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martes, 7 de octubre de 2014

Presente y Belleza

          El vértigo cada vez se hace más palpable en la densidad de los días, y la atmósfera cargada de la ciudad nunca ayudará. Quizá tenga el paso del tiempo la culpa de todo ésto, o quizá el cambio del espacio; no lo sé. Ni siquiera sé si algo ha cambiado o todo ha sido siempre así, y soy yo el que ahora ve el mundo con otros ojos. El cinismo que antaño sirvió de tanque contra lo extraño y difícil se vuelve ahora una masa informe que no otorga respuestas ni actitudes, pero que envuelve todo y todo es suyo. Ya no hay en mi ni valores, ni esperanza, ni nada. No hay ni Ser en los días más pesados. La sinceridad tiene un color que no recordaba fuese así, y me hace preguntarme si ése fue siempre su color, o si algo ocurrió con ella. Todo lo que parecía sustentar, crear o impulsar a resultado no ser. Y sólo queda ese cinismo: ese desprecio divertido hacia lo ajeno, esa indiferencia cansada hacia lo propio.

          Sólo parece quedar la estética, y lo trascendente no será sino una visión especial de esta última. No queda nada, o quizá nunca hubo nada, más que la belleza. Belleza, sí, pero triste, efímera, sin razones ni aspiraciones, una belleza presente y fugaz que nada dejará pues no hay nada que dejar; no hay nada dónde dejar nada, sólo existen esos pequeños destellos de fuegos artificiales que la belleza, en su sentido más amplio, crea en nosotros y nos hace sentir que éso es lo verdaderamente importante. Pero la belleza es hueca, inconsistente, pasajera, y detrás de esas luciérnagas de esperanza no hay sino de nuevo la Nada, y sobre ella nada se puede construir, creer o esperar.  

viernes, 7 de diciembre de 2012

Problemas ajenos



          Suponiendo tener una vida emocional elevada, dónde percibimos nuestro entorno conscientemente y sentimos en él, parece fácil abrumarse dado el dolor y desamparo que existe a nuestro alrededor. Siendo feliz ésto no desaparece, dada que la realidad de otros puede seguir siendo miserable, gente de tu alrededor, incluso gente importante para ti. Lo que tú consigas no servirá para cambiar éso, y en muchas ocasiones toda la ayuda que puedas prestar no será suficiente. Hay que dar lo mejor de nosotros por nosotros y para el resto. Aun así, en muchas ocasiones, no será suficiente.

          Es difícil decidir qué hacer con este dolor, este desgarro. No nos podemos permitir tratar sólo con gente perjudicada, pues éso exprimiría nuestra energía. No puedes olvidarte de las personas que tienen una situación desfavorable. Tampoco puedes permitir caer tú en un pozo. Entonces, ¿qué?

          ¿Y cuál es la respuesta cuando experimentas que dicha concepción del sufrimiento humano no es compartida por todo el mundo? ¿Qué haces cuando hay individuos que no lucharían por mejorar su entorno, por conseguir ser todos más felices? ¿Cómo actuamos cuando vemos que hay personas a las que les da igual? No les importa la situación ajena, en muchas ocasiones no son conscientes ni de la propia misma.

          Esta ignorancia del medio y de la interacción con el mismo es lo que nos hace fallar. Todos desconocemos de cuanto rodea, no somos omniscientes ni mucho menos. Nuestra responsabilidad es tratar de despejar esta incógnita para tratar de resolver el mayor número de problemas posibles, y no para ignorarlos o perpetuarlos.

          Sólo construyendo un entorno mejor, dónde la gente trate de solucionar los problemas de todos y el medio esté lo más despejado de problemas y tormentos, sólo entonces conseguiremos ser libres para interactuar y pensar, dar y recibir.

          Mientras por cuestiones externas al individuo, o lo que siempre es peor, internas a él; mientras unos pocos decidan seguir en esta especie de ignorancia y desprecio hacia lo ajeno y sus problemas; mientras no pongamos todo nuestro empeño en hacer de este mundo y de nosotros algo mejor; mientras tanto, sólo unos pocos lo conseguirán, y sobre ellos estará la responsabilidad de liberar al resto, de convertirlos en hijos de Sion, de marcarles con el estigma de Caín. Sólo en conjunto se conseguirá la máxima elevación.

sábado, 14 de julio de 2012

Nuestros detalles

          Todo lo que somos, nuestra educación, lenguaje, relaciones y sensaciones impresas en nosotros forman una realidad que subyace a la consciencia. No hablo, por tanto, de nuestra personalidad, aunque ésta también pueda ser desconocida para el individuo. Me refiero a toda la influencia que descargamos en el ambiente, y viceversa. Un libro, una idea, una frase, puede estar presente en todo aquello que tenga que ver con nosotros. Es muy difícil percibir esto, ya que son cosas que consideramos importantes para nosotros y no percibimos su verdadera presencia. Lo sorprendente es como nos sembramos en nuestro entorno, a todos los niveles.

          Nuestros padres son un claro ejemplo de ello. Nosotros sus hijos, en calidad de individuos, somos criados por ellos, en mayor o menor medida, de acuerdo a sus convicciones, creencias y manías. Por tanto cada cada decisión que él tomó, al igual que nosotros las tomamos y vivimos, están de algún modo impresas en ti, y algún día tu pasarás a ser ese transmisor.

          Cada acto tiene su importancia y siempre deja en ti algo imborrable. De hecho, no podría ser de otra manera. Son las cosas que han pasado, completamente definidas, en contra de las que pudiesen haber pasado y no han ocurrido. Todo aquello que difiere de las ideas que tenemos concebidas son lo que nos forma como personas. Lo que nos diferencia nos caracteriza como individuos. La realidad es todo lo contrario de la ideas perfectas que tenemos sobre ella. La perfección es un modelo, no lo sensible.

          El pasado está escrito y no podemos hacer nada respecto a ello. La inmutabilidad de lo ocurrido nos obliga a aceptar la realidad. El presente tan sólo es el instante donde el futuro pasa a ser pasado, y por lo tanto está definido en función de estos dos conceptos. Sólo tomando el control sobre nosotros mismos podremos escribir la historia que realmente deseamos. Hasta ciertos tipos de libertades pasan a un segundo plano, importando tan sólo nuestra capacidad para decidir en función de nuestros deseos.

          Ahora bien, entendiendo la importancia del presente en relación a todo lo que hemos querido, y sobre todo, a lo que querremos, no nos queda otra alternativa que saber valorar la importancia de todo cuanto nos rodea. Atentar contra el medio es hacerlo contra uno mismo. Cuando uno a alcanzado la felicidad consigo mismo la tarea se transforma casi en una labor social, pues necesitamos de individuos felices como nosotros para potenciarnos.

          Seremos padres, espero, en algún momento de nuestra vida, y nuestra será la responsabilidad de generar algo a partir de todo lo recibido hasta el momento. No cualquier combinación servirá para crear a alguien válido. No todas las personas son válidas en función de las ideas de uno. No nos sentiremos orgullosos de cualquier cosa. Y esa tarea no empezará ni mucho menos cuando te plantees tener hijos. Esta tarea lleva perpetuándose desde mucho antes de que nadie pensase sobre ella. ¿Cómo no iba a ser así cuando la vida está completamente ligada al fenómeno de la herencia? ¿Acaso no es el código genético su metáfora más pura? ¿No es sino la representación de su importancia?

miércoles, 11 de julio de 2012

La inteligencia

          ¿Estaría mal considerar la inteligencia como la única capacidad a valorar? ¿Acaso no es y ha sido la inteligencia lo que ha permitido vivir al individuo mejor? ¿No es la profundidad que otorga el conocimiento lo verdaderamente precioso de esta vida? ¿Qué puede valorar quien nada sabe? ¿Qué sabe la gente?

          La inteligencia, cuanto menos, está poco valorada en nuestro días, socialmente hablando, por no decir desprestigiada. Es una minoría quien se preocupa por aprender y profundizar en diversos aspectos del conocimiento. Quienes no lo hacen simplemente presumen de sus otras supuestas "capacidades". ¿Pero qué valor puede tener una capacidad si no es integrada en un todo? ¿Se puede presumir de habilidades que no estén integradas en una inteligencia? ¿Hasta donde te puede aportar una persona que no sea inteligente?

          Es muy común esta despreocupación. "Bah, ¿para qué voy a querer ser inteligente si ya tengo todo ésto?". La gente "considera" que tiene habilidades, que al no estar comprendidas y compartidas en una amalgama de conocimientos, terminan siendo nada más que parcelas aisladas donde no se puede construir nada de valor, pues estando diseminadas en la personalidad, son demasiado pequeñas en si mismas como para edificar ninguna realidad.

          Desde mi punto de vista, los primeros culpables de esta situación son los padres. Dada su preocupación de que su hijo destaque en un determinado ámbito, les importa más ésto que el hecho de que su hijo sea una persona que realmente esté entendiendo lo que hace, por qué lo hace y para qué lo hace. Todo ésto les puede suponer más que un problema, ¿cómo van a transmitirle todo ésto a su hijo? Mejor engañarlo, criarlo en un ambiente dónde los errores compartidos se obvien. Y así se perpetúa la cadena de la ignorancia.

          Aun así la responsabilidad nunca es de los padres, ya que cada individuo tiene para consigo la responsabilidad de superar a sus progenitores. Pasada cierta edad es incoherente culpar a nuestra familia de cualquiera de nuestros males, pues pasamos a ser independientes de ellos hace ya tiempo. La gente mantiene una excusa para evitarse un esfuerzo, delegan en otros responsabilidades que son suyas. Nosotros también educamos a nuestros padres pasado un tiempo, pues pertenecemos más a los nuevos tiempos que se estén viviendo. Privarles de este aliciente de la paternidad es una crueldad por nuestra parte.
       
          La ilustración fracasó en sus axiomas. Hace falta más que la oportunidad de adquirir conocimiento; hace falta un atractivo. Debemos preocuparnos de que la inteligencia sea el mayor de los dones que se puedan tener. Los seres inteligentes han de poder alzarse sobre los ignorantes, y deben hacerlo. La aceptación del ignorante por parte del inteligente, poniendo a este primero a su mismo nivel, hace que el ignorante no se preocupe por su realidad, pues considera la inteligencia como una concepción más, como algo que tiene la misma importancia que cualquier otra cosa.

          Lectores y amigos míos, eso no es así. El inteligente siempre tendrá más oportunidades de disfrutar la vida, pues podrá entenderla mejor y saber como actuar en función de sus deseos. La inteligencia es algo más que la adquisición de conocimientos, ya que éstos deben relacionarse entre si, generar estructuras e ideas propias con las que enfrentarse a la vida; de nada sirve el hombre-enciclopedia existiendo Internet. El conocimiento genera propiedades emergentes que mejoran a la persona.

          Ahora bien, la adquisición de conocimientos siempre es un primer paso, y sobre todo, imprescindible. No podemos abandonarnos en el relativismo de lo que supone la inteligencia y afirmar muy orgullosos de nosotros mismos: "Yo soy tan inteligente como cualquier otro."

          No, lo siento, el esfuerzo es imprescindible, y la inteligencia nunca ha sido regalada.

domingo, 29 de abril de 2012

La pequeña aristocracia

           Antes de comenzar me gustaría aclarar que durante todo el texto defenderé una postura dirigida a los pequeños grupos de personas o comunidades. Con ésto me refiero a un grupo de amigos, una familia, un grupo de trabajo, una finca con sus correspondientes vecinos... Desde luego la aristocracia a un nivel social es muy difícil de esclarecer, ya que siempre estará el sesgo de quien elige qué es la aristocracia. Por otro lado, en grupos pequeños, quizá no lleve más de una tarde aclarar que significa, para ese grupo, aristocracia. Una vez aclarado esto, y evidenciando que no voy a defender ningún régimen fascista, que sé cómo os gusta buscarme las cosquillas(y cómo yo lo disfruto), comienzo.

          La grandeza de espíritu parece haberse perdido a causa del materialismo imperante en nuestro días. Teniendo al alcance de nuestra mano bienes y servicios que nos facilitan la vida, y habiendo escapado de los regímenes tribales, parece haber perdido valor la postura del hombre que protege y se sacrifica por el grupo, que lucha contra las adversidades de todos aunque sea muy a su pesar. Esa voluntad de sacrificio ha sido vetada, y sustituida por un egoísmo simplón y banal, con ciertos toques de humildad enfermiza.

          El egoísmo no sería un problema en si, dado que es algo natural en el ser humano. Lo negativo es la despreocupación por la vida en comunidad. ¿Por qué abandonar esta posición alfa que tanto puede beneficiarnos a nosotros y al resto? ¿Por qué no ocupar un puesto dominante en nuestras relaciones, cuidar nuestro entorno y de las personas que queremos? La gente ha relacionado directamente las posturas poderosas con la gente despreciable. Por lo general, a la gente no le gusta sentirse cerca de alguien con más poder o autoridad, sobre un grupo o sobre uno mismo, y prefieren relacionarse con gente más ignorante de cómo funcionan las cosas o despreocupado de las personas en si mismas.

          Pero más allá de lo que pueda sentir la gente hacia estas personas, pues siempre se ha sabido que la envidia destruye las relaciones, me pregunto por qué la gente, individualmente, no desea obtener este tipo de posturas más cercanas al papel de jefe de tribu que de consumidor del McDonalds.

          ¿Será una cuestión de responsabilidad? ¿De miedo a la responsabilidad? Ostentar una figura importante, tener la obligación de cuidar del resto, conlleva tener que entender a tu gente y trabajar con ella. No siempre saldrá bien, serás tú quien tenga que cargar con las culpas. Quizá tú sólo tratabas de buscar un bien mayor, pero eso no sabrá verlo siempre todo el mundo, y se achacarán los problemas causados a tu persona, no a la situación o la casualidad. "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad", y pocos poderes habrán más grandes que la seguridad y la firmeza del carácter, y la idea de tener que ayudar al resto de la gente con ello.

          También está el problema de que es algo muy mal pagado, y no estamos hablando económicamente. Quien no tenga esa misma fuerza de voluntad que tú, y aunque lo que digas y hagas les parezca bien, siempre se criticará tu postura digna e inquebrantable. Duele mucho ver a alguien dando ideas a un grupo, dirigiendo la situación, cuando el observador es una persona que no puede dirigirse si quiera a si mismo. Así pues mucha gente no aceptará estas posturas más potentes, y siempre abogarán por personas más humildes y menos altivas. Este tipo de personas son fundamentales, pues sólo se puede mejorar a través de la crítica que nos obliga a ser mejores. Por otro lado, si la crítica se convierte en algo personal, olvidando de nuevo la necesidad de un bien mayor por el grupo, estará olvidando que sólo se perjudica a si mismo y al resto.

          Todos somos conscientes de que existen estos tipos de líderes en nuestras pequeñas comunidades. Personas con una carisma o fuerza especial que anima a todo el grupo a hacer cosas mejores y cuida de ellos. Ahora bien, no está muy claro que les parezca correcto. Se disfruta de la existencia de estos individuos, pues trabajan por la cohesión y bienestar de las personas, pero desde un punto de vista teórico, la gente no lo acepta, y le parece una injusticia, ya que no todo el mundo puede gozar de esas cualidades necesarias. ¿Por qué? Todos podemos leer, estudiar, conocer, volvernos personas más firmes, humanas y convincentes, todos podemos convertirnos en alfa. Sin embargo, esto conlleva un esfuerzo, por tanto un sacrificio, y como ya hemos dicho al principio, la capacidad de sacrificio de nuestra sociedad actual es nula.

          Hemos de abogar por estar rodeados de gente fuerte, o al menos de gente que nos aporte felicidad y cosas buenas a nuestra vida. No podemos aceptar a parásitos sociales en nuestros grupos, que se nutran de nuestras ideas y experiencias, y después no quieran trabajar en si mismos para poder enseñarte algo a ti después. Nadie es "líder" en todo momento, pero si estamos esforzándonos en mejorar, en gozar de una grandeza de espíritu, sí seremos los mejores en un determinado momento, y entonces se será ese director, ese jefe preocupado por la supervivencia del grupo y el bienestar de sus integrantes.

          Parece que esté mal considerarse alguien que puede hacerle un bien a los demás. Parece que esté mal explicarle a alguien que debería hacer si quiere sacar más provecho de su vida. A la gente le molesta alguien con esta soberbia, aun cuando sólo da consejos y no órdenes. Les preocupa más ese sentimiento infantil que el provecho que podrían sacar de analizar las posturas que se les presentan. Prefieren obrar de sentimiento, y perder oportunidades, que aceptar la superioridad del otro y aprender de ello.

martes, 13 de marzo de 2012

La necesidad

          La vida son necesidades insatisfechas. No hay nada más duro, pero tampoco nada más real. La belleza que procura el exterior nos hace anhelar realidades ajenas a nosotros; deseamos poseer todo aquello que no tenemos. Si se es inteligente, cuanto más difícil y extraño supone lo otro, más se retuerce y vira nuestro deseo. Apenas hay ningún control sobre las cosas que queremos. No sé si me explico: sólo se quiere lo que no se tiene. Conforme se tiene, se olvida; y cuanto más queda por conseguir, más amamos.

          Me dijo el camarada una vez: "Sólo podemos conocer lo que amamos". En un primer momento le discutí, y pensé que aquello nos dejaba en una postura demasiado desnuda y vulnerable. Tras la maduración de dicha idea, me doy cuenta de que no hay refutación posible: sólo entregándonos, sumergiendonos en lo que el sentimiento nos produce somos capaces de observar nuestro verdadero yo, y en particular, la esencia de lo amado.

          Para nada estoy hablando del amor entre un hombre y una mujer. Una postura que destile amor es aquella en la que nosotros nos entregamos a lo diferente en pro de satisfacer. No sorprende que en esta época donde el individuo se encuentra mutilado, las respuestas respecto al amor sean, cuanto menos, deformes. Nada hace crecer más a la persona que poder valorar y apreciar lo ajeno. Así pues, el amor es fundamento indispensable el paradigma del individualismo. No podemos esperar nada mejor de nosotros si no somos capaces de hacer nada mejor por los demás, que son el único árbitro objetivo de nuestra existencia. No hay nada malo en esforzarse para agradar a la gente que valoramos.

          Seguimos, en cambio, sin resolver nada, sin llegar a ninguna solución del problema, que no es otro que intentar vivir en paz con el resto. Porque ahí está el verdadero enigma, donde se presentan la ingente cantidad de respuestas posibles y válidas.

          Si el solipsismo fuese cierto y toda realidad fuese creada por nosotros mismos, no habría mayor dificultad: aceptaríamos nuestro individuo como medida de todas las cosas y punto. Esto supone ignorar demasiadas verdades empíricas y, por supuesto, menospreciar todo lo que nos rodea; en un momento esto pudo tener sentido, pero ahora ya no. Debemos buscar una respuesta que consiga satisfacer tanto nuestras necesidades como las del medio, que en nuestro caso son los demás. No podemos obviarnos a nosotros ni a los demás. No hay nada más importante que estas dos cosas; quizás no haya nada más. Así nace pues la importancia de una individualidad y una socibilidad sanas, sin prejuicios ni perjuicios, capaces de cambiar, de querer, de sentir. Solo andando con estas dos compañeras podremos crearnos fuertes, con vigor, capaces de superar la verdadera dificultad que supone querer; capaces también de entender el sentido que esto tiene frente a la misma soledad. Si olvidamos la importancia de alguna caeremos en una rápida y súbita decadencia.

          Cambiamos, olvidamos, destruimos y volvemos a crear; nuestra subjetividad cambia en cada instante. Por otro lado, la linealidad de nuestra vida, y en cierta medida de nuestro entorno, siguen como constantes en toda esta ecuación. Todos estos nuevos textos, estas diferentes posturas, pueden ser más brumosas, menos claras e incluso más infantiles. Sin embargo no puedo ignorar toda esta nueva información que continuamente recibo. Solo yo y tú tenemos la capacidad de conmovernos. La realidad sigue sorprendiéndome a cada momento y deberíamos preocuparnos en abrazar este sentimiento.

domingo, 4 de marzo de 2012

Fingir y sentir: nuestra generación

          Tengo un mar, un torrente, una cascada de sentimientos que nunca he sabido muy bien como expresar. He sido una persona llena de impulsos, emociones y pasiones que siempre se ha preguntado cuál es la forma óptima de ser. Cuáles han de ser nuestras decisiones, cuáles han de ser nuestras posturas... No sé a quién he de querer porque todo me parece relativo. Cuando decido a quién odiar, al final siempre termino sintiendo remordimiento. Todo se me hace demasiado sentido y difícil. ¿Se puede ser malo cuando uno quiere rendir cuentas?

          Todo esto no me importaría lo más mínimo si fuese una persona como otra más. Cuando se está diluido entre las acciones de cientos de personas, tus fallos, tu forma de ser no será juzgada con tu persona como principal imputado, sino que los fallos de tu voluntad serán repartidos entre toda la gente que actúe como tú. Sin embargo, todo lo que atañe a mis posturas, a mis deseos, a mi voluntad está intrínsecamente relacionado conmigo y mis influencias. No podré culpar a nadie más que a mi cuando las cosas vayan mal, en contra del resto de gente que busca continuamente en quién descargar sus males.

          Siempre he tenido la sensación de que debo demostrar algo. Tengo la necesidad de demostrar que todas mis posturas son compatibles con una vida digna y plena. Quiero ver como la vida sigue su camino y yo sigo con ella, quizás desde lejos, expectante y cínico, pero siempre vivo y con fuerzas. Sin duda alguna quiero que la gente me juzgue con el tiempo.

          Cuando quieres a las personas nunca se sabe como actuar. Quieres que tus posturas impresionen, te hagan interesante, con cierto morbo, incluso despiadado. Por otro lado tienes que parecer una persona bondadosa, dulce y amable. Es realmente difícil gustar a la gente hoy en día. Hay tantas ramificaciones de la personalidad, hay tantas formas distintas de enfrentarse a la realidad que, cuanto más se diferencie uno, el número de individuos con los cuales te puedas relacionar se reduce exponencialmente. Antaño no había posibilidad de gente que conociese tantas cosas diferentes, y por lo tanto, el denominador común era mucho más general.

          Muchos tomamos la resolución de fingir para tratar de vivir en paz. Es la forma más fácil de agradar al resto, de evolucionar, de ser todo lo que se quiere y quieren de ti. Con un poco de esfuerzo y táctica se puede conseguir casi cualquier cosa dentro de este campo. Pero de nuevo nos encontramos frente a la tesitura de una realidad controlada y fría, aburrida. ¿Hasta que punto a una persona tan llena de vida y sentimientos le puede llenar una realidad fingida? Sé que muchos de vosotros también sois así, no estoy hablando para nada sólo de mi.

          ¿Cómo hemos llegado al punto en el que fingir se vuelve la postura adecuada? ¿Hasta qué punto nos hemos convencido para mantener unas posturas y actitudes? Pienso continuamente en que siempre concebimos en una realidad juzgada por la gente del presente, y esto nos preocupa; craso error. Nuestros actos, nuestra realidad será juzgada por la gente de un futuro cercano, por gente que estudie nuestra época, no por nuestros padres. Es decir: nuestra vida será juzgada por gente más parecida a nosotros que a la que actualmente nos impone ciertos valores.

          Esta idea se me hace difícil de expresar: somos una generación. Nosotros creamos una realidad que después será estudiada de una manera abstracta, pero en cualquier caso, nueva. Los hippies de los '60, el punk de los '80, el estilo que empieza a destilar los '90... Todos implican realidades nuevas. Nosotros no vamos a ser, a ojos del futuro, ni hippies, ni punkis, ni rockeros... ¡Nosotros estamos creando las nuevas tribus sociales! No sé si se me entiende.

          Somos únicos e importantes, por lo menos para nosotros. Somos una generación que ha podido observar gracias a Internet recónditos de la realidad que habían sido ignorados por muchos de nuestros antepasados. Hemos vivido la sociabilidad de modo casi enfermizo en nuestras ciudades, y muchos hemos tenido la suerte de descubrir a nuestro individuo como algo increíble, potente, digno de admiración y culto. Hemos tenido la oportunidad de conocer gente completamente distinta e inesperada, al igual que gente con la que compartimos tanto que nos asusta.

          Es normal que hayamos sentido cierto miedo, cierta incomprensión hacia el medio. Se podría decir que estaba casi determinado el tomar la actitud de mentir a los demás para hacerles bien. Pero ya está bien. Hemos de crear algo único, irrepetible, algo digno de estudio y análisis. El histrionismo estará patente en ello, pero no puede ser el personaje principal. No debemos fingir para poder ser, o no habrá nada que estudiar en nosotros.

lunes, 27 de febrero de 2012

The Wall

          Es interesante el mar de fuerzas, de emociones y de pasiones que sentimos en nuestro interior. Implacables energías que nos impulsan en una dirección, convenciéndonos de que algo es beneficioso para nosotros; quizás todo lo contrario. Es curioso como decidimos que voces somos nosotros y cuales no; el sistema que utilizamos para quedarnos con lo que consideramos el yo.

          Es un importe dilema en torno a la sociabilidad. Tenemos cantidad de razones tanto para aislarnos como para entregarnos a los demás. Nuestro interior, nuestra psique, nos grita desde lo más profundo palabras, ideas que no llegamos a entender, contradictorias entre si. En un pasado todo pudo ser brillante y claro, ahora las ciénagas y las dudas toman el control.

          ¿Qué somos nosotros, realmente? ¿Cuáles son las decisiones que tomaría yo? ¿Quién soy yo? Siento el instinto anidador de Ikea en mis ideas, con mi vida. Tengo que encontrar las decisiones que me definan como persona, que creen la imagen que espero de mi.

          Podemos haber trabajado mucho en nosotros mismos. Podemos haber forjado una realidad dura y consistente, realizada en si misma y contenta de su propia existencia. Puede que incluso la gente nos apoye y nos anime a seguir con ello. Pero cuando algo cambie, cuando las fuerzas viren de sentido y desees tomar el camino contrario, ¿de qué sirve entonces toda la energía empleada? Somos todo menos algo puro. Cuanto más creemos posturas absolutas, más nos tendremos que esforzar en el futuro de cómo resolverlas.

          El resto y el entorno siempre juegan un papel determinante en el desarrollo de nuestros impulsos. Las ideas que surjan en nuestra cabeza tendrán que ver con la realidad y el proceso cognitivo de procesarla. Parece increíble como las ideas nacen en nuestra cabeza a partir de un desencadenante externo; es algo que he hablado muchas veces con mi padre: ¿cómo aparecen las ideas en nuestra cabeza? Es como escribir. Tú no eres consciente de las ideas que surgirán, pero tienes un bagaje intelectual y de experiencias con las que tu cerebro formará respuestas frente a una realidad dada. No ponemos las ideas en nuestra cabeza, estas emergen tras la filtración de la realidad. Por eso mismo, si queremos que nuestras ideas sean lo más correctas posibles, hemos de preocuparnos de no estar recibiendo simplemente una porción de la realidad, un submundo que nos haga tomar decisiones ignorando todo lo demás que nos rodea.

          El muro, o la creación de él, es muy interesante a la hora de analizar nuestra comunicación. Todos hemos sufrido la soledad en algún momento. Todos nos hemos sentido extraños respecto al resto y hemos sentido la necesidad de distanciarnos de todo, dado que la realidad que obtenemos tan sólo nos daña. Y entonces, en medio de toda esta confusión, desasosiego, ira, miedo y tristeza, creamos nuestro duro e infranqueable muro.

          Un muro de sentimientos, de rechazo, de ideas y de posturas que nos separa del resto. Este muro es más fuerte en determinadas zonas según la persona. Hay quien teme al sexo, al amor, a la amistad, al odio, a la soledad... Y a razón de ello generan una armadura tan irreductible que en ocasiones se olvida dejar una puerta para poder salir.

          Volvemos a lo mismo de siempre: no podemos necesitar cosas. Es débil el tener dependencias, pero todavía más mísero el desconocer su raíz. Continuamente hablo de la necesidad del juicio sobre uno mismo, sin perdón ni piedad. Al igual que debemos tener un intelecto sano y fuerte, nuestra sociabilidad no puede ser diferente. No podemos permitirnos andar con el muro a nuestras espaldas continuamente. En su momento pudo ser necesaria su creación, pero ya no.

          Hemos de evolucionar, no importa que. Si en un momento construir el muro fue necesario, en otro instante su demolición será la única posible vía de salvación para el individuo. "Todo individuo potente necesita de una máscara", como bien dijo Nietzsche, pero hemos de ser más fuertes que él también. Debemos conseguir mostrarnos al mundo tal y como somos, luchando contra el resto en pro de nuestro propio entendimiento, para así poder sortear el abismo de la comunicación con el otro, y poder sentir al fin que no estamos solos. Quizás tras la ardua batalla por derribar el muro consigamos sentir que alguien hay ahí fuera capaz de entendernos.

viernes, 2 de diciembre de 2011

La semilla

          Recuerdo la primera disertación fuerte que hice sobre la realidad. La primera duda que embargó todo mi ser a una tierna edad. Tendría unos diez años.

          Estaba con mi padre en la parte trasera de nuestro chalé, en el pequeño jardín con pinos, el paellero y el estanque, mientras recogíamos unas ramas o algo así. Recuerdo que pregunté algo sobre la realidad, muy inocente yo, y de como nuestro cerebro la procesa. Aunque hasta este punto el recuerdo es algo borroso, tras la respuesta de mi padre recuerdo las palabras que cruzaban por mi mente, las sensaciones que de pronto sentí al ser despojado de una credulidad que ahora no puedo entender.

          Mi padre me dijo que, pese a todo, la realidad no tiene por que ser cierta. No tenemos ningún mecanismo último para demostrar que lo que ocurre ahí fuera realmente está ocurriendo. Tendemos a decir que cuando un gran número de observadores concuerdan en que algo ha ocurrido, aceptamos que sea así. Pero sin embargo nuestro cerebro puede estar engañándonos continuamente. También en esos momentos en los que otros individuos afirman nuestra realidad.

          No me lo pude creer. Por más que le daba vueltas a dicha observación, no encontraba ningún fallo: podía ser. Entonces me puse nervioso, el pulso se me aceleró y comencé a moverme rápido, alrededor de mi padre, preguntándole que como algo tan despiadado parecía tan verosímil: debía haber alguna forma de desmentir semejante locura. Mi padre, con tranquilidad (pues realmente esta idea está más que masticada por una persona que se ha parado a pensar un poco sobre la existencia), me respondía que no por eso podíamos abandonar la creencia en la realidad, pues siempre es lo más real que tenemos, pero que aun así, el problema de la existencia tan sólo individual era algo tangible, puesto que no podemos oír como piensan los demás, que es la sensación más relacionada a estar existiendo que conocemos.

          De pronto imaginé miles de situaciones en las que tan sólo una era la persona que la estaba existiendo. Yo vivía mi existencia con otras personas, pero estas no estaban existiendo realmente conmigo, si no que podían ser fruto de mi mente. Quizás existían, de acuerdo, pero no tenían por que estar existiendo en el mismo lugar o momento que yo. Recuerdo que tras esto siempre me imaginaba, a modo de relato, que cuando nos íbamos a dormir nos descompensábamos de una forma existencial respecto a la gente, pues cuando te duermes, inmediatamente te despiertas al día siguiente: la gente que se había quedado despierta mientras tú dormías... ¿Ya había llegado al momento en el que tú estabas?

          Son ideas muy prematuras, no hace falta que lo juréis. Aun así me imagino que pueden resultar interesantes a aquellas personas que no hayan tenido la suerte de tener una influencia intelectual-filosófica cerca desde siempre. Yo he tenido la suerte de tener unos padres que, cada uno en su campo, me enseñaron a disertar sobre las cosas, a pensar y a ser crítico con todo; primero con uno mismo. Me enseñaron a ser humano y máquina; frío y cándido; razón y pasión; dignidad y locura.

          Hoy es el cumpleaños de mi padre y quería felicitarle a mi manera. Puede sonar pedante, soberbio, meloso, infantil o inconexo. No me importa, es mi manera, y sé que se entenderá.

          Quería felicitarle, realmente, no por cumplir años, la cual cosa no tiene mucho mérito a nivel estadístico. No, se merece que le feliciten por algo más que por sucumbir cada vez más a la entropía: quería felicitarle, personalmente, por el buen trabajo que ha hecho conmigo. No sé si seré lo que se imaginaba, ni si podré cumplir todas las expectativas que me exijo y se me presentan... No sé hasta que punto puedo ser un humano bien hecho. Pero lo que sí sé es como experimento mi vida, como la siento. Como día tras día me siento un poco más lleno, un poco más satisfecho. No tengo ni la más mínima idea de que clase de padre seré en el futuro, pero sin duda uno de la clase que tiene hijos felices, está muy bien.

          Felicitarle por conocer a mamá, y por ende, felicitarla también a ella. He de reconocer, ante todo, que bien diferente hubiese sido mi educación, mi evolución frente a la vida sin el personaje que continuamente crea; sin la energía, voluntad, fiereza y pasión que le pone a cada acto, a cada momento de esta ridícula existencia. Sin todo ese ímpetu, sin toda esta fuerza, sin toda la visceralidad que ella me ha transmitido, seguramente no sería más que una persona lista.

          Juntos habéis creado una persona de la que me siento orgullosa, una persona que me gusta ser. No se si será un buen regalo, pero para mi es el mejor que he recibido nunca.

lunes, 28 de noviembre de 2011

La razón de la destrucción

          No podemos saber si algo es conveniente para nosotros si no lo hemos puesto a prueba. No podemos saber hasta que punto confiamos en nosotros mismos si nos lo ponemos fácil. La gente acepta firmemente sus ideas, pero nunca ha tratado de cambiar, conscientemente, para ver si otro método, u otro tipo de decisiones, le acarrearían un bien mayor a él mismo, a la gente de su alrededor. La gente se consuela creyendo que actúa bien. Al final todos pensamos que nuestra forma de actuar es correcta. Podemos equivocarnos, por supuesto, pero la propia palabra define la aceptación del problema: es un error en tu sistema, no algo que forme parte de ti. Incluso un asesino considera que tiene sus razones, por muy excéntricas que sean.

          Hemos de comprobar continuamente si los fundamentos de nuestra vida están forjados con experiencia y seguridad, no tan sólo con intuición y educación. Hemos de atentar contra nosotros mismos para demostrarnos que somos capaces superar las diferentes situaciones que se te presentan. Hemos de probar sistemas diferentes al nuestro y comparar si hemos mejorado, o por lo menos, en que hemos mejorado. En una decisión ni todo es bueno ni todo es malo. Cada decisión, acción o situación contiene un mensaje, una enseñanza de vital importancia a la cual es necesario atender. Cada persona es un individuo, y no captamos lo mismo en situaciones iguales: por eso no podemos aceptar ideas simplemente porque nos parezcan bien. Hemos de comprobar, por placer propio de autoafirmación, que la metodología que consideramos óptima es la adecuada.

          Hay que destruir el sistema propio de cada uno para realmente forjar algo más fuerte en nosotros. Hemos de ser diferentes a como consideramos que queremos ser, pues podemos sorprendernos al comprobar que actitudes en principio negativas son algo nutriente para nuestra persona. Sin embargo, el verdadero gozo reside en comprobar que una postura que considerábamos buena, en efecto, lo es. Actuando de una forma contraria experimentar como se obtiene menos del entorno. Entonces sabremos realmente que algo está bien, o por lo menos, mejor que nada que hayamos experimentado.

          Las experiencias negativas son las que realmente permanecen en nuestra consciencia. Son las lecciones más importantes, es algo evolutivo. Debemos saber que es malo para no hacerlo. No podemos saber si algo está mal si no lo hemos hecho. Somos niños, tenemos que jugar, tenemos que aprender por nosotros mismos cuales han de ser las elecciones correctas en esta vida, a pesar de que ello suponga un sufrimiento mayor.

          No debería haber ningún problema con esto, pero el sacrificio esta desprestigiado hoy en día. Es más cómodo aceptar unas normas morales que ponerlas a prueba. Es más fácil el convenio que el conocimiento.

          Hemos de atacar nuestras ideas. Hemos de destruirlas para ver si podemos hacer algo mejor. No hay mayor problema pues si no puedes mejorar, siempre sabrás volver a hacer lo mismo. Pero esto es mucho menos divertido para una persona ávida de vida.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Sobre Nietzsche y la realidad individual

(Extraído y modificado de una conversación con Joan Palacios, compañero matemático. Primera parte aquí.)

          ¡Pero tú estas negando a Nietzsche tener su punto de vista! Y de una forma empírica, en una ciencia como lo son las Ciencias Sociales, nunca vas a poder escapar del relativismo cultural y moral, cualquier observación y análisis que hagas estará impregnado de los prejuicios de tu sociedad y los de la cual analices.

          Un paradigma es más correcto que otro en función de lo que nutra a la persona. Esto no tiene nada que ver con no ser bueno con el resto, ya que seguramente cuanto más completa, feliz y satisfecha esté una persona, más buena será con el resto.

          Si en una sociedad todo el mundo hace lo que le apetece, pero todo el mundo tiene el mismo valor, la misma voluntad de poder, unos no se dejaran esclavizar por los otros; otros no verán bien que se esclavice a nadie; y finalmente, los que deseaban esclavizar, se extinguirán. El problema es que damos por supuesto que existe gente débil a la que no se va poder sacar de su miseria; en tu paradigma se acepta que siempre va a haber un débil al que van a poder someter. Y eso no tiene por que ser así. Si todo el mundo hiciese lo máximo por elevarse a su potencia más elevada, ninguno se dejaría someter.

          Se puede alegar que el débil no puede hacer nada contra le fuerte, pero, ¿por qué suponemos que no habrá gente fuerte que proteja al débil? ¿Y por qué no una mayoría? La élite intelectual de la historia siempre se ha mostrado benigna con las clases más desfavorecidas, y ha hecho todo lo posible por cambiar esa situación.

          Cuanto más realizada esté una persona, más podrá hacer por el resto.

          Nietzsche tan sólo predica que él tiene esa forma de ver la existencia, la realidad, y que por mucho que tú trates de negársela, no puedes. Es su forma de entender la vida y, mientras no genere problemas al resto, puede pensar misa. Para mi, a nivel espistemológico, Nietzsche no dice nada; la transmutación de valores de la que él habla no tiene nada que ver con el conocimiento, con el saber, con la ciencia, como vuelvo a repetir. Nietzche tiene un valor personal, un valor al despertarte cada día y no a la hora de conocer la realidad, sino de como tratarla de una manera íntima.

          La evolución del conocimiento es algo mucho más complejo que llegar a conclusiones; también es entenderlas, interiorizarlas.

          Tampoco él considera que sea la única metafísica correcta. Nietzsche afirma que esas son sus reglas, las que más le funcionan. Le trae al fresco que pienses tú sobre la realidad, por que tan solo será lo que a ti más te convenga, aunque trates de darle otras explicaciones. Toda manifestación artística es arte debido a que no rije ningún tipo de sistema, de norma general. No se puede excluir nada del arte, y eso lo convierte en algo maravilloso. La vida no es diferente.

          ¿Qué tiene que ver la ciencia, la epistemología, con como te trates a ti respecto al resto? La filosofía tiene muchas más ramas que la búsqueda del conocimiento; de hecho esa tan solo es la epistemología. La filosofía también es una forma de metaforizar el mundo, de hacerlo mas bello, de facilitarnos el desarrollo en él. ¿Por qué si no se iba a aceptar el libre albedrío? ¿Por qué íbamos a creer si no que alguien nos quiere por algo más que su propio interés? ¿De donde nacerían los deseos y las ambiciones?

          Independientemente de que hayan más cosas en la realidad que tú mismo, es lo único que posees: tu propia existencia.

viernes, 7 de octubre de 2011

La esperanza como lastre

Continúa el transcurso de los días, y la sentencia se hace cada vez más patente: no hay ni prisa, no hay perdón. La expectación y las ansias de vivir se ocultan bajo un inquieto pecho que palpita al son de las metas que uno se plantea. Observo mis planes y sistemas, y sonrío agradecido por la suerte que tengo de poseerlos. Observo mis objetivos y anhelos, y no puedo evitar que una sonrisa macabra cubra mi rostro, un ritmo nervioso se introduzca en mi y me haga vibrar cual maniático. Y sonrío, porque nada me hace más feliz que exigirme.

Me alegra, me hace rebosar de felicidad, no necesitar ninguna esperanza, poder prescindir de ella. No tengo por qué esperar nada del momento inmediato. No tengo que preocuparme de conseguir lo que me propongo. No, por lo menos, si quiero hacer las cosas bien. Y esta vez no habrá fallos. No habrá lagunas. Como una perfecta sucesión de fichas de dominó, el plan se ejecutará y derribará el último elemento. Sólo entonces podrá haber sitio para la esperanza.

¿De donde viene la estúpida importancia de este lastre biológico? ¿Nadie se dió cuenta de que nos hace actuar por debajo de nuestras posibilidades? La esperanza nubla nuestra vista, nos introduce en una penumbra donde vemos una realidad mejorada, que nos gusta más. Pero no son más que ilusiones. La esperanza no es más que un sesgo cognitivo para evitar que el débil vea la problemática que se le viene encima. La esperanza nos hace sentarnos en el sofá, nos vuelve dóciles, decadentes. Y entiendo que sea una cuestión evolutiva, un mecanismo de supervivencia, pero esto no puede frenarnos a la hora de buscar métodos mejores.

Tan sólo liberados de todo pensamiento enaltecedor, sintiéndonos llenos tan sólo de lo que realmente somos, y no de lo que deberíamos ser, tendremos libertad para actuar con todo nuestro potencial. Si no te conoces a ti mismo, ¿cómo vas a cambiar nada?

Este vacío es vital para el desarrollo del sentimiento reproductor, del instinto creador; de nuestro genio. Si consideramos que desde el punto en el que estamos no podemos más que empeorar, la única salida que no sea pura descomposición será aquella que se preocupe de devorar todo lo que pueda para nutrir a su creador. La única salida digna será conseguir y construir todo aquello que uno se proponga, por el simple hecho de que has de subsanar todo el marchitamiento de la existencia con aquello que tú deseas.

Pero jamás podrás conseguirlo si no abandonas toda esperanza en ello. No tienes suficiente fuerza para saltar el precipicio si consideras que hay una alternativa mejor.

lunes, 3 de octubre de 2011

Sobre Nietzsche y la filosofía

(Extraído de una conversación con Joan Palacios, compañero matemático)


No entiendo la postura de afirmar que "muere la filosofía" llegados al punto en el que concebimos que nada es verdad. Ahí donde la relatividad, la subjetividad de los actos y las personas que los observan es tal, que elimina la probabilidad de encontrar algo cierto en la existencia; no lo veo.

Llegados a este punto tenemos todo lo contrario. Tenemos frente a nosotros una cantidad ingente de estímulos, de todo tipo, que nos hace darnos cuenta de la inexistencia de un punto de referencia acertado (o la existencia tan solo de puntos de referencia equivocados). Lo que nos queda es la inconmensurable, pero satisfactoria tarea, de tener que elegir qué hacer y qué desechar: pero siempre considerando que, hagas lo que hagas, no será lo correcto. ¡Ni mucho menos!

Es una tarea mucho más difícil, ardua y heterogénea (haciendo referencia a Leibniz y su optimismo) que considerar que realmente hay algo, y que en función de esa sustancia metafísica hemos de basar nuestra existencia. No. Es mucho más gratificante sentir que tú has creado el mundo que te rodea. Y con ésto me refiero a elegir la gente con la que vas, lo que estudias, tu moral, tu sistema de valores, tu forma de actuar, pensar, tratar a la gente, etc... Todo eso tendría una mayor diversidad, ya no sólo en uno mismo, sino en la sociedad, si la gente tratase más a menudo de crear su propia historia, y no subyugarse tanto a los estímulos que les rodean.

Nietzsche es todo lo contrario a descartar opciones. Se trata de quedarse con la mayor gama, independientemente de su valor de verdad, y de este modo poder experimentar al máximo todas ellas, quedándote con la que, dentro de tu infinita individualidad, te ayude más a evolucionar. Por otro lado, no se trata de imponer tu conocimiento en ningún momento, y Nietzsche reitera continuamente que cualquier punto de vista, si uno tiene razones para sostenerlo, es correcto.

Es correcto, por lo menos, para dicho individuo.

Nietzsche en ningún momento trata de decir que su postura sea la "verdadera", ni mucho menos; rehuye de términos tan mundanos. Nietzsche lo que defiende es que él, con un sistema completamente distinto del que conoció, consiguió evolucionar en los campos que él quiso evolucionar (exceptuando las mujeres, aunque también hay que recordar la profunda misoginia de Nietzsche). Con esto lo que quiere decir es que cada uno hemos de buscar nuestro propio camino, nuestra máxima individualidad, sin importar como sea ésta, pero siempre en busca de la elevación de nosotros mismos.

Nietzsche tampoco defiende su postura como algo metafísico, como una explicación que trata de dar sobre la realidad, sino como una postura que trata de revelar tu identidad, la realidad personal de cada uno. No tiene nada de Ciencia, así que no se puede mezclar con la Ciencia.

Socrates era un decadente. No puedes negar que no sabes nada. Sabes cosas. Lo qué no sabes es si esas cosas son correctas o no. Como no puedes llegar a un patrón que te permita valorar la certeza total o no de un paradigma, para mí, lo más inteligente, es quedarse con TODOS los paradigmas, y eliminar tan solo aquellos que sean perjudiciales para ti. Mientras no nos perjudique, un paradigma no tiene por que dejar de ser verdadero.

Recalco que yo hablo continuamente de la búsqueda de una realidad personal, intrínseca a uno mismo, que trata sobre como ha de actuar uno con los demás y por qué, y no de una realidad sensible que diferentes sujetos puedan interpretar por igual. Para éso ya tenemos la Física, y en general la Ciencia, pero ahora estamos filosofando.

domingo, 2 de octubre de 2011

Hablando a la mediocridad

          El nivel de la gente a la hora de razonar, discernir o discutir, es muy poco elevado. Cuando tratas de establecer con ellos algún tipo de relación intelectual, o tratas de hablar de algo diferente, extraño, nunca acaban de entender el por qué de la conversación. Como perdidos en un bosque de conceptos que no quieren entender, tratan de llevar siempre las conversaciones a su parcela, olvidando el carácter objetivo de la observación y el análisis. Todos sus problemas se verán reflejados en sus argumentos. Y cuidado con darle a entender que su juicio esta nublado por terceras causas, pues seguro que saltarán chispas.

          Esto, sin embargo, será de lo mejor que nos podremos encontrar cuando hablemos con alguien mediocre, ya que otra opción muy de moda entre ellos es negar la utilidad de dichos conocimientos, conversaciones, especulaciones y divagaciones en general. Ellos lo único que quieren es conversación insustancial, contra la cual no tengo nada. Incluso la considero necesaria para el buen desarrollo de la persona, pero lo que es irritante es que traten de convertir las conversaciones que no son así en banalidades, como para intentar demostrar que no tiene ningún sentido el saber y que lo único importante son las tonterías.

          Si quieres conseguir que presten un mínimo de atención, tendrás que maquillarlo todo con bonitos conceptos, o medias verdades, para que puedan ver un fín directo en el conocimiento, siendo siempre incapaces de encontrar la belleza y finalidad en el concepto. Tiene que ser más una narración que una explicación. Con esto se hace, evidentemente, mas difícil la transmisión de ideas.

          ¡Pero todavía tenemos un comportamiento más deplorable que todos los anteriores! En los anteriores, el sujeto, al menos, ha tratado de seguir la conversación, aunque sea siempre cayendo en los mismos errores. Por lo menos, dentro de su paradigma, se ha esforzado.

          Existe otra calaña, mucho peor que las dos anteriores, que no es otra que la gentuza "Eh, no me ralles", con todas sus variantes y formas, donde puedes añadir palabras como tio, nano o loco.

          ¿Que querrá expresar con ello tal submundo? Aceptar que no está a la altura de la conversación: no puede esforzarse en pensar. Lo único que admite es no querer saber nada de eso. La admisión de la ignorancia. La ignorancia como parte intrínseca de ellos.

          Darse cuenta de todo esto es mucho más gracioso cuando después, dices una tontería, una gilipollez, un troll, y la gente salta como verdaderos caballeros, luchando a capa y espada por la verdad, la justicia y el bien. Recalcan la estupidez de tu afirmación y lo anormal que tienes que ser para decir algo así. Sólo opinan, o juzgan, cuando lo pueden hacer contra otra persona, jamás cuando ha de nacer por ellos mismos. No son capaces de emitir opiniones pero sí juicios.

          Osea que así va el tema. La gente no quiere ser inteligente, no quieres esforzarse por un sistema mejor, por un paradigma más consciente, por una realidad que controlen más. Lo único que quieren es que otros no digan animaladas mientras ellos no hacen nada.

jueves, 22 de septiembre de 2011

El disparo en la cara de Jack

          Conforme vemos pasar nuestra vida, nuestras aspiraciones crecen a pesar de que las oportunidades se van reduciendo. "Dale el suficiente tiempo y el porcentaje de supervivencia baja a cero." Aun así nos esforzamos, en la medida de lo posible, en alcanzar dichas metas, conseguir nuestros propios logros y "aclimatarnos" a nuestro entorno. Pero... ¿es esto suficiente? En el supuesto de que estuviésemos equivocados, ¿tendrían esos méritos alguna importancia?

          En nuestra sociedad, hoy en día, deben haber muchísimas personas como Jack, mucho nihilista pasivo. Y eso no supone mayor problema a nivel general, ya que mientras sigan viviendo, mientras no les falten los medios de una sociedad moderna, no habrá ningún problema. Pero, ¿hasta que punto esa persona esta desaprovechando un potencial humano que, desde una perspectiva socialista, deberíamos poder disfrutar todos? Por no hablar de la satisfacción que a él mismo le producirá.

          Jack, en un intento de subsanar tal deficiencia, crea a su alter-ego Tyler Durden. A rasgos generales, es todo lo que él desearía ser. "Me veo como quieres verte, follo como te gustaría. Soy listo, capaz y, aun más importante, libre en todos los aspectos que tú no lo eres."

          Por desgracia, termina por perder el control, y lo curioso es como Jack se libera de él. Fue bien sencillo: si Jack era Tyler, si no Jack, no Tyler. Y se disparó en la cara.

          Este tiro no le mata, pero sí acaba con Tyler. El tiro simboliza el control que toma de si mismo en ese momento, superando todos sus miedos y aceptando qué a lo único que se tiene que enfrentarse es a su libertad. Y solo en ese instante, deja de ser necesaria su enajenación, es capaz de terminar con todo su metamundo y enfrentarse a la realidad en la que se encontraba.

          Todos, de algún modo, necesitamos ese alter-ego, esa aspiración perfecta, ese Dios que seriamos nosotros. Pero esto no puede devorarnos, como ninguna otra cosa en la vida, a la cual hemos de enfrentarnos con toda nuestra ferocidad, fuerza y decisión, aceptando que si debemos de hacer algo, debemos hacerlo. Si no se tiene la fuerza de voluntad necesaria, uno dejará de tomar sus propias decisiones, y otras fuerzas le arrastraran. En ese momento el precio a pagar por su liberación, quizás, sea demasiado alto. Por esta sencilla razón, cualquier acto, por descabellado que parezca, puede tener toda su lógica interna y utilidad, ya que puede significar la diferencia entre ser un esclavo o no.

          Es importante ser lo que deseamos, por una simple relación de igualdad entre lo felices que somos y el bien que podemos hacer a los demás. Cuanto más potencial tenga una persona, más bueno podrá ser con el resto. No necesitara crear enajenaciones tan firmes que modifiquen su propia existencia. Y en ese momento, se será libre.

          "La libertad no hace felices a los hombres, los hace simplemente hombres." - Manuel Azaña

lunes, 19 de septiembre de 2011

Sobre la Interiorización

          Deberíamos aplicar nuestros conocimientos teóricos, adquiridos a lo largo de nuestro aprendizaje, para desarrollarnos en nuestro día a día. Ya no tan sólo por el capricho de tener acceso a un mayor número de realidades, sino por la intrínseca necesidad humana de sentir que no estamos desperdiciando nuestro tiempo.

          Necesidad "humana", al menos, en el sentido idílico en el que podemos utilizar la palabra.

          No podemos, y por lo tanto no debemos, limitarnos a un título académico, sea el que sea. Un conocimiento no tiene ninguna utilidad si no se sabe aplicar, si no se es capaz de entenderlo. Ya no necesitamos entes que conozcan muchos datos, ni si quiera muchas cosas, ya que el boom informativo de Internet, del cual no haré incapié por ahora, ha dejado a nuestra disposición una cantidad ingente de contenidos.

          Lo que se necesitan son Sistemas. Sistemas de pensamiento. Estructuras por donde tu mente divague hasta ser capaz de encontrar una solución, sin importar del índole qué sea.

          E ahí la importancia de la interiorización de nuestras ideas, de nuestros conocimientos, de nuestros patrones. Ya no por el simple hecho, pero ya no tan humilde, de que queramos ser buenos profesionales en nuestro campo, sino porque no puede haber mejor capacidad que la de poder vivir más nuestra vida.

          Y de nada más que eso versa la importancia de que sepamos qué estamos haciendo y por qué lo estamos haciendo. Cual es nuestra hipótesis, el por qué de ella y a donde queremos llegar. Porque sin un método, sin un Sistema, no podemos ser capaces de potenciarnos a nosotros mismos, y por ende, no podremos aprovechar, como deberíamos, nuestra vida.

          Poder tratar la existencia como un problema qué hay que resolver de forma óptima, pues no sirve tan sólo resolverlo, y aplicar en ello todo lo que sabemos, conocemos y hemos vivido, nos dá la increible capacidad de optar a más posibilidades, poder cursar diversos y diferentes caminos; en resumen, la capacidad de ser más nosotros.