrás. No han sido en vano, pues siguen en mi, son mi forma. Tampoco son presentes, jamás volverán a ser palpables. Cada recuerdo irrecuperable es un tesoro que sólo el olvido podrá arrebatarme. La imposibilidad de recuperar lo perdido, sin embargo, ancla a esta especie de "imposibles".

          Las nuevas situaciones se suceden. No hay día en el cual la belleza no nos grite, reclame, nos busque para incitarnos a vivir aventuras. Lo viejo se refleja en nuestra nueva vida y evoca lo perdido. Unas veces es dulce, otras nos hiere demasiado, nos vuelve incapaces de abrazar lo presente. Un sesgo imbatible y consciente, preocupaciones y anhelos que nos vuelven estáticos, soñadores de un yo antiguo.

          Hay demasiado ahí fuera, demasiado por explotar y vivir como para considerar que ya se encontró lo que nos define como persona. En cada individuo, lugar o afición se puede destilar algo más puro de nosotros mismos, refinar nuestro producto. Jamás se habrá vivido demasiado para aprender, para evolucionar. El pasado sólo debe servir de recordatorio, no de guía.

          Somos mejores a cada momento si hemos sabido dirigir correctamente nuestra vida, si la nobleza ganó la partida a la mezquindad. Antaño algo pudo parecernos lejano a nuestra esencia, pero quizá llegamos ya a la llanura donde convertirnos en algo nuevo. Como el Fénix, que renace de sus cenizas joven, brillante, puro, nosotros reduciremos nuestro pasado a gasolina, combustible de una nueva vida, de un nuevo yo, de una más digna aspiración. Desplegaremos nuestras alas, levantando la cabeza por encima de todo aquello que vivimos, con la mirada fija en el nuevo horizonte a conquistar.

miércoles, 11 de julio de 2012

La inteligencia

          ¿Estaría mal considerar la inteligencia como la única capacidad a valorar? ¿Acaso no es y ha sido la inteligencia lo que ha permitido vivir al individuo mejor? ¿No es la profundidad que otorga el conocimiento lo verdaderamente precioso de esta vida? ¿Qué puede valorar quien nada sabe? ¿Qué sabe la gente?

          La inteligencia, cuanto menos, está poco valorada en nuestro días, socialmente hablando, por no decir desprestigiada. Es una minoría quien se preocupa por aprender y profundizar en diversos aspectos del conocimiento. Quienes no lo hacen simplemente presumen de sus otras supuestas "capacidades". ¿Pero qué valor puede tener una capacidad si no es integrada en un todo? ¿Se puede presumir de habilidades que no estén integradas en una inteligencia? ¿Hasta donde te puede aportar una persona que no sea inteligente?

          Es muy común esta despreocupación. "Bah, ¿para qué voy a querer ser inteligente si ya tengo todo ésto?". La gente "considera" que tiene habilidades, que al no estar comprendidas y compartidas en una amalgama de conocimientos, terminan siendo nada más que parcelas aisladas donde no se puede construir nada de valor, pues estando diseminadas en la personalidad, son demasiado pequeñas en si mismas como para edificar ninguna realidad.

          Desde mi punto de vista, los primeros culpables de esta situación son los padres. Dada su preocupación de que su hijo destaque en un determinado ámbito, les importa más ésto que el hecho de que su hijo sea una persona que realmente esté entendiendo lo que hace, por qué lo hace y para qué lo hace. Todo ésto les puede suponer más que un problema, ¿cómo van a transmitirle todo ésto a su hijo? Mejor engañarlo, criarlo en un ambiente dónde los errores compartidos se obvien. Y así se perpetúa la cadena de la ignorancia.

          Aun así la responsabilidad nunca es de los padres, ya que cada individuo tiene para consigo la responsabilidad de superar a sus progenitores. Pasada cierta edad es incoherente culpar a nuestra familia de cualquiera de nuestros males, pues pasamos a ser independientes de ellos hace ya tiempo. La gente mantiene una excusa para evitarse un esfuerzo, delegan en otros responsabilidades que son suyas. Nosotros también educamos a nuestros padres pasado un tiempo, pues pertenecemos más a los nuevos tiempos que se estén viviendo. Privarles de este aliciente de la paternidad es una crueldad por nuestra parte.
       
          La ilustración fracasó en sus axiomas. Hace falta más que la oportunidad de adquirir conocimiento; hace falta un atractivo. Debemos preocuparnos de que la inteligencia sea el mayor de los dones que se puedan tener. Los seres inteligentes han de poder alzarse sobre los ignorantes, y deben hacerlo. La aceptación del ignorante por parte del inteligente, poniendo a este primero a su mismo nivel, hace que el ignorante no se preocupe por su realidad, pues considera la inteligencia como una concepción más, como algo que tiene la misma importancia que cualquier otra cosa.

          Lectores y amigos míos, eso no es así. El inteligente siempre tendrá más oportunidades de disfrutar la vida, pues podrá entenderla mejor y saber como actuar en función de sus deseos. La inteligencia es algo más que la adquisición de conocimientos, ya que éstos deben relacionarse entre si, generar estructuras e ideas propias con las que enfrentarse a la vida; de nada sirve el hombre-enciclopedia existiendo Internet. El conocimiento genera propiedades emergentes que mejoran a la persona.

          Ahora bien, la adquisición de conocimientos siempre es un primer paso, y sobre todo, imprescindible. No podemos abandonarnos en el relativismo de lo que supone la inteligencia y afirmar muy orgullosos de nosotros mismos: "Yo soy tan inteligente como cualquier otro."

          No, lo siento, el esfuerzo es imprescindible, y la inteligencia nunca ha sido regalada.

domingo, 29 de abril de 2012

La pequeña aristocracia

           Antes de comenzar me gustaría aclarar que durante todo el texto defenderé una postura dirigida a los pequeños grupos de personas o comunidades. Con ésto me refiero a un grupo de amigos, una familia, un grupo de trabajo, una finca con sus correspondientes vecinos... Desde luego la aristocracia a un nivel social es muy difícil de esclarecer, ya que siempre estará el sesgo de quien elige qué es la aristocracia. Por otro lado, en grupos pequeños, quizá no lleve más de una tarde aclarar que significa, para ese grupo, aristocracia. Una vez aclarado esto, y evidenciando que no voy a defender ningún régimen fascista, que sé cómo os gusta buscarme las cosquillas(y cómo yo lo disfruto), comienzo.

          La grandeza de espíritu parece haberse perdido a causa del materialismo imperante en nuestro días. Teniendo al alcance de nuestra mano bienes y servicios que nos facilitan la vida, y habiendo escapado de los regímenes tribales, parece haber perdido valor la postura del hombre que protege y se sacrifica por el grupo, que lucha contra las adversidades de todos aunque sea muy a su pesar. Esa voluntad de sacrificio ha sido vetada, y sustituida por un egoísmo simplón y banal, con ciertos toques de humildad enfermiza.

          El egoísmo no sería un problema en si, dado que es algo natural en el ser humano. Lo negativo es la despreocupación por la vida en comunidad. ¿Por qué abandonar esta posición alfa que tanto puede beneficiarnos a nosotros y al resto? ¿Por qué no ocupar un puesto dominante en nuestras relaciones, cuidar nuestro entorno y de las personas que queremos? La gente ha relacionado directamente las posturas poderosas con la gente despreciable. Por lo general, a la gente no le gusta sentirse cerca de alguien con más poder o autoridad, sobre un grupo o sobre uno mismo, y prefieren relacionarse con gente más ignorante de cómo funcionan las cosas o despreocupado de las personas en si mismas.

          Pero más allá de lo que pueda sentir la gente hacia estas personas, pues siempre se ha sabido que la envidia destruye las relaciones, me pregunto por qué la gente, individualmente, no desea obtener este tipo de posturas más cercanas al papel de jefe de tribu que de consumidor del McDonalds.

          ¿Será una cuestión de responsabilidad? ¿De miedo a la responsabilidad? Ostentar una figura importante, tener la obligación de cuidar del resto, conlleva tener que entender a tu gente y trabajar con ella. No siempre saldrá bien, serás tú quien tenga que cargar con las culpas. Quizá tú sólo tratabas de buscar un bien mayor, pero eso no sabrá verlo siempre todo el mundo, y se achacarán los problemas causados a tu persona, no a la situación o la casualidad. "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad", y pocos poderes habrán más grandes que la seguridad y la firmeza del carácter, y la idea de tener que ayudar al resto de la gente con ello.

          También está el problema de que es algo muy mal pagado, y no estamos hablando económicamente. Quien no tenga esa misma fuerza de voluntad que tú, y aunque lo que digas y hagas les parezca bien, siempre se criticará tu postura digna e inquebrantable. Duele mucho ver a alguien dando ideas a un grupo, dirigiendo la situación, cuando el observador es una persona que no puede dirigirse si quiera a si mismo. Así pues mucha gente no aceptará estas posturas más potentes, y siempre abogarán por personas más humildes y menos altivas. Este tipo de personas son fundamentales, pues sólo se puede mejorar a través de la crítica que nos obliga a ser mejores. Por otro lado, si la crítica se convierte en algo personal, olvidando de nuevo la necesidad de un bien mayor por el grupo, estará olvidando que sólo se perjudica a si mismo y al resto.

          Todos somos conscientes de que existen estos tipos de líderes en nuestras pequeñas comunidades. Personas con una carisma o fuerza especial que anima a todo el grupo a hacer cosas mejores y cuida de ellos. Ahora bien, no está muy claro que les parezca correcto. Se disfruta de la existencia de estos individuos, pues trabajan por la cohesión y bienestar de las personas, pero desde un punto de vista teórico, la gente no lo acepta, y le parece una injusticia, ya que no todo el mundo puede gozar de esas cualidades necesarias. ¿Por qué? Todos podemos leer, estudiar, conocer, volvernos personas más firmes, humanas y convincentes, todos podemos convertirnos en alfa. Sin embargo, esto conlleva un esfuerzo, por tanto un sacrificio, y como ya hemos dicho al principio, la capacidad de sacrificio de nuestra sociedad actual es nula.

          Hemos de abogar por estar rodeados de gente fuerte, o al menos de gente que nos aporte felicidad y cosas buenas a nuestra vida. No podemos aceptar a parásitos sociales en nuestros grupos, que se nutran de nuestras ideas y experiencias, y después no quieran trabajar en si mismos para poder enseñarte algo a ti después. Nadie es "líder" en todo momento, pero si estamos esforzándonos en mejorar, en gozar de una grandeza de espíritu, sí seremos los mejores en un determinado momento, y entonces se será ese director, ese jefe preocupado por la supervivencia del grupo y el bienestar de sus integrantes.

          Parece que esté mal considerarse alguien que puede hacerle un bien a los demás. Parece que esté mal explicarle a alguien que debería hacer si quiere sacar más provecho de su vida. A la gente le molesta alguien con esta soberbia, aun cuando sólo da consejos y no órdenes. Les preocupa más ese sentimiento infantil que el provecho que podrían sacar de analizar las posturas que se les presentan. Prefieren obrar de sentimiento, y perder oportunidades, que aceptar la superioridad del otro y aprender de ello.

viernes, 27 de abril de 2012

Los otros

          Aquellas incongruencias propias de la ignorancia y los instintos, que pude llegar a controlar en el pasado, como el deseo ferviente de relación humana o la necesidad del cariño incondicional de otros, reaparecen en un estadio mucho más elevado de mi personalidad. Tras mi carrera y evolución personal, tras todo mi empeño en conocer más y en adquirir una autonomía individual, sigue doliéndome no gustarle a determinadas personas, no ser capaz de despertar en ellos un interés ulterior. Por mucha individualidad y capacidad para la soledad que haya desarrollado, ésto continúa devanándome los sesos.

          Tratando de darle una explicación al por qué del torrente de sentimientos negativos, que tanto puede chocar contra mi postura positivista, me encuentro frente a un Marzo que busca algo más en sus relaciones sociales, donde el placer y el interés puedan pasar a un segundo plano, y lo importante pasa a ser el sentimiento motor. Este nuevo yo, o quizá mi primer yo, necesita alguien con quien compartir toda su vida interior, tan rica y llena de matices, que tan diferentes considero del resto. Contemplo toda mi evolución como medio para poder aportar algo a los demás, para resultar un individuo digno en existencia, que sea capaz de enseñarle algo al otro. Quizá no quiera más que compartir todo aquello que he aprendido y tan feliz me hace.

          Así pues, salto a la siguiente incógnita, la cual se vuelve más incisiva y peligrosa. ¿Por qué, entonces, no se da esa situación de bienestar esperada? ¿Por qué, al parecer, tienes tan poco que aportar al resto? ¿O por qué al resto le importa tan poco lo que les puedas aportar? El problema pasa al plano de la culpabilidad, de buscar razones fuera del yo.

          No me importa todo el mundo, me parece algo redundante aclararlo. Me esfuerzo continuamente en discernir sobre quién puede valer la pena y quién no, pensar tras meticulosa observación qué cosas buenas podrán tener las personas, y cuál será el grado de relación a buscar con ellas. Necesito sentir que hay gente capacitada ahí fuera con la que puedo compartir ideas y sensaciones, con quien puedo compartir este absurdo recuadro de espacio-tiempo que sufrimos; con quien pueda reírme. Al final se convierte en la simple postura de querer dar al otro, e incluso se podría decir que guardo una postura muy cristiana últimamente, sólo que mucho más estricta a la hora de esclarecer quien es mi prójimo. Pero una vez encontrado a un semejante, encontrado ya el individuo con quien se querría disfrutar, ¿cómo se hace para transmitir ese flujo de ideas hacia la otra persona? ¿Cómo acercarte a una persona de una manera tan racional?

          La gente obra de sentimiento, y sólo después generan sus razones en pro de justificar sus actos. Las personas esperan relaciones humanas completamente basadas en el sentimiento. Y el sentimiento, pese a su gran poder, suele aparecer con el tiempo, con el rodaje y el lijado de las relaciones. Pero me remito a una idea mencionada ya anteriormente: ¿qué mérito tiene ser un esclavo de la simple situación? ¿Por qué tener que esperar a que el tiempo haga su sucio trabajo? ¿Por qué no elegir conscientemente que hacer con nuestra vida? Debería haber algo más allá de la simple casualidad en nuestra vida personal.

          No olvido que esto es un análisis subjetivo, y que jamás se puede llegar a entender del todo las acciones e intenciones del otro. Aun así, considero que la persona tiene mucho más poder sobre la vida y sobre sí misma del que concebimos, y que no es justo abandonarse a la vida cuando se tiene el poder de tomar el control sobre ella.

          Quiero a mucha gente, y cada vez más quiero a más gente. Los sentimientos se vuelven profundos en mi, y con la razón como directora, avanzo cada vez más en mis relaciones. La profundidad que busco en las personas es encontrada con más frecuencia, y la gente crece y pierde el miedo a hablar de determinados temas. Pese a ello, sigo observando mucho potencial desperdiciado, mucha gente con un poder inconmensurable que sigue privada de su autonomía por culpa de unos pocos desgraciados que les habrán obligado a convertirse en eso.

          Rebeláos, pero rebeláos contra vosotros mismos. No os quedéis en un simple "Soy así", pues no es más que una falacia, una redundancia sobre la personalidad. Esforzaros en ser mejores, en ser capaces de recibir y de dar más. No os quedéis donde os dijeron que estaba la meta, continuad hasta arrollar con todos los límites. Veo personas que ya son únicas y ni si quiera han empezado con su vida consciente. Veo personas que quizá tengan miedo a despertar todos sus monstruos interiores.

domingo, 4 de marzo de 2012

Fingir y sentir: nuestra generación

          Tengo un mar, un torrente, una cascada de sentimientos que nunca he sabido muy bien como expresar. He sido una persona llena de impulsos, emociones y pasiones que siempre se ha preguntado cuál es la forma óptima de ser. Cuáles han de ser nuestras decisiones, cuáles han de ser nuestras posturas... No sé a quién he de querer porque todo me parece relativo. Cuando decido a quién odiar, al final siempre termino sintiendo remordimiento. Todo se me hace demasiado sentido y difícil. ¿Se puede ser malo cuando uno quiere rendir cuentas?

          Todo esto no me importaría lo más mínimo si fuese una persona como otra más. Cuando se está diluido entre las acciones de cientos de personas, tus fallos, tu forma de ser no será juzgada con tu persona como principal imputado, sino que los fallos de tu voluntad serán repartidos entre toda la gente que actúe como tú. Sin embargo, todo lo que atañe a mis posturas, a mis deseos, a mi voluntad está intrínsecamente relacionado conmigo y mis influencias. No podré culpar a nadie más que a mi cuando las cosas vayan mal, en contra del resto de gente que busca continuamente en quién descargar sus males.

          Siempre he tenido la sensación de que debo demostrar algo. Tengo la necesidad de demostrar que todas mis posturas son compatibles con una vida digna y plena. Quiero ver como la vida sigue su camino y yo sigo con ella, quizás desde lejos, expectante y cínico, pero siempre vivo y con fuerzas. Sin duda alguna quiero que la gente me juzgue con el tiempo.

          Cuando quieres a las personas nunca se sabe como actuar. Quieres que tus posturas impresionen, te hagan interesante, con cierto morbo, incluso despiadado. Por otro lado tienes que parecer una persona bondadosa, dulce y amable. Es realmente difícil gustar a la gente hoy en día. Hay tantas ramificaciones de la personalidad, hay tantas formas distintas de enfrentarse a la realidad que, cuanto más se diferencie uno, el número de individuos con los cuales te puedas relacionar se reduce exponencialmente. Antaño no había posibilidad de gente que conociese tantas cosas diferentes, y por lo tanto, el denominador común era mucho más general.

          Muchos tomamos la resolución de fingir para tratar de vivir en paz. Es la forma más fácil de agradar al resto, de evolucionar, de ser todo lo que se quiere y quieren de ti. Con un poco de esfuerzo y táctica se puede conseguir casi cualquier cosa dentro de este campo. Pero de nuevo nos encontramos frente a la tesitura de una realidad controlada y fría, aburrida. ¿Hasta que punto a una persona tan llena de vida y sentimientos le puede llenar una realidad fingida? Sé que muchos de vosotros también sois así, no estoy hablando para nada sólo de mi.

          ¿Cómo hemos llegado al punto en el que fingir se vuelve la postura adecuada? ¿Hasta qué punto nos hemos convencido para mantener unas posturas y actitudes? Pienso continuamente en que siempre concebimos en una realidad juzgada por la gente del presente, y esto nos preocupa; craso error. Nuestros actos, nuestra realidad será juzgada por la gente de un futuro cercano, por gente que estudie nuestra época, no por nuestros padres. Es decir: nuestra vida será juzgada por gente más parecida a nosotros que a la que actualmente nos impone ciertos valores.

          Esta idea se me hace difícil de expresar: somos una generación. Nosotros creamos una realidad que después será estudiada de una manera abstracta, pero en cualquier caso, nueva. Los hippies de los '60, el punk de los '80, el estilo que empieza a destilar los '90... Todos implican realidades nuevas. Nosotros no vamos a ser, a ojos del futuro, ni hippies, ni punkis, ni rockeros... ¡Nosotros estamos creando las nuevas tribus sociales! No sé si se me entiende.

          Somos únicos e importantes, por lo menos para nosotros. Somos una generación que ha podido observar gracias a Internet recónditos de la realidad que habían sido ignorados por muchos de nuestros antepasados. Hemos vivido la sociabilidad de modo casi enfermizo en nuestras ciudades, y muchos hemos tenido la suerte de descubrir a nuestro individuo como algo increíble, potente, digno de admiración y culto. Hemos tenido la oportunidad de conocer gente completamente distinta e inesperada, al igual que gente con la que compartimos tanto que nos asusta.

          Es normal que hayamos sentido cierto miedo, cierta incomprensión hacia el medio. Se podría decir que estaba casi determinado el tomar la actitud de mentir a los demás para hacerles bien. Pero ya está bien. Hemos de crear algo único, irrepetible, algo digno de estudio y análisis. El histrionismo estará patente en ello, pero no puede ser el personaje principal. No debemos fingir para poder ser, o no habrá nada que estudiar en nosotros.

domingo, 19 de febrero de 2012

Las ideas, las personas y el amor

          Soy humano y lo sé. Igual que todos; único como todos. No hay más secreto en el individualismo que en el suicidio. Y claro está que no es lo mismo, pero de todos modos radica en él la esencia de la evasión. Si nos olvidamos de los demás o los subyugamos a nosotros, ya tenemos todas las respuestas. Por lo menos las más importantes.

          El problema es qué, como siempre, cuando algo se vuelve fácil atrae consigo al aburrimiento. El otro, nuestros compañeros, nuestros amigos, nuestra pareja... En todos ellos reside la dificultad de lo inesperado, de lo incontrolable.

          Es lo peor de nuestras vidas, la sensación de que las cosas escapan a nuestro control, de que todo gira, y continua girando, sin tener en cuenta nuestros deseos o peticiones: un sistema lleno de vida que te ignora o te cuida, que es independiente a ti y que subsiste sin tu ayuda. Algo externo a ti que te puede superar, que te puede completar. "El infierno son los demás".

          Por esa misma razón, tras haber hecho apología de la dificultad y el sufrimiento tantas veces, me veo ante la tesitura del amor hacia los demás, de la verdadera relación con el otro. Se me hace importante exprimir esta idea, pues no hay postura que tanto tenga que ver con nosotros cómo la relación que decidamos tomar con los demás. La lucha, el fragor de la batalla, la adrenalina del momento, son sensaciones de lo más apasionantes, pero quizás tan sólo sean sentimientos prematuros.

          No estamos solos, sería una falacia demostrable el afirmarlo. El solipsismo no es una postura y debemos aceptar la importancia del otro. Sin embargo nosotros decidimos nuestro grado de implicación. ¿Qué es más importante, ser único o aprovechar el potencial de los demás? A más te diferencies del resto, menos compartirás con los demás, y por ende, más distante se estará. En dicha situación, ¿cómo puedes esperar conseguir nada del resto?

          Es difícil, eso es lo único que está claro.

          De pequeño fui muy enamoradizo, y aquello vuelve ahora mostrándoseme de una manera inhóspita e inesperada. Al igual que conocía a cualquier chica y un sentimiento de calor y ternura me envolvía, ahora cuando conozco a cualquier persona siempre espero de ella que sea un compañero ideal. Es evidente que nadie lo va a ser; imaginaros pues las posteriores decepciones.

          La idealización es un cáncer para las relaciones sociales. No puedes idealizar a las personas, pues tan sólo obtendrás imágenes deformadas, no ajustables a lo cierto. No puedes idealizar ideas, valga la redundancia, puesto que esperarás cosas que no se pueden obtener. Hemos de ser jodídamente realistas, o la realidad vendrá en estampida a recordarnos donde vivimos.

          Esto, como todo, es una declaración de intenciones. Os he visto. En vuestras casas, en el parque, en el colegio, en la universidad, en el bar, en mi casa, en mi vida... No importa cuantas veces os vea por que siempre llego a la misma conclusión: sois algo externo a mi, algo que no puedo cambiar. Puesto que ya no puedo seguir esperando anteponerme, elevarme por encima de los demás, creo que lo más óptimo será miraros a los ojos, sonreír, y ver de verdad que podéis ofrecerme a cambio de lo mejor de mi.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

En pro de la generalización

          Es normal que a todos nos moleste que nos incluyan en una clase, en una categoría. Entiendo que debemos luchar contra el hecho de que puedan definirnos, limitarnos, incluirnos en cierto espectro, y por lo tanto, que se espere de nosotros ya un tipo de actitudes. Entiendo completamente que esto moleste a cualquier persona que busque en su vida una pizca de autoafirmación e individualismo. Ahora bien, el problema de esto no es la generalización, ni mucho menos. Somos nosotros mismos, como siempre.

          La generalización no está mal. Es evidente que no será nunca correcta al cien por cien; no se puede afirmar una generalización con el mismo rigor que una experiencia concreta. No será jamás una verdad demostrada, pero sin embargo, sí que realiza una función de verdad implícita. Tú puedes estar de acuerdo o no en que se utilice un término para referirse a un cierto tipo de personas, por ejemplo, pero sin embargo es una herramienta muy útil para que ambos interlocutores sepan de que se está hablando. Es cierto que las generalizaciones suelen traer consigo implicaciones negativas: pero ninguna más grave que la de pertenecer, inexorablemente, a un grupo de gente, a una categoría.

          No importa tanto a que tipo de generalización perteneces como pertenecer a una generalización.

          Podríamos prescindir de las generalizaciones, lo entiendo, pero esto haría la comunicación mucho mas ardua y costosa. Sería mucho más difícil disfrutar del manjar que supone una buena conversación. Se podría defender que nuestras conversaciones estarían mas libres de juicios si no utilizásemos generalizaciones, pero... ¿Acaso una conversación profunda no es un juicio justo sobre la realidad?

          Debemos luchar, no por eliminar las generalizaciones, sino en pro de evitar que la gente se alinee. No es tan peligroso que una persona utilice una generalización como que una persona se sienta aludida al escucharla. "No, es que yo soy así y no soy eso". ¿Perdón? Valorate un poco más a ti mismo, estoy seguro de que eres mucho más que eso.

          Cuando se utiliza una generalización es en pro de destacar una cualidad, un aspecto en concreto de la gran diversidad y heterogeneidad que nos aporta la existencia. No debemos olvidar que es una abstracción, vislumbrar una idea y otorgarle un nombre para poder tratar con ella. Tú puedes ser científico, escéptico, místico, hippie, alternativo... Pero jamás deberás sentirte ofendido cuando se generalicen dichos términos, principalmente por que la unión de las diferentes áreas de tu personalidad hacen aparecer nuevos carácteres en ti, con los que no se cuentan para la generalizacion: por lo tanto tu no perteneces a dicha generalización.

          Hemos de preocuparnos en que no se nos pueda catalogar, no en que no se pueda catalogar. Es necesario que pensemos sobre el entorno y en que aspectos cambia y evoluciona la sociedad. Para ello necesitamos de palabras, de denominadores, para poder referirnos a una gente y no a otra: esto nace del axioma de que somos diferentes (aunque posteriormente la gente se inmiscuya en grupos y pierda su valor individual). No debemos permitir que una determinada estética, forma de vida o pensamiento nos devore, nos generalice a nosotros mismos. No podemos permitir que cuando una persona haga una generalización, esté en lo correcto contigo. Ya que, seguramente, será cuando nos ofenda.

          Yo me esfuerzo, lucho por no alienarme con las fuerzas o corrientes que veo que transcurren a mi alrededor. A veces es difícil, ya que es muy tentador entregarse a algo que nos gusta y que dicha forma de vida pase a decidir por nosotros... Pero no, somos mucho más interesantes que eso, podemos dar muchísimo más de nosotros. Podemos pertenecer a cientos de generalizaciones diferentes, sentirte relacionado con cada generalización, pero saber que no eres ninguna en concreto. Has de darle más valor a las partes de tu personalidad que se desarrollen a menor velocidad, ya que si no las cosas que te resulten más fáciles o cómodas serán las que acaben por tomar el control de ti, y perderás toda tu diversidad.

          Hemos de ser más de más y más, no tan sólo más de una cosa. Debemos sentirnos a gusto con las generalizaciones, ya que cuando oigamos una podremos decir: "Entiendo la idea, y por que piensas eso. Estoy de acuerdo. Yo comparto en parte esa realidad, pero..."

lunes, 14 de noviembre de 2011

La motivación del deseo

          Lo que nace de dentro nuestro es lo verdaderamente peligroso. Somos incapaces de tener control sobre nuestro inconsciente, sobre nuestros deseos, ya que por propia definición pertenecen a un sistema que subyace a la consciencia: los instintos, lo animal, pertenece al cerebro reptil que se encuentra bajo la superdesarrollada corteza cerebral humana. Por lo tanto, cada vez que anhelamos algo debemos increparnos. ¿Por que deseamos lo que deseamos? ¿Hay razones para ello? ¿Podrías desear cualquier otra cosa? ¿Tiene que ver contigo lo que deseas o con el entorno? ¿Tiene que ver con algo, siquiera?

          "Podemos decidir hacer lo que queramos, pero no podemos decidir querer lo que queremos."

          Deben existir nociones y tendencias personales que nos hagan desear más unas cosas que otras. Estas existen mucho antes de que seamos conscientes de que nos gusta algo o no: cada nuevo deseo realmente está precedido de toda tu experiencia personal, tanto consciente como inconsciente. No es fácil empresa destilar los verdaderos factores personales del por qué.

          También creo en la importancia de la situación, del entorno, como único factor desencadenante de nuestros caprichos y decisiones. Las relaciones personales, lo que consumimos intelectualmente hablando, de lo que oímos hablar y hablamos... Todo eso nos forma, y tampoco se puede decir que, directamente, formen parte de nosotros. Por tanto es necesario la crítica tanto del yo como del entorno siempre que queramos encontrar la verdadera motivación del deseo.

          Parece que aquí uno peca de racional, pues necesitar entender la pasión para disfrutarla puede llegar a ser una gran traba. Pero no estamos hablando de como vivir una pasión (eso queda en el ámbito íntimo y personal de cada uno), sino de qué cosas hemos de permitir que se instalen en nosotros como deseos. Tratar de encontrar un sistema que nos permita desechar impulsos que estén en contra de nuestra persona consciente, o que vengan de partes de nuestra persona que no nos gustan. Todos tenemos influencias malas en nosotros mismos y en el exterior, y debemos saber de que fiarnos y de que no.

          Es difícil, y jamás intentaré negarlo, conocerse; y mucho más difícil conocerse bien. Nunca sabremos, hasta que haya pasado el tiempo, que cosas debíamos haber elegido, y será todavía más difícil decidir en que cosas nos equivocamos. Somos seres que tendemos a autojustificarnos, convencernos de que realmente deseamos lo que hemos elegido, aunque no sea así: es evidente que tenemos que luchar por nuestras elecciones, pero también tenemos que saber aceptar cuando un impulso en nosotros es negativo; para nosotros o para los demás.

          Considero que no hay nada más agradable que darte cuenta de que estás de acuerdo con tu pasado, y que si no todas las decisiones fueron buenas, por lo menos fueron de las mejores. Debemos pensar que el tiempo pasará, y nuestro yo del futuro juzgará nuestras acciones; y sin duda será el juicio más duro y nos afectará más que ningún otro. En esta vida hay que rendir cuentas, y si nosotros somos nuestro propio deudor, mejor que mejor. Estamos condenados a desear cosas, a tener esperanza en la vida y esperar algo de ella. Como no podemos escapar a tal cosa, lo mejor es esforzarse en que dichos deseos, en que el desarrollo de tu persona, de tus vivencias, siga el camino que tu conscientemente creas, y no el que los estímulos, tanto internos como externos, deciden por ti.

domingo, 6 de noviembre de 2011

El mundo cambiante

          Estoy dispuesto a sacrificar todo lo que tengo por lo que deseo. Nada permanece por siempre y todo es efímero. La realidad cambia y debemos adaptarnos al cambio. Hay que ser sagaces para desarrollarse en una realidad caótica. Pese a ello, la idea de meta o aspiración es constante durante toda nuestra existencia. Hemos de prosperar en nuestra vida para sentirnos realizados, satisfechos con ella. Cualquier sentido es cierto siempre que se lleve a cabo, siempre que se realice. Hemos de ser nosotros mismos para existir.

          Pero nuestros paradigmas cambian y nuestra realidad con ellos, al igual que nuestra persona. Evolucionamos, somos seres distintos cada mañana. Somos una prolongación de una existencia anterior, y por tanto, distinta. Nuestras aspiraciones continúan, pero siempre con un extra de experiencia, lo cual nos permite discernir entre lo realmente importante y lo que es innecesario: cuando deseamos algo suele ser tan sólo un aspecto de su conjunto. Por lo tanto, nuestras aspiraciones también evolucionan, y análogamente, nuestra forma de tratar el entorno.

          Las cosas tienen el valor que les den las personas, nada más. Hemos superado la supervivencia, la hemos eliminado como problema vigente. Toca generar todo un nuevo mundo de valores en relación a nosotros mismos. Un mundo cambiante, dinámico, donde todo se rige en función de nuestros deseos. Se genera un mundo diferente con cada nueva aspiración, mentalidad, cambio... Lo que resultaba importante en un momento pasa a ser banal en otro. No has cambiado una cosa por la otra: has destilado lo importante de una idea primigenia, prematura.

          Hemos de tratar a la realidad de una forma seductora, en la que las situaciones se entrelacen con nosotros como en un gran baile. Disfrutemos de ellas, pues tan solo tienen sentido en ese instante. Llegado el momento te darás cuenta de que todo aquello fue estúpido, o hubiese sido mucho más óptimo de otra manera: lo que nos permite pensar que valió la pena es haber evolucionado hasta poder darte cuenta de que era realmente importante y que no, el saber no quedarse con todo.

          Hay que ser críticos con la realidad, saber juzgarla a ella y sobre todo a nosotros mismos. Cuando nos quedamos en la comodidad de pertenecer a cierta clase, idea o estética, nos estamos reduciendo a una parcela muy pequeña de la realidad. Es evidente que siempre vamos a simpatizar con unas cosas más que con otras, y vamos a ser de una determinada manera, pero esto no nos debe hacer olvidar que debemos cambiar y continuar para conseguir ser nosotros mismos.

          Definirse es ponerse limites, generar constantes también. Hemos de aceptar el cambio como algo inexorable a la existencia. Cuanto más hayamos recorrido diferentes caminos, mas preparados estaremos para un camino posterior y desconocido.

lunes, 24 de octubre de 2011

Mi adolescencia alertargada

          Por diversas razones y situaciones, en parte elegidas, a lo largo de mi vida decidí ser más mayor de lo que realmente era. Nunca supuso un grave problema, pues pude relacionarme correctamente con gente mayor que yo y desarrollar interés por temas quizás distintos. Todo ello lo considero un regalo que mi persona pudo otorgarme. Jamás cambiaría algo así, pues me permitió conocer mundos distintos a los que no hubiese optado de otra forma.

          Pese a ello hay una insalvable consecuencia, dada por la diferenciación que generas con la gente de tu edad. Ocurre que te saltas "periodos" de tu vida, etapas que todo el mundo ha pasado y que, aunque quizás algo infantiles, parece que tienen su gracia. Nunca supone un gran problema, ya que has tomado las riendas de dicho destino, pero siempre es algo de lo que te percatas.

          Ahora bien, ¿se puede escapar al ciclo del aprendizaje? Me refiero, toda etapa en la vida tiene su sentido a la hora de formar a la persona. Unas más que otras, claro está, pero en todas subyacen unas ideas que nos permiten evolucionar como individuos. Por lo tanto, cualquier perdida de situaciones conlleva una decadencia de nuestras posibilidades. ¿Significa esto que una etapa perdida no es recuperable? Para nada.

          Podemos tomar las actitudes que deseemos frente a la vida, y no llevar el mismo "ciclo existencial" que el resto. Porque no dudo que dicho ciclo normal beneficie a muchas personas, pero no tiene por que ser el mejor para ti. Y además, esto tiene una enorme ventaja.

          El vivir una misma etapa que los demás pero en otro momento, te otorga una visión más objetiva de la misma. Eres capaz de desarrollarla en un mayor grado de conciencia, disfrutarla más y sacar más provecho de ella. El aprendizaje se adquiere mejor si se sigue un sistema, y en la vida no es diferente. Si tú eres consciente de por qué estás en una situación y no en otra, podrás moverte mejor en ella. En cambio si tan solo la vives porque la masa coincide en ese instante, siempre estarás más perdido.

          Mi experiencia personal reside en que mi adolescencia aletargada, la se cual mantuvo mucho tiempo al margen, aparece ahora con toda su exaltación del yo, el gregarismo, el hedonismo, la tontería, etcétera, y está siendo vivida de una manera mucho más consciente, racional y consecuente que de ningún otro modo. Mi conocimiento previo y la observación de gente que ha vivido esta misma situación me permite elegir hacia donde encaminarla, en qué invertir energía. Esto se extrapola a cualquier tipo de orden, donde vivas tu vida del modo que consigas más de cada situación, evitando siempre eliminar ninguna.

          Cada persona tiene su sistema, su forma de hacer las cosas y de evolucionar. No se puede coartar una mejor evolución por querer poner las cosas en un determinado orden. El único compromiso existente es el de ser mejor persona.

martes, 11 de octubre de 2011

Libertad evolutiva

Tengo que aceptar un paradigma en el que tomar decisiones, vivir una vida, ser yo mismo, implique que tengo libre albedrío.

Esto en si mismo puede suponer una falacia, dado que somos seres biológicos con unas determinadas características, hemos crecido en un determinado entorno y estamos sujetos a unas leyes físicas. Todo parece abocado al total mecanicismo, en el que poco o nada importa quienes seamos nosotros o cuales sean nuestros pensamientos. No podemos considerarnos más que una ingeniosa obra de la evolución, en la que sagazmente se introdujo la idea de libertad para que sus individuos pudiesen desarrollarse óptimamente. Y ahí está el quid de la cuestión.

Todo lo anterior es completamente cierto, y no podemos dudar de la biología, de la física o de la antropología.

Pero una cosa no quita a la otra, ya que fue la evolución la que nos dotó de nuestro idiosincrático individualismo, de nuestra realidad personal, características de las que carecen el resto de animales. Curiosamente, somos también la especie que ha proliferado de una manera más que exponencial y óptima, sin duda siendo la raza humana la que menos dificultades tiene para la supervivencia, en el sentido estricto de la palabra. Es decir, necesitamos de nuestra personalidad para desarrollarnos como el tipo de animal que somos, y también contamos con que la especie humana es la más desarrollada culturalmente.

Tampoco podemos olvidar la enorme importancia de la cooperación. La gran habilidad del ser humano para interrelacionarse con sus congéneres, con el propósito de evitar el mayor mal posible, también nos ha permitido evolucionar en conceptos que van más allá de la manada. Pero no podemos olvidar que si hemos desarrollado tanto dicha capacidad de trabajo en grupo, que por supuesto también poseen los animales, es por el hecho de querer siempre aspirar a más de lo que se es. Y esto, sin lo anterior, es imposible.

¿A donde quiero llegar?

Bien, parece claro que para desarrollar una sociedad evolucionada culturalmente necesitamos de individuos libres, individuales, pero con un fuerte sentimiento de cooperación y trabajo en grupo. De acuerdo, pero, ¿no choca esto con la premisa de que somos unos individuos completamente atados a nuestra realidad? ¿Por qué de repente tenemos que adjuntar la supervivencia del ser humano a la personalidad de sus individuos? ¿Pero que clase de locura es esta?

Tan sencillo como que necesitamos de la libertad para existir. Nuestras decisiones, en instancia última, serán tomadas por nosotros mismos, y nada es capaz de evitar eso. Es cierto que somos un cumulo, un batiburrillo de diferentes mixturas, y esto no tiene por que quitarle sustancia al asunto. Todo lo contario: no está nada claro que seas libre, por lo que has de esforzarte por conseguirlo. Has de luchar en cada momento contra ti mismo, para querer realmente lo que quieres, para ser realmente lo que eres.

La libertad ha de ser un error en las premisas que tenemos que admitir por el mejor funcionamiento del sistema. Una evolución biológica: un fallo que termina siendo positivo.

jueves, 22 de septiembre de 2011

El disparo en la cara de Jack

          Conforme vemos pasar nuestra vida, nuestras aspiraciones crecen a pesar de que las oportunidades se van reduciendo. "Dale el suficiente tiempo y el porcentaje de supervivencia baja a cero." Aun así nos esforzamos, en la medida de lo posible, en alcanzar dichas metas, conseguir nuestros propios logros y "aclimatarnos" a nuestro entorno. Pero... ¿es esto suficiente? En el supuesto de que estuviésemos equivocados, ¿tendrían esos méritos alguna importancia?

          En nuestra sociedad, hoy en día, deben haber muchísimas personas como Jack, mucho nihilista pasivo. Y eso no supone mayor problema a nivel general, ya que mientras sigan viviendo, mientras no les falten los medios de una sociedad moderna, no habrá ningún problema. Pero, ¿hasta que punto esa persona esta desaprovechando un potencial humano que, desde una perspectiva socialista, deberíamos poder disfrutar todos? Por no hablar de la satisfacción que a él mismo le producirá.

          Jack, en un intento de subsanar tal deficiencia, crea a su alter-ego Tyler Durden. A rasgos generales, es todo lo que él desearía ser. "Me veo como quieres verte, follo como te gustaría. Soy listo, capaz y, aun más importante, libre en todos los aspectos que tú no lo eres."

          Por desgracia, termina por perder el control, y lo curioso es como Jack se libera de él. Fue bien sencillo: si Jack era Tyler, si no Jack, no Tyler. Y se disparó en la cara.

          Este tiro no le mata, pero sí acaba con Tyler. El tiro simboliza el control que toma de si mismo en ese momento, superando todos sus miedos y aceptando qué a lo único que se tiene que enfrentarse es a su libertad. Y solo en ese instante, deja de ser necesaria su enajenación, es capaz de terminar con todo su metamundo y enfrentarse a la realidad en la que se encontraba.

          Todos, de algún modo, necesitamos ese alter-ego, esa aspiración perfecta, ese Dios que seriamos nosotros. Pero esto no puede devorarnos, como ninguna otra cosa en la vida, a la cual hemos de enfrentarnos con toda nuestra ferocidad, fuerza y decisión, aceptando que si debemos de hacer algo, debemos hacerlo. Si no se tiene la fuerza de voluntad necesaria, uno dejará de tomar sus propias decisiones, y otras fuerzas le arrastraran. En ese momento el precio a pagar por su liberación, quizás, sea demasiado alto. Por esta sencilla razón, cualquier acto, por descabellado que parezca, puede tener toda su lógica interna y utilidad, ya que puede significar la diferencia entre ser un esclavo o no.

          Es importante ser lo que deseamos, por una simple relación de igualdad entre lo felices que somos y el bien que podemos hacer a los demás. Cuanto más potencial tenga una persona, más bueno podrá ser con el resto. No necesitara crear enajenaciones tan firmes que modifiquen su propia existencia. Y en ese momento, se será libre.

          "La libertad no hace felices a los hombres, los hace simplemente hombres." - Manuel Azaña

lunes, 19 de septiembre de 2011

Sobre la Interiorización

          Deberíamos aplicar nuestros conocimientos teóricos, adquiridos a lo largo de nuestro aprendizaje, para desarrollarnos en nuestro día a día. Ya no tan sólo por el capricho de tener acceso a un mayor número de realidades, sino por la intrínseca necesidad humana de sentir que no estamos desperdiciando nuestro tiempo.

          Necesidad "humana", al menos, en el sentido idílico en el que podemos utilizar la palabra.

          No podemos, y por lo tanto no debemos, limitarnos a un título académico, sea el que sea. Un conocimiento no tiene ninguna utilidad si no se sabe aplicar, si no se es capaz de entenderlo. Ya no necesitamos entes que conozcan muchos datos, ni si quiera muchas cosas, ya que el boom informativo de Internet, del cual no haré incapié por ahora, ha dejado a nuestra disposición una cantidad ingente de contenidos.

          Lo que se necesitan son Sistemas. Sistemas de pensamiento. Estructuras por donde tu mente divague hasta ser capaz de encontrar una solución, sin importar del índole qué sea.

          E ahí la importancia de la interiorización de nuestras ideas, de nuestros conocimientos, de nuestros patrones. Ya no por el simple hecho, pero ya no tan humilde, de que queramos ser buenos profesionales en nuestro campo, sino porque no puede haber mejor capacidad que la de poder vivir más nuestra vida.

          Y de nada más que eso versa la importancia de que sepamos qué estamos haciendo y por qué lo estamos haciendo. Cual es nuestra hipótesis, el por qué de ella y a donde queremos llegar. Porque sin un método, sin un Sistema, no podemos ser capaces de potenciarnos a nosotros mismos, y por ende, no podremos aprovechar, como deberíamos, nuestra vida.

          Poder tratar la existencia como un problema qué hay que resolver de forma óptima, pues no sirve tan sólo resolverlo, y aplicar en ello todo lo que sabemos, conocemos y hemos vivido, nos dá la increible capacidad de optar a más posibilidades, poder cursar diversos y diferentes caminos; en resumen, la capacidad de ser más nosotros.

sábado, 17 de septiembre de 2011

La libertad de [...]

          Me siento libre; soy libre. Como si estuviese muerto. Pero vivo. Sin ataduras, sin motivos, pero insaciable. A penas es concebible. Palpito de pensarlo, de sentirlo, de vivirlo. Mi corazón late rápido por el simple hecho de mi existencia. Palpita. Estoy vivo.

          Viajo por los sinsentidos de un mundo al que veo desde las alturas, como el águila, como un ave rapaz que sobrevuela las increíbles y majestuosas montañas; las personas, el ambiente, el entorno. Todo me apasiona. Las vistas son infinitas; y yo, me alzo sobre ellas.

          Quizás este atrapado en un vuelo interminable, indefinido. Condenado a vagar por la existencia. Pero sonrío. Soy soberano de mi vuelo. Dueño de mi viaje, de mi. Exhalo complacido, la sensación, casi orgásmica, mantiene el concierto de mi corazón. O tal vez sea el desconcierto: desequilibrado, azaroso, caprichoso. Todo es demasiado inmenso, demasiado grandioso. Al alcance de cualquiera, pero no destinado a todos ellos.
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Escrito automático.