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viernes, 7 de diciembre de 2012

Problemas ajenos



          Suponiendo tener una vida emocional elevada, dónde percibimos nuestro entorno conscientemente y sentimos en él, parece fácil abrumarse dado el dolor y desamparo que existe a nuestro alrededor. Siendo feliz ésto no desaparece, dada que la realidad de otros puede seguir siendo miserable, gente de tu alrededor, incluso gente importante para ti. Lo que tú consigas no servirá para cambiar éso, y en muchas ocasiones toda la ayuda que puedas prestar no será suficiente. Hay que dar lo mejor de nosotros por nosotros y para el resto. Aun así, en muchas ocasiones, no será suficiente.

          Es difícil decidir qué hacer con este dolor, este desgarro. No nos podemos permitir tratar sólo con gente perjudicada, pues éso exprimiría nuestra energía. No puedes olvidarte de las personas que tienen una situación desfavorable. Tampoco puedes permitir caer tú en un pozo. Entonces, ¿qué?

          ¿Y cuál es la respuesta cuando experimentas que dicha concepción del sufrimiento humano no es compartida por todo el mundo? ¿Qué haces cuando hay individuos que no lucharían por mejorar su entorno, por conseguir ser todos más felices? ¿Cómo actuamos cuando vemos que hay personas a las que les da igual? No les importa la situación ajena, en muchas ocasiones no son conscientes ni de la propia misma.

          Esta ignorancia del medio y de la interacción con el mismo es lo que nos hace fallar. Todos desconocemos de cuanto rodea, no somos omniscientes ni mucho menos. Nuestra responsabilidad es tratar de despejar esta incógnita para tratar de resolver el mayor número de problemas posibles, y no para ignorarlos o perpetuarlos.

          Sólo construyendo un entorno mejor, dónde la gente trate de solucionar los problemas de todos y el medio esté lo más despejado de problemas y tormentos, sólo entonces conseguiremos ser libres para interactuar y pensar, dar y recibir.

          Mientras por cuestiones externas al individuo, o lo que siempre es peor, internas a él; mientras unos pocos decidan seguir en esta especie de ignorancia y desprecio hacia lo ajeno y sus problemas; mientras no pongamos todo nuestro empeño en hacer de este mundo y de nosotros algo mejor; mientras tanto, sólo unos pocos lo conseguirán, y sobre ellos estará la responsabilidad de liberar al resto, de convertirlos en hijos de Sion, de marcarles con el estigma de Caín. Sólo en conjunto se conseguirá la máxima elevación.

domingo, 2 de diciembre de 2012

El Fénix del tiempo


          En la vida se pierde: inocencia, juventud, fuerza... Nunca sabemos a partir de qué momento las cosas sólo irán a peor. Todavía soy joven, el mundo para mi es un diamante en bruto. Un día éso dejará de ser así. Llegará, y serán otros quienes tengan las oportunidades del mundo frente a ellos esperándoles, deseándoles.

          Subido en este tren pasan imágenes de compañeros, amistades, lecciones y relaciones. Siento quedan atrás. No han sido en vano, pues siguen en mi, son mi forma. Tampoco son presentes, jamás volverán a ser palpables. Cada recuerdo irrecuperable es un tesoro que sólo el olvido podrá arrebatarme. La imposibilidad de recuperar lo perdido, sin embargo, ancla a esta especie de "imposibles".

          Las nuevas situaciones se suceden. No hay día en el cual la belleza no nos grite, reclame, nos busque para incitarnos a vivir aventuras. Lo viejo se refleja en nuestra nueva vida y evoca lo perdido. Unas veces es dulce, otras nos hiere demasiado, nos vuelve incapaces de abrazar lo presente. Un sesgo imbatible y consciente, preocupaciones y anhelos que nos vuelven estáticos, soñadores de un yo antiguo.

          Hay demasiado ahí fuera, demasiado por explotar y vivir como para considerar que ya se encontró lo que nos define como persona. En cada individuo, lugar o afición se puede destilar algo más puro de nosotros mismos, refinar nuestro producto. Jamás se habrá vivido demasiado para aprender, para evolucionar. El pasado sólo debe servir de recordatorio, no de guía.

          Somos mejores a cada momento si hemos sabido dirigir correctamente nuestra vida, si la nobleza ganó la partida a la mezquindad. Antaño algo pudo parecernos lejano a nuestra esencia, pero quizá llegamos ya a la llanura donde convertirnos en algo nuevo. Como el Fénix, que renace de sus cenizas joven, brillante, puro, nosotros reduciremos nuestro pasado a gasolina, combustible de una nueva vida, de un nuevo yo, de una más digna aspiración. Desplegaremos nuestras alas, levantando la cabeza por encima de todo aquello que vivimos, con la mirada fija en el nuevo horizonte a conquistar.

miércoles, 18 de julio de 2012

Sensaciones del lenguaje

          En nuestro vano intento de comunicarnos utilizamos expresiones, un lenguaje concreto, buscando transmitir una determinada sensación, esa misma que a ti te sugiere tu pensamiento. Se tiene una idea antes de transmitirla, al menos preconcebida, y hemos de traducirla a nuestro idioma con estos medios. Pero la sensación que a nosotros nos transmiten las palabras está ligada a nuestra realidad subjetiva, más cuanto menos se ha leído y se desconozca la propia lengua. Así pues, hablamos más con nuestras experiencias personales y las ideas que éstas han dejado en nosotros que buscando un verdadero fin en la comunicación.

          Hemos de cuidar, entonces, este aspecto de la comunicación. El grado de entendimiento al que lleguemos con otra persona estará unido al entendimiento que tengamos de ella misma. Sólo preveiendo las sensaciones que emergerán del otro al escucharnos, en función de sus recuerdos, experiencias y construcciones mentales, se podrán diseñar las oraciones óptimas para alcanzar nuestro propósito.

          Es de importancia recalcar que no me refiero a la situación como modelizador del lenguaje, sino a la persona. Ésta es la que percibe el evento activo de la comunicación, y la que interpreta lo que hemos querido decir en relacion a lo que hemos dicho, pues claro está que nuestro lenguaje es primitivo y, en muchas ocasiones, poco útil. Bienvenida será la era en la que podamos transmitir nuestros pensamientos con total fidelidad.

          Ahondo en el concepto de "sensación" dado que éstas son las que nos ayudan a formar las diferentes ideas que tenemos sobre cosas. Un mismo hecho, una misma realidad, puede despertar en nosotros muy distintas sensaciones, y éstas posteriormente generarán nuestra percepción de las cosas. Añadamos a ésto que cada individuo tiene su sistema a la hora de recibir y clasificar la información, y es única creando sus propios pensamientos. Saber generar las sensaciones, y por qué no, emociones necesarias, ha de ayudarnos en la heroica labor de comunicarnos y, por ende, de entendernos.

domingo, 27 de mayo de 2012

Educación y madurez

          ¿Hasta dónde vale la pena seguir luchando? Somos animales y nuestras energías menguan, se agotan con el paso del tiempo. Todavía es pronto para decirlo, pero los años son una realidad más que vigente, y uno ya no goza del ímpetu o la ignorancia primera de la adolescencia. El idealismo, la batalla feroz contra lo indeseado, lo cambiante de nuestra personalidad... Todo éso pasa, en mayor o menor grado, y queda sustituido por la tranquilidad o el sosiego de la madurez. Nuestra realidad cambia, y pasa a ser otra más tranquila, monótona, sin altibajos. Aceptar lo que eres y a los demás, principalmente. ¿Por qué?

          La educación que nos ofrecen nuestros padres conforman un primer marco de lo que sería nuestra existencia. Aprendemos a recibir y tratar la realidad según unas pautas y cánones que nos son transmitidos a través de ellos. Es importante saber valorar las enseñanzas de nuestra familia. Ahora bien, jamás hay que olvidar quienes son nuestros padres, y que al igual que nosotros, son personas, con sus manías, sus problemas y sus visiones idiosincrásicas de la vida.

          La idea primera que nuestros padres nos otorgaron de la vida ha de cambiar, evolucionar con el paso de los años. No estancarse en los conceptos que decidieron mejores para tu educación es vital para poder acceder a todo aquello que tus padres no tuvieron la suerte de poder: has de mejorar el material bruto que te dan tus padres.

          Ésto es algo que todos compartimos: una familia, sus ideas, manías y dificultades. Más tarde entra en juego un factor más ligado al ambiente, al lugar de procedencia del individuo: su ciudad, su pueblo, su colegio, sus amigos... Todo ésto, sin ser parte de una enseñanza tan directa como la que conforma la familia, juega un papel indispensable en lo que supone el choque de distintos paradigmas y situaciones en esta vida: toda persona, al igual que uno mismo, ha tenido unos padres que le han enseñado qué está bien y qué está mal. Da igual que se viva en una misma cultura, población o gente con un determinado tipo de vida, dichas enseñanzas podrán diferir unas de otras tanto como tipos de personas hay. La enseñanza recibida por parte de los padres siempre estará más o menos presente, en función de la independencia de la persona.

          Así pues el problema de la personalidad transmigra al problema educacional, y más tarde forma un papel indispensable a la hora de la creación de un paradigma individual. Hay que ser conscientes de cómo las personas estamos empapadas de un sesgo cognitivo u otro, debido a nuestra educación, y que como individuos siempre hay que estar atentos para evitar caer en los mismos errores del pasado. Nuestros padres no estarán de acuerdo con muchas de las cosas que hagamos, pero en su mayoría por una falta de comprensión o comunicación. Todos somos hijos de alguien, y hemos mejorado la especie con nuestra existencia. Pero sólo los mejores son capaces de tener hijos y crear con ellos algo mejor que lo que precede.

          En la relación con los demás se hacen patentes estas diferencias de base entre unos y otros. Mientras un determinado grupo de personas carece de un conjunto de habilidades que tú puedes considerar primordiales, a ojos de otro observador le puede parecer correcto y suficiente su compendio de capacidades.

          Ya no tiene que ver con el individuo, su evolución o su personalidad, sino con aquello que le forma desde la base, desde un punto de vista inconsciente, que quizá incluso ellos desconocen. La educación recibida subyace a todas las ideas y actitudes que podamos tomar, y si no se controla, pasan a ser las ideas y actitudes en si mismas, sin poder nosotros elegir qué es mejor para nosotros o qué tipo de cosas nos gustaría hacer o juzgar. Cuando la gente se abandona a lo aprendido, a la base que ha recibido durante toda su vida, se vuelve incapaz de evolucionar, de comprender e interiorizar nuevas formas, ideas o conceptos. Es más difícil la evolución cuando se ha encontrado un nicho donde vivir. Por eso el crecimiento implica cierta tranquilidad, pues habiendo encontrado una forma de vivir que nos ha permitido sobrevivir, ¿por qué íbamos a experimentar cosas nuevas?

          Hay que tener cuidado en cómo nos relacionamos con el resto, sabiendo siempre valorar de donde viene cada persona y qué vida puede haber tenido. Cerrarse frente a los nuevos estímulos y vivencias puede ser uno de los pocos factores negativos de la madurez. Hemos de evitar sentirnos con esa plenitud en las formas, jamás considerar que hemos encontrado un nicho social lo suficientemente bueno, pues sólo significará que nuestros sesgos han tomado el completo control de nosotros.

domingo, 29 de abril de 2012

La pequeña aristocracia

           Antes de comenzar me gustaría aclarar que durante todo el texto defenderé una postura dirigida a los pequeños grupos de personas o comunidades. Con ésto me refiero a un grupo de amigos, una familia, un grupo de trabajo, una finca con sus correspondientes vecinos... Desde luego la aristocracia a un nivel social es muy difícil de esclarecer, ya que siempre estará el sesgo de quien elige qué es la aristocracia. Por otro lado, en grupos pequeños, quizá no lleve más de una tarde aclarar que significa, para ese grupo, aristocracia. Una vez aclarado esto, y evidenciando que no voy a defender ningún régimen fascista, que sé cómo os gusta buscarme las cosquillas(y cómo yo lo disfruto), comienzo.

          La grandeza de espíritu parece haberse perdido a causa del materialismo imperante en nuestro días. Teniendo al alcance de nuestra mano bienes y servicios que nos facilitan la vida, y habiendo escapado de los regímenes tribales, parece haber perdido valor la postura del hombre que protege y se sacrifica por el grupo, que lucha contra las adversidades de todos aunque sea muy a su pesar. Esa voluntad de sacrificio ha sido vetada, y sustituida por un egoísmo simplón y banal, con ciertos toques de humildad enfermiza.

          El egoísmo no sería un problema en si, dado que es algo natural en el ser humano. Lo negativo es la despreocupación por la vida en comunidad. ¿Por qué abandonar esta posición alfa que tanto puede beneficiarnos a nosotros y al resto? ¿Por qué no ocupar un puesto dominante en nuestras relaciones, cuidar nuestro entorno y de las personas que queremos? La gente ha relacionado directamente las posturas poderosas con la gente despreciable. Por lo general, a la gente no le gusta sentirse cerca de alguien con más poder o autoridad, sobre un grupo o sobre uno mismo, y prefieren relacionarse con gente más ignorante de cómo funcionan las cosas o despreocupado de las personas en si mismas.

          Pero más allá de lo que pueda sentir la gente hacia estas personas, pues siempre se ha sabido que la envidia destruye las relaciones, me pregunto por qué la gente, individualmente, no desea obtener este tipo de posturas más cercanas al papel de jefe de tribu que de consumidor del McDonalds.

          ¿Será una cuestión de responsabilidad? ¿De miedo a la responsabilidad? Ostentar una figura importante, tener la obligación de cuidar del resto, conlleva tener que entender a tu gente y trabajar con ella. No siempre saldrá bien, serás tú quien tenga que cargar con las culpas. Quizá tú sólo tratabas de buscar un bien mayor, pero eso no sabrá verlo siempre todo el mundo, y se achacarán los problemas causados a tu persona, no a la situación o la casualidad. "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad", y pocos poderes habrán más grandes que la seguridad y la firmeza del carácter, y la idea de tener que ayudar al resto de la gente con ello.

          También está el problema de que es algo muy mal pagado, y no estamos hablando económicamente. Quien no tenga esa misma fuerza de voluntad que tú, y aunque lo que digas y hagas les parezca bien, siempre se criticará tu postura digna e inquebrantable. Duele mucho ver a alguien dando ideas a un grupo, dirigiendo la situación, cuando el observador es una persona que no puede dirigirse si quiera a si mismo. Así pues mucha gente no aceptará estas posturas más potentes, y siempre abogarán por personas más humildes y menos altivas. Este tipo de personas son fundamentales, pues sólo se puede mejorar a través de la crítica que nos obliga a ser mejores. Por otro lado, si la crítica se convierte en algo personal, olvidando de nuevo la necesidad de un bien mayor por el grupo, estará olvidando que sólo se perjudica a si mismo y al resto.

          Todos somos conscientes de que existen estos tipos de líderes en nuestras pequeñas comunidades. Personas con una carisma o fuerza especial que anima a todo el grupo a hacer cosas mejores y cuida de ellos. Ahora bien, no está muy claro que les parezca correcto. Se disfruta de la existencia de estos individuos, pues trabajan por la cohesión y bienestar de las personas, pero desde un punto de vista teórico, la gente no lo acepta, y le parece una injusticia, ya que no todo el mundo puede gozar de esas cualidades necesarias. ¿Por qué? Todos podemos leer, estudiar, conocer, volvernos personas más firmes, humanas y convincentes, todos podemos convertirnos en alfa. Sin embargo, esto conlleva un esfuerzo, por tanto un sacrificio, y como ya hemos dicho al principio, la capacidad de sacrificio de nuestra sociedad actual es nula.

          Hemos de abogar por estar rodeados de gente fuerte, o al menos de gente que nos aporte felicidad y cosas buenas a nuestra vida. No podemos aceptar a parásitos sociales en nuestros grupos, que se nutran de nuestras ideas y experiencias, y después no quieran trabajar en si mismos para poder enseñarte algo a ti después. Nadie es "líder" en todo momento, pero si estamos esforzándonos en mejorar, en gozar de una grandeza de espíritu, sí seremos los mejores en un determinado momento, y entonces se será ese director, ese jefe preocupado por la supervivencia del grupo y el bienestar de sus integrantes.

          Parece que esté mal considerarse alguien que puede hacerle un bien a los demás. Parece que esté mal explicarle a alguien que debería hacer si quiere sacar más provecho de su vida. A la gente le molesta alguien con esta soberbia, aun cuando sólo da consejos y no órdenes. Les preocupa más ese sentimiento infantil que el provecho que podrían sacar de analizar las posturas que se les presentan. Prefieren obrar de sentimiento, y perder oportunidades, que aceptar la superioridad del otro y aprender de ello.

viernes, 27 de abril de 2012

Los otros

          Aquellas incongruencias propias de la ignorancia y los instintos, que pude llegar a controlar en el pasado, como el deseo ferviente de relación humana o la necesidad del cariño incondicional de otros, reaparecen en un estadio mucho más elevado de mi personalidad. Tras mi carrera y evolución personal, tras todo mi empeño en conocer más y en adquirir una autonomía individual, sigue doliéndome no gustarle a determinadas personas, no ser capaz de despertar en ellos un interés ulterior. Por mucha individualidad y capacidad para la soledad que haya desarrollado, ésto continúa devanándome los sesos.

          Tratando de darle una explicación al por qué del torrente de sentimientos negativos, que tanto puede chocar contra mi postura positivista, me encuentro frente a un Marzo que busca algo más en sus relaciones sociales, donde el placer y el interés puedan pasar a un segundo plano, y lo importante pasa a ser el sentimiento motor. Este nuevo yo, o quizá mi primer yo, necesita alguien con quien compartir toda su vida interior, tan rica y llena de matices, que tan diferentes considero del resto. Contemplo toda mi evolución como medio para poder aportar algo a los demás, para resultar un individuo digno en existencia, que sea capaz de enseñarle algo al otro. Quizá no quiera más que compartir todo aquello que he aprendido y tan feliz me hace.

          Así pues, salto a la siguiente incógnita, la cual se vuelve más incisiva y peligrosa. ¿Por qué, entonces, no se da esa situación de bienestar esperada? ¿Por qué, al parecer, tienes tan poco que aportar al resto? ¿O por qué al resto le importa tan poco lo que les puedas aportar? El problema pasa al plano de la culpabilidad, de buscar razones fuera del yo.

          No me importa todo el mundo, me parece algo redundante aclararlo. Me esfuerzo continuamente en discernir sobre quién puede valer la pena y quién no, pensar tras meticulosa observación qué cosas buenas podrán tener las personas, y cuál será el grado de relación a buscar con ellas. Necesito sentir que hay gente capacitada ahí fuera con la que puedo compartir ideas y sensaciones, con quien puedo compartir este absurdo recuadro de espacio-tiempo que sufrimos; con quien pueda reírme. Al final se convierte en la simple postura de querer dar al otro, e incluso se podría decir que guardo una postura muy cristiana últimamente, sólo que mucho más estricta a la hora de esclarecer quien es mi prójimo. Pero una vez encontrado a un semejante, encontrado ya el individuo con quien se querría disfrutar, ¿cómo se hace para transmitir ese flujo de ideas hacia la otra persona? ¿Cómo acercarte a una persona de una manera tan racional?

          La gente obra de sentimiento, y sólo después generan sus razones en pro de justificar sus actos. Las personas esperan relaciones humanas completamente basadas en el sentimiento. Y el sentimiento, pese a su gran poder, suele aparecer con el tiempo, con el rodaje y el lijado de las relaciones. Pero me remito a una idea mencionada ya anteriormente: ¿qué mérito tiene ser un esclavo de la simple situación? ¿Por qué tener que esperar a que el tiempo haga su sucio trabajo? ¿Por qué no elegir conscientemente que hacer con nuestra vida? Debería haber algo más allá de la simple casualidad en nuestra vida personal.

          No olvido que esto es un análisis subjetivo, y que jamás se puede llegar a entender del todo las acciones e intenciones del otro. Aun así, considero que la persona tiene mucho más poder sobre la vida y sobre sí misma del que concebimos, y que no es justo abandonarse a la vida cuando se tiene el poder de tomar el control sobre ella.

          Quiero a mucha gente, y cada vez más quiero a más gente. Los sentimientos se vuelven profundos en mi, y con la razón como directora, avanzo cada vez más en mis relaciones. La profundidad que busco en las personas es encontrada con más frecuencia, y la gente crece y pierde el miedo a hablar de determinados temas. Pese a ello, sigo observando mucho potencial desperdiciado, mucha gente con un poder inconmensurable que sigue privada de su autonomía por culpa de unos pocos desgraciados que les habrán obligado a convertirse en eso.

          Rebeláos, pero rebeláos contra vosotros mismos. No os quedéis en un simple "Soy así", pues no es más que una falacia, una redundancia sobre la personalidad. Esforzaros en ser mejores, en ser capaces de recibir y de dar más. No os quedéis donde os dijeron que estaba la meta, continuad hasta arrollar con todos los límites. Veo personas que ya son únicas y ni si quiera han empezado con su vida consciente. Veo personas que quizá tengan miedo a despertar todos sus monstruos interiores.

viernes, 30 de marzo de 2012

Mi dolor

          Me siento completamente desagarrado por todo aquello que me rodea. Cada vez me cuesta más sentirme a gusto en una situación normal y noto cómo necesito crear algo diferente e inesperado para estar conforme. Noto al monstruo golpeando en las paredes de mi interior, ansioso por salir y quitar de en medio a aquellos que tan nervioso le ponen. El monstruo sigue haciéndose más fuerte y yo no soy capaz de hacer nada para evitarlo, ya que en mi propio goce está la creación de este.

          Cada vez se me hace más difícil acercarme al otro. En distintas ocasiones me hallo frente al abismo que me separa de mis compañeros, y en ese momento soy consciente de que mar de situaciones nos separan: padres, colegio, amigos, parejas, familia, enfermedades, oportunidades... En un mundo donde la gente destaca por sus diferencias, ¿hay espacio para la conexión humana?

          Sufro constantemente la diferencia de base entre mis compañeros: ellos aprenden ahora lo que me enseñaron antaño; yo aprendo ahora cosas que para el resto parecen obvias. Me sorprendo a cada paso de mi superioridad y de mi ignorancia. Todo está demasiado lleno y a la vez demasiado vacío. Ya no es cuestión de elegir al yo o al resto, es cuestión de que el resto quizá no sepa ver lo positivo en ti. Qué importará la evolución si después son los demás quienes juzgan dicho progreso. ¿Habremos de evolucionar en función a nuestros semejantes? ¿Quienes son nuestros semejantes?

          El mar de dudas siempre fue una constante, pero éstas comienzan a tornarse puntiagudas y afiladas. El tiempo perdido, las capacidades ignoradas, vuelven de la nada para increparte el haber desperdiciado potencial en ti en vez de en agradar al resto. Y tú, ahí pasmado, te preguntas cómo diablos puedes pensar eso, cómo después de tanta seguridad tratas de echarlo todo por tierra. Todo tu individuo, toda tu evolución, echada a perder por los demás, por tu deseo y necesidad del resto.

          Es absurdo, lo sé, pero después de dieciocho años sigo sintiéndome igual que cuando era un niño. Ignorante, maleducado, insuficiente a los ojos de la gente capacitada. La inseguridad de mi juventud temprana vuelve con la potencia que la edad me ha dado. La dualidad entre plenitud y vacío me hace temblar frente a la incapacidad de encontrar respuestas.

          Así pues no puedo esperar más que seguir como hasta ahora, con más conocimientos, más inteligente, pero siempre en el mismo paradigma, siempre en el mismo punto. Quizá el determinismo sea la mejor de las posturas y nuestra evolución no sea más que una ilusión. Quizá sólo sea una cuestión de tiempo. Pero entonces, ¿qué mérito tiene?

domingo, 4 de marzo de 2012

Fingir y sentir: nuestra generación

          Tengo un mar, un torrente, una cascada de sentimientos que nunca he sabido muy bien como expresar. He sido una persona llena de impulsos, emociones y pasiones que siempre se ha preguntado cuál es la forma óptima de ser. Cuáles han de ser nuestras decisiones, cuáles han de ser nuestras posturas... No sé a quién he de querer porque todo me parece relativo. Cuando decido a quién odiar, al final siempre termino sintiendo remordimiento. Todo se me hace demasiado sentido y difícil. ¿Se puede ser malo cuando uno quiere rendir cuentas?

          Todo esto no me importaría lo más mínimo si fuese una persona como otra más. Cuando se está diluido entre las acciones de cientos de personas, tus fallos, tu forma de ser no será juzgada con tu persona como principal imputado, sino que los fallos de tu voluntad serán repartidos entre toda la gente que actúe como tú. Sin embargo, todo lo que atañe a mis posturas, a mis deseos, a mi voluntad está intrínsecamente relacionado conmigo y mis influencias. No podré culpar a nadie más que a mi cuando las cosas vayan mal, en contra del resto de gente que busca continuamente en quién descargar sus males.

          Siempre he tenido la sensación de que debo demostrar algo. Tengo la necesidad de demostrar que todas mis posturas son compatibles con una vida digna y plena. Quiero ver como la vida sigue su camino y yo sigo con ella, quizás desde lejos, expectante y cínico, pero siempre vivo y con fuerzas. Sin duda alguna quiero que la gente me juzgue con el tiempo.

          Cuando quieres a las personas nunca se sabe como actuar. Quieres que tus posturas impresionen, te hagan interesante, con cierto morbo, incluso despiadado. Por otro lado tienes que parecer una persona bondadosa, dulce y amable. Es realmente difícil gustar a la gente hoy en día. Hay tantas ramificaciones de la personalidad, hay tantas formas distintas de enfrentarse a la realidad que, cuanto más se diferencie uno, el número de individuos con los cuales te puedas relacionar se reduce exponencialmente. Antaño no había posibilidad de gente que conociese tantas cosas diferentes, y por lo tanto, el denominador común era mucho más general.

          Muchos tomamos la resolución de fingir para tratar de vivir en paz. Es la forma más fácil de agradar al resto, de evolucionar, de ser todo lo que se quiere y quieren de ti. Con un poco de esfuerzo y táctica se puede conseguir casi cualquier cosa dentro de este campo. Pero de nuevo nos encontramos frente a la tesitura de una realidad controlada y fría, aburrida. ¿Hasta que punto a una persona tan llena de vida y sentimientos le puede llenar una realidad fingida? Sé que muchos de vosotros también sois así, no estoy hablando para nada sólo de mi.

          ¿Cómo hemos llegado al punto en el que fingir se vuelve la postura adecuada? ¿Hasta qué punto nos hemos convencido para mantener unas posturas y actitudes? Pienso continuamente en que siempre concebimos en una realidad juzgada por la gente del presente, y esto nos preocupa; craso error. Nuestros actos, nuestra realidad será juzgada por la gente de un futuro cercano, por gente que estudie nuestra época, no por nuestros padres. Es decir: nuestra vida será juzgada por gente más parecida a nosotros que a la que actualmente nos impone ciertos valores.

          Esta idea se me hace difícil de expresar: somos una generación. Nosotros creamos una realidad que después será estudiada de una manera abstracta, pero en cualquier caso, nueva. Los hippies de los '60, el punk de los '80, el estilo que empieza a destilar los '90... Todos implican realidades nuevas. Nosotros no vamos a ser, a ojos del futuro, ni hippies, ni punkis, ni rockeros... ¡Nosotros estamos creando las nuevas tribus sociales! No sé si se me entiende.

          Somos únicos e importantes, por lo menos para nosotros. Somos una generación que ha podido observar gracias a Internet recónditos de la realidad que habían sido ignorados por muchos de nuestros antepasados. Hemos vivido la sociabilidad de modo casi enfermizo en nuestras ciudades, y muchos hemos tenido la suerte de descubrir a nuestro individuo como algo increíble, potente, digno de admiración y culto. Hemos tenido la oportunidad de conocer gente completamente distinta e inesperada, al igual que gente con la que compartimos tanto que nos asusta.

          Es normal que hayamos sentido cierto miedo, cierta incomprensión hacia el medio. Se podría decir que estaba casi determinado el tomar la actitud de mentir a los demás para hacerles bien. Pero ya está bien. Hemos de crear algo único, irrepetible, algo digno de estudio y análisis. El histrionismo estará patente en ello, pero no puede ser el personaje principal. No debemos fingir para poder ser, o no habrá nada que estudiar en nosotros.

sábado, 25 de febrero de 2012

Stalker love

          Hay una parte oscura en mi, una parte de mi monstruo, de mi niño, dedicada tan sólo a la observación del género femenino. Las gráciles figuras qué forman las damas no son fáciles de ignorar. Con sus delicados movimientos y sus dulces palabras, con toda la sutileza de su ser, con la máscara que les caracteriza y les crea, son capaces de tomar el control del más grande de los hombres. Estamos subyugados a una fuerza mayor de la biología.

          Día tras día observo, incluso en silencio. Escucho, intento desenmarañar el telar de sentimientos que hay tras sus actitudes. Trato de ver que es lo que las hace tan especiales, la razón de la fuerza que me impulsa a entregarme.

          Es extraño, y más para mi persona, como un sentimiento superior nos hace desear cosas que debemos repudiar. Se hace tangible, y os doy toda la razón, de que pasamos a pensar con el miembro. Tampoco actuéis como si no deseaseis vernos en dicha tesitura. Hay que matizar, por otro lado, que sentimos cuando nuestro órgano reproductor toma el control. Deberíais saber que en ningún otro momento vamos a ser tan sentimentales ni tan receptivos como entonces. Nunca somos tan mujeres como cuando nos excitamos.

          Es una tiranía de la qué no puedo escapar. Sigo viendo, continuamente, realidades femeninas que me alteran, me enervan y me hacen perder el control. La escasez de racionalidad, la sobreabundancia y la toma de control de los sentimientos que las embargan, el amor irracional frente a posturas, si cabe, más irracionales todavía... Características de lo más comunes entre las mujeres y qué, sin ellas, nada tendría el mismo jugo.

          Es difícil, y extraño... Sigo sorprendiéndome de cuanto espero de una mujer; de cuanto deseo a la mujer que me haga sentir todo eso que espero de la vida. Y me sorprendo, de nuevo, cuanto puedo llegar a querer, a idealizar, a sobrevalorar, a dejarme encandilar por la belleza, en todos sus sentidos, de una mujer; de las mujeres en general.

          Día tras día observo, desde lejos. Es curioso como actúa la gente cuando no sabe que la miran; eso lo sabemos todos. Es muy interesante cuando una chica se ensimisma en su persona. Sus cabellos, que descansan sobre sus hombros, acompañan el movimiento de su cabeza, que busca una idea que ha perdido, o que todavía no ha encontrado, y sus ojos buscan en el mapa que crea con su mirada... La mujer es bella; pero una mujer pensando es maravillosa, es algo que me embarga, que me toma y me lleva.

          Soy bastante enamoradizo, todo hay que decirlo. Creo que ya lo comenté alguna vez. Es un tema recurrente en mi persona. Sin embargo, no puedo evitar esperar mucho de mis compañeros de cualquier tipo. Quiero encontrar una mujer que pueda llenar el espacio vacío que hay en mi persona debido a las expectativas que uno tiene en esta vida.

          Pese a mi continua necesidad de toma de control, necesito alguien a quien entregarme, alguien que me lleve a mi. Soy capaz de tomar las riendas de muchas cosas, pero quizás no de mi monstruo. Necesito esa mujer rubia, morena o castaña que me haga sufrir, que me obligue a amarla por encima de cualquier pero.

          Quizás esté volviendo a una filosofía más sencilla, más llana y simple. Pero, ¿qué diablos quieres que haga cuando te veo tan bonita, tan lista e inteligente, tan potente y solemne, que no deseo otra cosa que fundirme contigo? Y cuando el sentimiento es general, mi corazón se retuerce.

domingo, 19 de febrero de 2012

Las ideas, las personas y el amor

          Soy humano y lo sé. Igual que todos; único como todos. No hay más secreto en el individualismo que en el suicidio. Y claro está que no es lo mismo, pero de todos modos radica en él la esencia de la evasión. Si nos olvidamos de los demás o los subyugamos a nosotros, ya tenemos todas las respuestas. Por lo menos las más importantes.

          El problema es qué, como siempre, cuando algo se vuelve fácil atrae consigo al aburrimiento. El otro, nuestros compañeros, nuestros amigos, nuestra pareja... En todos ellos reside la dificultad de lo inesperado, de lo incontrolable.

          Es lo peor de nuestras vidas, la sensación de que las cosas escapan a nuestro control, de que todo gira, y continua girando, sin tener en cuenta nuestros deseos o peticiones: un sistema lleno de vida que te ignora o te cuida, que es independiente a ti y que subsiste sin tu ayuda. Algo externo a ti que te puede superar, que te puede completar. "El infierno son los demás".

          Por esa misma razón, tras haber hecho apología de la dificultad y el sufrimiento tantas veces, me veo ante la tesitura del amor hacia los demás, de la verdadera relación con el otro. Se me hace importante exprimir esta idea, pues no hay postura que tanto tenga que ver con nosotros cómo la relación que decidamos tomar con los demás. La lucha, el fragor de la batalla, la adrenalina del momento, son sensaciones de lo más apasionantes, pero quizás tan sólo sean sentimientos prematuros.

          No estamos solos, sería una falacia demostrable el afirmarlo. El solipsismo no es una postura y debemos aceptar la importancia del otro. Sin embargo nosotros decidimos nuestro grado de implicación. ¿Qué es más importante, ser único o aprovechar el potencial de los demás? A más te diferencies del resto, menos compartirás con los demás, y por ende, más distante se estará. En dicha situación, ¿cómo puedes esperar conseguir nada del resto?

          Es difícil, eso es lo único que está claro.

          De pequeño fui muy enamoradizo, y aquello vuelve ahora mostrándoseme de una manera inhóspita e inesperada. Al igual que conocía a cualquier chica y un sentimiento de calor y ternura me envolvía, ahora cuando conozco a cualquier persona siempre espero de ella que sea un compañero ideal. Es evidente que nadie lo va a ser; imaginaros pues las posteriores decepciones.

          La idealización es un cáncer para las relaciones sociales. No puedes idealizar a las personas, pues tan sólo obtendrás imágenes deformadas, no ajustables a lo cierto. No puedes idealizar ideas, valga la redundancia, puesto que esperarás cosas que no se pueden obtener. Hemos de ser jodídamente realistas, o la realidad vendrá en estampida a recordarnos donde vivimos.

          Esto, como todo, es una declaración de intenciones. Os he visto. En vuestras casas, en el parque, en el colegio, en la universidad, en el bar, en mi casa, en mi vida... No importa cuantas veces os vea por que siempre llego a la misma conclusión: sois algo externo a mi, algo que no puedo cambiar. Puesto que ya no puedo seguir esperando anteponerme, elevarme por encima de los demás, creo que lo más óptimo será miraros a los ojos, sonreír, y ver de verdad que podéis ofrecerme a cambio de lo mejor de mi.

domingo, 2 de octubre de 2011

Hablando a la mediocridad

          El nivel de la gente a la hora de razonar, discernir o discutir, es muy poco elevado. Cuando tratas de establecer con ellos algún tipo de relación intelectual, o tratas de hablar de algo diferente, extraño, nunca acaban de entender el por qué de la conversación. Como perdidos en un bosque de conceptos que no quieren entender, tratan de llevar siempre las conversaciones a su parcela, olvidando el carácter objetivo de la observación y el análisis. Todos sus problemas se verán reflejados en sus argumentos. Y cuidado con darle a entender que su juicio esta nublado por terceras causas, pues seguro que saltarán chispas.

          Esto, sin embargo, será de lo mejor que nos podremos encontrar cuando hablemos con alguien mediocre, ya que otra opción muy de moda entre ellos es negar la utilidad de dichos conocimientos, conversaciones, especulaciones y divagaciones en general. Ellos lo único que quieren es conversación insustancial, contra la cual no tengo nada. Incluso la considero necesaria para el buen desarrollo de la persona, pero lo que es irritante es que traten de convertir las conversaciones que no son así en banalidades, como para intentar demostrar que no tiene ningún sentido el saber y que lo único importante son las tonterías.

          Si quieres conseguir que presten un mínimo de atención, tendrás que maquillarlo todo con bonitos conceptos, o medias verdades, para que puedan ver un fín directo en el conocimiento, siendo siempre incapaces de encontrar la belleza y finalidad en el concepto. Tiene que ser más una narración que una explicación. Con esto se hace, evidentemente, mas difícil la transmisión de ideas.

          ¡Pero todavía tenemos un comportamiento más deplorable que todos los anteriores! En los anteriores, el sujeto, al menos, ha tratado de seguir la conversación, aunque sea siempre cayendo en los mismos errores. Por lo menos, dentro de su paradigma, se ha esforzado.

          Existe otra calaña, mucho peor que las dos anteriores, que no es otra que la gentuza "Eh, no me ralles", con todas sus variantes y formas, donde puedes añadir palabras como tio, nano o loco.

          ¿Que querrá expresar con ello tal submundo? Aceptar que no está a la altura de la conversación: no puede esforzarse en pensar. Lo único que admite es no querer saber nada de eso. La admisión de la ignorancia. La ignorancia como parte intrínseca de ellos.

          Darse cuenta de todo esto es mucho más gracioso cuando después, dices una tontería, una gilipollez, un troll, y la gente salta como verdaderos caballeros, luchando a capa y espada por la verdad, la justicia y el bien. Recalcan la estupidez de tu afirmación y lo anormal que tienes que ser para decir algo así. Sólo opinan, o juzgan, cuando lo pueden hacer contra otra persona, jamás cuando ha de nacer por ellos mismos. No son capaces de emitir opiniones pero sí juicios.

          Osea que así va el tema. La gente no quiere ser inteligente, no quieres esforzarse por un sistema mejor, por un paradigma más consciente, por una realidad que controlen más. Lo único que quieren es que otros no digan animaladas mientras ellos no hacen nada.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Hoy voy a ser

          Hoy voy a ser el Marzo animado, con energía, el imparable que sonríe con entusiasmo. Las fuertes palpitaciones de mi pecho y las ganas de saltar con el Punk-Rock están de acuerdo. Aunque normalmente no me guste el dinamismo físico, creo que hoy haré una excepción e interpretaré mi mejor papel. Tengo ganas y fuerza.

          Seguramente luzca una sonrisa agradable, pero llena de sarcasmo. Trataré de ser dulce pero con un regusto cruel; como las golosinas picantes de gelatina. Utilizaré movimientos lo más circulares posibles, para intentar no parecer tajante y agresivo. También moveré los hombros, ya que tengo que parecer incluso bondadoso. Sin embargo, no abandonaré una postura firme y segura.

          Estaré atento al máximo número de conversaciones posibles, para poder entrar en ellas cuando se me ocurra algo que pueda aportar. No lo haré como de costumbre, girándome brúscamente e introducirme como un invasor, si no más bien como un individuo relacionándose socialmente de una forma moral y equilibrada. No diré animaladas hasta pasadas las dos, y mostraré interés por cualquier punto de vista.

          Hoy voy a ser un chico bueno. Un chico muy perceptivo, empático.

          Por supuesto no nos podemos quedar en esto. Hemos de generar una distorsión en la percepción de la gente, que se pregunten sobre la naturaleza del acto. Esto implica, con todo lo anterior, tener que jugar en una delgada linea de equilibrio donde has de parecer despiadado, pero no serlo. Tienes que ser bueno y que lo acepten.

          Cuando algo empiece a salirse de su rumbo, generamos una distorsión y reducimos el nivel de fuerza; no podemos correr el riesgo de generar una mala imagen. No por lo menos antes de las dos.

          Recalco lo de sonreír, y mantener una mirada tranquila. Si los nervios se apoderan de ti puede ser la ruína. La ruina entendida como la situación en la que seguramente se encuentren el resto de individuos. No se trata de querer parecer normal, si no de autoafirmarse.

          No me preocupan para nada las situaciones, pues sé que la situación juega a favor de todos. No habrá gente tensa, sino todo lo contrario, lo cual le permite a uno expresarse con mayor claridad; no puede haber algo mejor para generar una buena impresión.

          Y con todo esto me imagino que llegaremos a las dos.

          Una vez ahí, nadie sabe.